La 'Carta de la mierda', uno de los documentos más peculiares del Archivo Histórico Provincial de León

"Esta mierda se la envío a don Lino Fernández, que vive en Madrid", comienza la misiva cuyo origen explica la directora del centro, Eva Merino

10/10/2026
 Actualizado a 10/10/2026
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Es el Archivo Histórico Provincial más grande de toda la geografía nacional. El hecho lo atribuye su directora, la asturiana Eva Merino, al carácter «combativo» de los leoneses, que, desde su creación en los años sesenta, han ido rellenando los huecos de una estantería que ya cuenta con 42 kilómetros de longitud; una distancia similar a la que, en línea recta, separa la capital provincial de Astorga o Villamanín. En lugar de paisajes, esta extensión la colman tal multitud de documentos que Merino, antes de recurrir a cifras, prefiere resumirla en una frase. «Aquí hay de todo», asegura.

«Es un cajón de sastre», apostilla: «Te encuentras desde protocolos notariales de más de cien años hasta todo lo que te puedas imaginar». Y es que –aclara la responsable–, cuando los citados protolos cumplen el centenario, los notarios archiveros tienen que llevarlo al Archivo. Los guarecidos en el de León se remotan en algunos casos al siglo XV. «Desde el año 1969 se recoge toda la documentación que genera la Administración General del Estado», continúa: «Cosas de industria, comercio, turismo... Los carnés de conducir y las matriculaciones de los vehículos están aquí». 

Los proyectiles extraídos de un cuerpo guardados en el sobre que está cosido al expediente.FERNANDO OTERO
Los proyectiles extraídos de un cuerpo guardados en el sobre que está cosido al expediente. |  FERNANDO OTERO

También registros catastrales que acaparan buena parte de las más de 50.000 consultas que se realizan cada año. «E instalaciones eléctricas y cédulas de habitabilidad de casa, que ahora nos piden muchas por eso de hacer pisos turísticos», añade la directora: «El Archivo siempre va a remolque de lo que sucede en la sociedad».

Son sólo algunos de los silenciosos habitantes del que es el templo del patrimonio documental de la provincia; un espacio que esconde entre los recovecos de sus legajos no pocas curiosidades. Los proyectiles extraídos de un cuerpo que sufrió un intento de asesinato y que hoy yacen cosidos al expediente oportuno dan cuenta de ello. Igual lo hacen las cartas del siglo XVI que funcionaban como lomos para los protocolos notariales. O los más de 2.000 pergaminos que la docena de trabajadores del centro manipula con guantes y que a veces reflejan vetustas notaciones aquitanas, llegadas desde un pasado remoto en el que aún no existían los pentagramas.

Y la sentencia de un libro de divorcios de los años treinta que Merino se dispone a leer. «El señor Pedrosa faltó a sus deberes llevando una vida licenciosa, alternando con cupletistas del café Iris, habiendo llegado a insultar a su mujer llamándola ‘zorra’ cuando le amonestaba por ello, diciéndose además que estaba amancebado con cierta artista llamada Lila Meli», relata divertida la asturiana: «Cuenta la historia de cuando la llevaba en coche hasta Gijón y en qué hotel dormían. Está todo explicado».

Las cartas del siglo XVI utilizadas a veces como el lomo de un legajo de papeles.FERNANDO OTERO
Las cartas del siglo XVI utilizadas a veces como el lomo de un legajo de papeles. | FERNANDO OTERO

Pero además hay otros papeles que, por la historia que desvelan, parecen en el recuerdo el fruto de una ensoñación. Es lo que ocurre con la que en el Archivo conocen como ‘Carta de la mierda’. «¿Por qué la llamamos así?, se plantea Merino retórica: «Porque aquí pone: ‘Esta mierda se la envío a don Lino Fernández, que vive en Madrid’». No tarda en ofrecer una explicación de cómo aquella hazaña termina entre los estantes del Archivo Histórico Provincial: «En esta caso, hubo un ciudadano que hizo sus cosas encima de una carta que después remitió a don Lino Fernández y don Lino Fernández cogió esa carta y la presentó como prueba en un juicio». 

Leyendo un poco a contraluz, como queriendo sortear las manchas marrones que no dejan lugar a dudas, deduce Merino que el autor de la misiva «era un conspiranoico». «Ahora que se habla tanto del voto por correo, pues en este caso la disputa nace por la apertura del correo porque dice ‘a la hora de marcar abren todas las cartas, miran las firmas, las vuelven a cerrar...’», sigue recitando. Y apunta: «Esto es de 1883». Y dispara: «Quiero decir que pasan los años, que pasan los siglos, y la vida sigue igual; siguen pasando las mismas cosas». 

La directora del Archivo Histórico Provincial, Eva Merino, ante la conocida como ‘Carta de la mierda’.FERNANDO OTERO
La directora del Archivo Histórico Provincial, Eva Merino, ante la conocida como ‘Carta de la mierda’. |  FERNANDO OTERO

Ahora cobijada entre carpetas, esta ‘Carta de la mierda’ lleva en el Archivo desde el año 1972 llegando a estar expuesta durante un tiempo en una de sus vitrinas. «Hay muchas generaciones de niños que ya no son niños y lo recuerdan», asegura Merino. Y es que a qué niño –también adulto– le iba resultar indiferente este papel manchado en una suerte de original correspondencia que después terminaría haciendo las veces de prueba en un juicio. Que, precisamente por serlo, acabaría formando parte del Archivo Histórico Provincial y hasta –por qué no– de la historia menos recurrente de la provincia. 

Más de un siglo después de ser enviado, el escrito, como tantos otros de los refugiados en estos 42 kilómetros de estantería, recuerda que es verdad que el mundo ha cambiado en algunos sentidos; en otros, lo cierto es que no tanto. Recuerda también las palabras con la que, al principio, describía Eva Merino lo que se esconde en este depósito documental: «Aquí hay de todo», decía. Y tanto que lo hay.

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