Si algo tienen en común el libro de relatos, los dos poemarios y las tres novelas publicadas por la asturiana Carolina Sarmiento es su «musicalidad». Da igual el género; el ritmo de sus historias evoca una poesía que a veces adquiere la forma de prosa. Al menos, así es como lo considera la autora mientras apunta la dificultad de «analizarse a una misma». «Sobre todo busco la concreción», añade sucinta la escritora.
Su más reciente publicación, ‘Las fronteras’, da cuenta de su concisión. La brevedad en ideas como que «puede que la frustración hiera más que la pena», que «sin pasado, seremos olvido» o que «si escarbamos lo bastante hondo de nuestras ruinas siempre afloran tesoros» afloran –como los tesoros– en una suerte de aforismo. Todo en unas páginas que desentrañan distópicas el relato de un mundo condenado a ser deshabitado; en el que la naturaleza se erige fuerte como un personaje más. Quizás el protagonista.
«Mi vínculo con la naturaleza es muy fuerte por puro gusto», dice: «Si nos remontamos a nuestros orígenes, éramos animales que convivían en el medio natural, que se alimentaban de él. Había un equilibrio y, aunque lo hemos olvidado por completo, cuando regresamos al medio hay algo; hay una conexión con millones de años atrás». Es por eso que en su publicación, editada por Siruela para su colección ‘Nuevos tiempos’, la naturaleza «es casi como un animal que va recuperando su terreno».
La asturiana empezó a pergeñar los límites de ‘Las fronteras’ después de un sueño vívido, cuando al levantarse encontró en un libro de fotografía una imagen muy similar a la de su universo onírico. La «hipótesis fantástica» de que la realidad sea capaz de robarle fotogramas a los sueños la plasma en papel Sarmiento desde el inicio de una novela que también recurre a hipótesis reales: el ensayo ‘Medio planeta: la lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción’ de Edward O. Wilson plantea la «teoría de que el mundo tendría salvación si se deshabitara la mitad del planeta».

Pero no es un ensayo lo que hincha de palabras la publicación de la escritora. Por eso, un distópico ‘Tratado de desocupación’ funciona como introducción a la obra, que se desarrolla en «un pueblo deshabitado, con unas normas férreas y una autoridad que no tiene miramientos» y cuyos personajes –excepto uno: Aki– no tienen nombre. «Me parecía muy potente retirar los nombres tanto de los personajes como del pueblo, ya que es un lugar llamado a desaparecer», explica: «Solo hay un nombre del personaje que la luz de la novela, el que le da cierto humanismo al protagonista deshumanizado. Me parecía importante que hubiera un faro de luz».
El ‘tic-tac’ suena en ‘Las fronteras’ como capítulos, con una cuenta atrás del 24 al 0 –uno por cada hora del día– que va titulándolos. A la sucesión de horas que son capítulos se suman los sucesos de una historia en la que apenas hay mujeres. «Esa ausencia es totalmente meditada», asegura la escritora: «Ahora mismo hay muchas novelas escritas por mujeres sobre mujeres, mucha autoficción femenina, y a mí me ha salido escribir una historia de machos». Teniendo en su nómina de referentes a muchos escritores, Sarmiento confiesa sentirse cómoda metiéndose en la piel de personajes masculinos: «Igual que los hombres han escrito sobre mujeres y nosotras hemos leído a hombres, creo que es interesante que se dé del otro lado». La propia ausencia de mujeres en esta novela distópica que ha llegado a ser considerada un «‘western’ ecológico» ya da cuenta de la relevancia de los personajes femeninos.
Y es que fronteras de todo tipo salen a relucir –a veces entre líneas– en la publicación de la asturiana, que enumera: «Están las fronteras entre lo geográfico y lo político, entre lo animal y lo humano, entre el bien y el mal, entre la vigilia y el sueño y, sin duda, entre el amor y la amistad». No había título más oportuno para su tercera novela: «Las fronteras son lugares de mezcla, territorios muy ricos pero muy inciertos». Esa incertidumbre es la que se respira leyendo el ejemplar.
Natural de Oviedo, Carolina Sarmiento recala a las 12:30 de este sábado en La Casona de San Feliz de Torío para presentar ‘Las fronteras’ en compañía de Héctor Escobar. La escritora arrancará una jornada literaria que continuará a las 18:00 horas de la mano de Alejandro Gándara y su ibro ‘Los textos robados a la felicidad’. Aunque es la primera vez que la asturiana recala en el enclave gestionado por el responsable del sello Eolas, su relación con la provincia es estrecha: cuenta que sus abuelos eran de León y que el leonés de Vegamián Julio Llamazares le acompañó en su presentación en Madrid. «Dijo que en el paisaje y el lugar en el que se desarrolla la novela, al tratarse de una taiga, reconocía al paisaje de la montaña leonesa y al paisanaje de los pueblos deshabitados», relata la autora. Y quizá en el protagonista anónimo de ‘Las fronteras’ haya también algo del último habitante de Ainielle.