Chema Sarmiento: "Nunca me he ido de aquí; el vínculo con mi pueblo es total"

El cineasta de Albares de la Ribera, Chema Sarmiento se convierte este jueves en el protagonista de la nueva cita del ciclo ‘Café diálogo’ de El Cafetín

02/09/2026
 Actualizado a 02/09/2026
El cineasta berciano de Albares de la Ribera, Chema Sarmiento, recala este jueves en El Cafetín de León. | SANTIAGO ASENJO
El cineasta berciano de Albares de la Ribera, Chema Sarmiento, recala este jueves en El Cafetín de León. | SANTIAGO ASENJO

Vive en París, pero a su tierra natal no es que vuelva, pues nunca se ha ido del todo. «Nunca he dejado de estar aquí», contrapone al otro lado del teléfono, desde su pueblo, el berciano Albares de la Ribera: «El vínculo con mi pueblo y con España en general es total, pero por cuestiones diferentes mi vida profesional la he desarrollado más bien en Francia».

Mientras que su actividad televisiva ha tenido como escenario el país vecino, lo que Chema Sarmiento ha «conseguido hacer para cine» lo ha «hecho en España». Su traslado al territorio francés lo define como «una necesidad» y no tanto como la consecuencia de ese gesto a veces tan identitario nuestro de no valorar lo que tenemos en casa. «Esa elección me ha permitido vivir de mi trabajo», continúa: «No he ejercido ninguna otra profesión y no hubiera podido hacerlo». 

Considera el director, guionista y productor que «no hubiera podido vivir de eso en España». Y es que en su periplo cinematográfico por entre estas fronteras frecuentó muy poco el ambiente en Madrid. «Lo frecuenté un poco al principio, antes de hacer películas como director, cuando trabajé allí como ayudante o como montador», dice y lo que sigue es una mirada hacia el pasado.

Sarmiento estudió en bachillerato en León y –revela– «por aquel entonces iba encaminado más bien a ser fraile». Después pasó por Filosofía y por Teología hasta que aterrizó en Historia del Arte, en Valladolid, y se dio cuenta de que nada, hasta el momento, «estaba hecho» para él. «Una chica con la que salía me dijo que con lo que me gustaba contar historias, debería hacer cine», rememora y el relato bien podría justificar la trama de una película: «Aquello que era medio en broma fue calando y me dije que sí, que era una opción que se me ofrecía».

Así que se fue a Francia a cursas los estudios oportunos y volvió –esta vez sí– a España; a trabajar en películas de las que no tiene un buen recuerdo. De otras, ya suyas, como ‘Los Montes’, lo que sí tiene es alguna anécdota. «Fue mi película de fin de estudios en el Idhel (Instituto de Estudios Superiores de Cinematografía de Francia) y, cuando fui a presentar el proyecto a la escuela, el director se negó rotundamente a que la hiciera», relata, quizá gajes del oficio, con todo lujo de detalles. 

Pedro Trapiello, Antonio Pereira, Magín Mayo, José María Merino y Luis Mateo Díez en una imagen de ‘El filandón’.ALBOS FILMS
Pedro Trapiello, Antonio Pereira, Magín Mayo, José María Merino y Luis Mateo Díez en una imagen de ‘El filandón’. |  ALBOS FILMS

Fue en la reunión definitiva, habiendo ignorado el berciano la actitud de rechazo del director durante la realización del filme, cuando la escena se tornó una secuencia de suspense. «Clausuró la reunión y eso equivalía a decir que yo no podía hacer el proyecto, así que mientras todo el mundo se marchó, yo me quedé sentado en su despacho y, al cabo de un rato, la secretaria llegó angustiada para decirme que tenía que marcharme, que el director tenía que volver a trabajar», continúa: «Yo le dije que, para mí, la reunión no se había acabado y se causó un revuelo increíble en la escuela, pero, al cabo de varias horas, acabó cediendo el director y me permitió venir a España a rodar la película». 

Al tiempo, llegó el giro de los acontecimientos. «Se sintió más que contento de haberme dejado porque, cuando después la película tuvo muchos premios, él era el que iba a recibirlos», ríe el cineasta: «Yo entonces estaba en España y él iba tan contento a recibir el premio a la película por la que había hecho todo lo posible para que no se hiciera».

Ambientada en un pequeño pueblo del Bierzo, la cinta ‘Los Montes’ constituyó el comienzo de una carrera que a los pocos años –en 1983– siguió con la que posiblemente sea la película más conocida de entre las de Chema Sarmiento: ‘El filandón’. En ella, unos jóvenes Luis Mateo Díez, Pedro Trapiello, Antonio Pereira, José María Merino y Julio Llamazares desentrañan sus relatos a través de la pantalla. En ella, además, el cineasta contó con la «ayuda inestimable» de Benigno Castro, pues la prensa cumplió un papel decisivo para que Sarmiento pudiera acceder a las instituciones. 

Tiene mucho que contar sobre esta pieza, que ya forma parte de la historia cultural de la provincia, y de ella hablará largo y tendido en el encuentro que este jueves, a las 17:00 horas en El Cafetín, tienen programado la Fundación Jesús Pereda de CCOO y La Nueva Crónica en una nueva cita de ‘Café diálogo’. «Yo no me he preparado nada porque supongo que no necesitan preparación las cosas de las que vamos a hablar», revela divertido: «Quizá, puesto que es un diálogo, lo que sí debería plantearme es qué voy a preguntarles yo a los que estén allí escuchándome, ¿no?».

No todo serán anécdotas. Otras cuestiones saldrán también a relucir en la prevista conversación. Cuestiones como, por ejemplo, los cambios a los que se ha visto sometido el panorama audiovisual desde que Sarmiento asomó la cabeza por primera vez. Él explica que la respuesta depende del sentido de la pregunta; que, como realizador, las nuevas tecnologías han supuesto «nuevas posibilidades». «En ese sentido, me he ido adaptando y además con cierta avidez a lo que va viniendo», explica: «Ahora estoy haciendo un corto de cinco minutos por inteligencia artificial y prácticamente lo hago toto yo, pero la IA me ayuda... No hay que creer que es ella la que trabaja». 

Otro gallo es el que canta cuando se viste de productor. «Desde ese punto de vista, todo ha cambiado y, en lo que a mí afecta, ha cambiado para dificultarme las cosas», confiesa: «Cuando hicimos ‘Los Montes’, lo hicimos un grupo de amigos de la escuela con el material de la escuela». Dice que «fue muy trabajaso, pero no imposible». El segundo adjetivo es el que le viene a la cabeza cuando piensa en el proyecto en el que lleva trabajando durante los últimos años, ‘Divino tesoro’. «Llevo luchando por ese proyecte desde que me dieron la Espiga de Honor en la Seminci hace unos años», asegura: «He tenido que batallar como nunca y, a pesar de haber batallado durante todos estos años y echando todas las horas del día y de la noche para sacarlo adelante, todavía no lo he conseguido, pero no me he rendido». 

No suena demasiado taciturno y es quizá por su costumbre de navegar el mar bravo de la cultura sin demasiada tripulación. Chema Sarmiento es un cineasta español sin demasiado vínculo con la escena española, pero sí con España. Es un cineasta que lucha por hacer cine porque no habría podido hacer otra cosa. Lucha ahora por ‘Divino tesoro’, igual que luchó al principio por ‘Los Montes’; una cinta que «sigue teniendo audiencia» y que el 29 de septiembre será proyectada en el Festival de Oporto. Una cinta que demuestra, además, que en el mundillo del cine, los únicos focos en los que merece la pene centrarse realmente son los del set de rodaje.

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