Charo Acera regresa a León a través de los galardones de los Premios Concha Casado

La escultora, jubilada recientemente de la docencia, crea las cuatro piezas que se entregarán este miércoles y reivindica una vida artística que no entiende de retiradas

15/06/2026
 Actualizado a 15/06/2026
https://youtu.be/EEewSoFniaU

Charo Acera habla de la jubilación como quien habla de un cambio de taller, no como una persona retirada. “Los artistas nunca nos paramos”. Hace un año que dejó oficialmente la enseñanza, pero su casa, en el entorno de Gijón, sigue modelando piezas, escribiendo y dando forma a una obra que nunca ha entendido como un pasatiempo, sino como una manera de estar en el mundo.

Extremeña de nacimiento, de Plasencia, Charo Acera llegó a León por la enseñanza y aquí echó raíces familiares, profesionales y artísticas. Durante 31 años fue profesora de Volumen en la Escuela de Arte de León, donde impartió clase en Bachillerato y en especialidades como Textiles y Vidrieras. La ciudad forma parte de su biografía, aunque en los últimos años de su carrera pidió traslado a Sevilla. Lo hizo con una intención muy concreta: no quería jubilarse sin probar lo que significaba enseñar escultura “en toda regla”, dentro de una escuela con especialidad específica. En León no existía esa posibilidad; en Sevilla, donde ella misma se había formado, sí.

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La escultora crea las cuatro piezas que se entregarán este miércoles en los Premios Concha Casado | LAURA PASTORIZA

Ese regreso al sur fue, en cierto modo, una vuelta a casa. Allí había estudiado y allí pudo cerrar su etapa docente en contacto directo con la escultura como disciplina central. Pero después llegó otro traslado, esta vez vital: Asturias. Su hija vive en Gijón y la artista se instaló cerca, en el campo, en un lugar donde dice que la tarde y la noche dan tiempo para dibujar, escribir y pensar, ya que no tiene televisión.

Porque Charo Acera se define, ante todo, como escultora figurativa. “Siempre he tenido la necesidad de contar algo con la escultura”, explica. Para ella, la abstracción deja que sea el espectador quien complete el sentido; el figurativo, en cambio, le permite narrar desde la pieza. Esa narración ha estado muy vinculada durante años a la mujer, a su dignidad, a su trabajo y a las dificultades que todavía arrastran las creadoras para ser reconocidas.

“Llevo tantos años peleando por la dignidad de la mujer, por el trabajo de la mujer y por el arte de la mujer, que te das cuenta de que hay cosas que todavía no cambian”

La escultora recuerda una época en la que, por ser mujer, no podía firmar determinadas obras y tenía que hacerlo el maestro. Esa experiencia dejó una huella profunda en su manera de entender el oficio. Acera no se reconoce en la pelea directa, pero sí en una forma de resistencia más íntima y más persistente: “hablar” con sus piezas, con sus poesías, con sus pinturas. Después de décadas en el aula, reconoce cierto cansancio ante lo que no cambia, pero no renuncia a señalarlo. En la historia, dice, ha habido poquísimas escultoras visibles; en León, añade, hay muchas mujeres escultoras y casi nadie las conoce.

 

Premios Concha Casado

Ahora su nombre vuelve a estar unido a León a través de los galardones de los Premios Concha Casado. El encargo le llegó de la mano de Jorge, exdirector de la Escuela de Arte, vinculado al Instituto de Estudios Patrimoniales Concha Casado. Acera ya había realizado en su día un retrato de Doña Concha y conocía su figura: una mujer presente en la vida cultural leonesa, combativa, particular, muy reconocible para quienes vivieron la ciudad durante décadas.

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El resultado es una pieza cargada de referencias al patrimonio leonés y a la propia Concha Casado | LAURA PASTORIZA

La propuesta inicial fue tomando forma como una pieza pequeña, algo poco habitual para la artista, acostumbrada a formatos mayores. Pensó en un medallón, inspirada por la capacidad de la medalla para comunicar en poco espacio. Le interesaba esa doble lectura, esa posibilidad de concentrar símbolos y memoria. A partir de ahí comenzó un proceso de modelado en diálogo con quien le hacía el encargo. Primero aparecieron unas ideas, luego otras: las manos, las telas, las máscaras, los pendones, las campanas. El resultado es una pieza cargada de referencias al patrimonio leonés y a la propia Concha Casado.

“Es muy emocionante que, después de irte a vivir a Gijón, alguien vuelva a llamarte y te diga: quiero que hagas una cosa para León”

Quizá por eso le emocionó especialmente este encargo. Después de marcharse a Gijón, de tomar distancia física con León y de iniciar una nueva etapa, Jorge volvió a llamarla para hacer algo vinculado con la ciudad donde tantos años vivió, y esa llamada tuvo algo de regreso. No al aula, que no echa especialmente de menos, sino a una ciudad en la que vivió más de tres décadas y a una memoria que sigue formando parte de su trayectoria. Charo Acera estará presente este miércoles en la entrega de los cuatro galardones, una cita en la que sus piezas pasarán de sus manos a las de los premiados.

 

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