Es improbable que un teatro reúna a tres protagonistas de ‘Carmen’ más idóneos que los que actuarán el martes 10 de noviembre en Covent Garden (función que podrá verse en directo en Cines Van Gogh). En la piel de la cigarrera sevillana estará Ginger Costa-Jackson, que desde su debut en 2011 en el festival de Glimmerglass (Nueva York) lo ha llevado a escenarios como San Diego, Hamburgo, Seattle, Lieja, Tokio o la ENO, con Calixto Bieito. La mezzo italoamericana, nacida en Palermo en 1986, quizá deba su electricidad escénica al hecho de criarse en una familia siciliana, como sus hermanas, las también cantantes Marina y Miriam. Estudió en el MET neoyorquino gracias a una beca de estudios, y suele cantar a Musetta, Rosina o Cherubino (con ese papel se estrenó en la Royal Opera el año pasado), pero es como Carmen, heroína de la tragicomedia de Georges Bizet, como saca el máximo partido a su timbre oscuro, su control vocal y su sensualidad.
Junto a ella, estará el afroamericano Russell Thomas (1980), como ese soldado que se obsesiona e intenta dominarla (tarea obviamente imposible). Ya ha encarnado a Don José en teatros tan prestigiosos como París, donde las crónicas alabaron su riqueza, amplitud, emoción sin afectación, calidez, legato, volumen y autoridad. El tenor, que empezó en el repertorio lírico, ha ido evolucionando a ‘spinto’: ha sido Manrico en Múnich (2018), Otello en Berlín o Washington (2019), Cavaradossi en Londres (2024) o Werther en Toronto (2026), y se está adentrando en el heroico (Parsifal, Tannhäuser).
La tercera en discordia es la joven soprano guatemalteca Adriana González (1991), ganadora del Francisco Viñas en 2017 y de Operalia en 2019, y perfecta como la inocente Micaela, que ha cantado por toda Europa, de Ámsterdam a Ginebra o el Liceu (donde recientemente también ha triunfado como Liù en ‘Turandot’). A su dramatismo, eficacia, matices y convicción en el agudo añade una perfecta dicción francesa: estudió en el ‘Atelier Lyrique’ de la Ópera de París.
Por si fuera poco, al brillante elenco se suma un valor seguro: la dirección escénica de Damiano Michieletto (1975), ya aplaudida en Londres en su estreno en 2024 por su enfoque naturalista, su atención a los detalles, sus inteligentes decorados giratorios y su aire a ‘spaghetti western’. Este montaje sustituía al de Barrie Kosky de 2018, más radical, y lograba sorprender a un teatro, el de la capital inglesa, que ha presenciado el clásico de Bizet más de 500 noches.
El regista veneciano, reconocido internacionalmente por su ‘Bohème’ de Salzburgo (2012) o su ‘Cavalleria Rusticana/Pagliacci’ (premio Olivier en 2015), sitúa la acción de esta ‘Carmen’ en una comunidad cerrada y claustrofóbica, bajo el calor opresivo del Mediterráneo. Un lugar donde la violencia patriarcal es endémica y comienza desde la infancia. El vestuario corresponde a la década de los 70, a excepción de una figura silenciosa, vestida de luto, a lo Bernarda Alba, que aparece solo cuando canta Micaela. Puede interpretarse como el fantasma de la madre de Don José o bien como el propio destino, con las cartas en la mano.
El martes 10 de noviembre, en directo desde Londres, Cines Van Gogh retransmite una ‘Carmen’ que comandará desde el foso Sesto Quatrini. El italiano, que entre 2018 y 2023 ejerció de responsable artístico de la Ópera de Lituania, ha llevado a buen puerto esta partitura en el Mayo Musical Florentino (2019), en Turín (2022) o en Hamburgo (2024).
La ópera francesa más representada -y querida- adapta la novela costumbrista de Prosper Mérimée, publicada por entregas en 1845 a partir de sus impresiones de un viaje por España. El libreto de Halévy y Meilhac podría representarse como una obra de teatro -sin música- gracias a su sentido del ritmo, sus diálogos mordaces y su ironía. Pero el talento de Bizet le insufló un entusiasmo contagioso: grandes coros, bailes, números que van de lo humorístico a lo trágico, orquestación refinada, atmósfera de aire andaluz, bailes y, ante todo, un despliegue de melodías que casi cualquiera conoce al dedillo: el coro ‘Toréador’, la memorable ‘Habanera’, la ‘Seguidilla’… Por desgracia, el compositor (1838-1875) no pudo ver el estreno: murió poco antes, de una angina de pecho, con apenas 37 años.
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