Carmen París: "Todavía queda la pátina de considerar franquistas a las músicas de raíz"

La Premio Nacional de Músicas Actuales de 2014 recala este jueves en la Casona de Puerta Castillo, donde hará sentir a los espectadores como en el salón de su casa

24/07/2025
 Actualizado a 24/07/2025
Carmen París fue una de las pioneras españolas en mezclar el folclore con músicas más modernas. | FUNDACIÓN SGAE
Carmen París fue una de las pioneras españolas en mezclar el folclore con músicas más modernas. | FUNDACIÓN SGAE

A lo que aquí llamamos una conversación de ‘minutines’, en Aragón sería de ‘minuticos’. Podría hablarse entonces de «gajes del origen» más que del oficio, aunque el de Carmen París tiene mucho que ver. Desde sus inicios, desde la publicación de su primer trabajo discográfico allá por el 2002, la tierra en la que pasó buena parte de su infancia, Zaragoza, ha impregnado su melodía. Y es que la jota aragonesa ha sido el sempiterno ingrediente principal para el cocinado ecléctico de su sonido.

Lo cuenta ella misma al otro lado del teléfono. Desde el principio, entre risas. No hay intermediario electrónico que opaque su vitalidad ni los tintes cómicos de lo que dice. «Al salir mi primer trabajo, yo iba a las tiendas de discos cuando aún se vendían discos y, en unas, estaba en ‘Músicas de raíz’, en otras estaba en ‘Jazz’, en otras en ‘Músicas del mundo’», rememora: «Me ponían cada uno en un departamento». Y es que a su jota natal son múltiples los géneros y estilos que se han ido sumando hasta fraguar canciones como ‘Jotera lo serás tú’, ‘El sur de tus labios’, ‘25 años’, ‘La copla del viudo’, ‘Zaragoza la Romana’ o ‘Savia nueva’, entre muchas otras. Desde ritmos propios del jazz hasta la música andina o la cubana, de boleros a flamenco; todos los matices son apreciables en su discografía. «Para ser universal hay que ser local», parafrasea la artista la oración atribuida a Salvador Dalí. 

"Después de la dictadura, nos convertimos en una colonia anglosajona de la música"

Ese ímpetu universal empezó a emanar de los localismos musicales de París de forma «intuitiva». «Yo no había viajado por el mundo y, al vivir en un pueblo al lado de Zaragoza, primero fueron los hijos de los militares norteamericanos que venían a mi bar, luego los refugiados de Laos que llegaron a mi pueblo y, cuando me independicé, los extranjeros de Hispanoamérica que vivían en el barrio de San Pablo», enumera: «Tuve contacto con muchas culturas en mi entorno sin viajar». Aquel intercambio cultural fue caldo de cultivo para la rotunda decisión de la aragonesa natural de Cataluña: «Hermanar la jota con un montón de músicas».

A los ojos de Carmen París, la jota trasciende las fronteras y se adapta a cada territorio variando su nombre. «En el folclore latinoamericano, se llama cueca, jarana, chacarera...», dice: «Lo que tienen en común las músicas de Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Colombia, Venezuela o México es jota, bolero, fandango y seguidilla. Filipinas es el país con más jotas después de la península ibérica, porque Portugal también tiene jota y se llama gota». No tarda en llegar el chascarrillo. «¡Fíjate tú, que yo decía en broma que la jota es la madre del cordero!», apunta: «Pues va a ser verdad que de muchos corderos es madre».

El acercamiento a esos paralelismos entre los folclores de cada país fue construyendo en la pulsión atística de París una manera de hacer que eclosiona en forma de eclecticismo, moldeando las raíces hasta convertirlas en sonidos más modernos. La práctica posiciona a esta artista entre una de las pioneras españolas en conseguir esas fusiones depuradas. Y, aunque sí una de las primeras, no ha sido la única. Ella misma menciona a Concha Buika y Silvia Pérez Cruz. Más cerca tiene León el caso de Rodrigo Cuevas. La zaragozana también alude a «grupos indie que hacían pop y han ido metiendo un poco de raíz, de tierra».

