Ahora llega un drama más íntimo personificado en la figura de María Altmann, una judía que huyó de Viena durante la Segunda Guerra Mundial y que regresa sesenta años después para reclamar las propiedades, en especial obras de arte, que los nazis confiscaron a su familia. La batalla legal con el gobierno austriaco se dirime principalmente en torno al célebre cuadro ‘Retrato de Adele Bloch-Bauer I’ que Klimt pintó a una tía de la protagonista, quien contará con la ayuda de un joven abogado, a la par nieto del célebre músico dodecafónico Arnold Schönberg, cuya intuición le lleva a buscar los resquicios legales para ganar un proceso que en principio tenía perdido.
El manejo de los dos tiempos narrativos por parte del director Simon Curtis no contribuye precisamente al interés de una historia que no aporta puntos novedosos respecto a otras que hemos visto sobre el holocausto judío. Helen Mirren tira de oficio para resolver sin estridencias su contradictorio personaje.