Una de las noticias culturales de la semana fue, sin duda, la concesión del Premio Leteo de Literatura al cantautor Joan Manuel Serrat, por sus letras, por haber divulgado y popularizado a Machado, Lorca y tantos otros grandes de las letras...
Habrá felicidad por el premio en muchas casa, no le faltan fieles al autor de Mediterráneo, pero hay un lugar donde se celebró con seguridad, y que puede extrañar si no se conoce, pues el premiado lleva años presidiendo la estancia principal del mismo: Es Casa Maxi, en Vegarienza, uno de los templos de la gastronomía leonesa, abierto desde 1880 hasta hace tan solo un par de años cuando cerró sus históricas puertas después de un accidente doméstico "en el gallinero" de Maxi.
Este gran clásico, donde se podía degustar comida casera de verdad y esa joya de la gastronomía omañesa que es el llosco, era a su vez una especie de museo con viejas estanterías, una báscula belga para pesar el embutido que también tenía más de un siglo de oficio, las gallinas de música de fondo, un viejo Land Rover para moverse por la comarca, Selima y Ana a los fogones y moviendo sobre la chapa de la cocina enormes cazuelas... y allí llegó un día Joan Manuel Serrat con una gente de la Universidad de León. «Claro que le conocíamos, estamos en el mundo», decía Maxi, pero el que no conocía o, al menos, "decía no haber visto nada igual, no dejaba de mirar para las grandes vigas de madera", era Serrat.
"Vino con una gente de la Universidad y parece que le gustó el llosco, comió como un general"
Y le gustó, sobre todo, la comida. "No dejó ni una raspa y llevó fiambreras para una semana, dejando claro a sus compañeros que ‘esto es solo para mí".
Y desde aquella visita, aquella inolvidable comida para Serrat, la escalera que une la taberna con el piso superior luce una gran foto, casi de tamaño natural, de Joan Manuel Serrat, que provocaba que todos los clientes le preguntaran por ella y Maxi tuviera que repetir la historia de aquella comida y repetir aquello de "no dejó ni una raspa en el plato, casi no hizo falta lavarlo pues lo dejó limpio como una patena".
Fueron muchos los ilustres que pasaron por aquella casa de comidas, pero solo uno se quedó a vivir en sus paredes: Joan Manuel Serrat.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.