NOAH SHAYE
| NOAH SHAYE

«Después de la dictadura había un afán de conocer todo lo de fuera que no había entrado y, de repente, nos convertirmos en una colonia anglosajona de la música», reflexiona: «Todavía queda una pátina muy fuerte, que yo considero de las consecuencias y residuos de la dictadura, y es considerar a las músicas de raíz franquistas. Como se hizo tanto ensalzamiento durante el régimen del folclore  y no llegaban cosas de otros sitios, quedó como algo casposo, antiguo, y por eso hacía falta darle un viaje». Su premisa antes de publicar aquel primer disco a principios de este siglo, como cuando apenas era una adulta que recién alcanzaba su mayoría de edad y ya pisaba los escenarios como cantante, era una contundente: «Todas las músicas tradicionales se han actualizado, pues la nuestra lo mismo». 

Confiesa la artista que, desde el principio, sabía que, de algún modo, «iba a romper la pana». Su melena, llena de rastas en el terreno de la tradición, su folclore revisitado y modernizado a base de ritmos lejanos –o no tanto– hacían de la cantante y compositora toda una ‘rara avis’ sobre las tablas. «Salí reivindicando el folclore con esa palmera en la cabeza y, claro, causó sensación», ríe serena, aunque con cierta rebeldía: «Cuando hay cosas que están inamovibles, la manera de romperlas es a lo grande y no andándose con chiquitas».

Quizá su carácter efusivo, su pasión por la tierra y su mirada original ante el sonido de la misma fueran en parte razones que motivaron la concesión del Premio Nacional de Músicas Actuales a Carmen París en el año 2014. La compositora lo describe como su «mayor logro». También, como el único galardón que ha recibido que «era dinero libre de impuestos». Y vuelve a reír, pero el reconocimiento –uno de muchos– no fue baladí. «El logro fue haber conseguido que lo nuestro, que nuestra música tradicional fuera considerada actual», opina con seguridad.

"No es que esté desencantada con el panorama musical actual, es que estoy harta de reggaetón"

Fue con el tiempo que el premio cayó en manos de artistas duchos en la mezcla de folclore y contemporaneidad. En 2022, las de Silvia Pérez Cruz fueron las que sujetaron el galardón; al año siguiente, el Ministerio de Cultura reconoció con el mismo la obra de Rodrigo Cuevas. «Es un premio que no es como otros que hay en la música, que premian más a las ventas», considera París: «Es un premio de prestigio y de reconocimiento a una trayectoria». Un premio que, por otro lado, no concuerda en demasía con el número de visualizaciones de los videoclips o los ‘sold out’ de estadios monumentales o las infinitas reproducciones en las discotecas. «Gracias a Dios queda algo en lo que se valora el mérito y no sólo las tandencias», refleja: «Pero, vamos, es de lo poco que queda». 

Su desilusión con el panorama musical actual no es absoluta, pero sí presenta ciertos reparos. «No es que esté desencantada, lo que estoy es harta del reggaetón», dice: «Llevo años diciendo que voy a inventar el ‘jotatón’, pero está complicado porque la jota es un ritmo ternario y el reggaetón es binario. Algo se me ocurrirá que se asemeje para desbancar esta plaga... Esto sí que es una pandemia». Definiendo el género como «una invasión de ritmo alienante que es todo el rato igual», la artista no esconde su sorpresa. «Con la riqueza de ritmos que hay en toda América, que es que no das abasto, que se haya impuesto uno de los más machachones...», suspira: «Y ya no vamos a hablar de las letras». Aun así, no es del todo pesimista. «Esperemos que termine pronto», resuelve: «No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo soporte».

La vitalidad, la gracia y el talento de Carmen París recalan este jueves, desde las 22:00 horas, en la Casona de Puerta Castillo. En el marco del ciclo ‘Clásicas & Contemporáneas’ puesto en marcha por la Concejalía de Acción y Promoción Cultural del Ayuntamiento de León, la compositora ofrecerá «un concierto con sus parlamentos entre canción y canción». Un espectáculo íntimo que trasladará a los espectadores al salón de su casa. Un recital que repasará sus grandes éxitos al son del piano y de una voz que rezará: «Si no hay sensibilidad/ para captar el sustrato/ del lenguaje musical/ pues dedícate a escuchar/ lo que siempre te ha gustado/ para que no sufran más».

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