Desde luego, la televisión ha señalado muchos de los caminos que ha emprendido el actor vasco y que, a su paso, le han ido extendiendo la siempre contradictoria alfombra de la popularidad. «La gente me trata con mucho cariño». Con la cámara y los telespectadores guarda un idilio insobornable que ‘shares’ y audímetros alientan. No hay mando a distancia que se le resista y así lo testimonian los numerosos proyectos que han disfrutado de su carisma y sobre los que ha depositado su particular talante. Como presentador, una faceta que domina al dedillo, abandona el traje de actor en el camerino y deja que su propia personalidad domine su trabajo. «Hay que ser auténtico cien por cien y eso es lo que traspasa la pantalla. Cuando la gente ve que tienes impostura, pierdes credibilidad y se deja de confiar en ti. Si tienes postureo y no reaccionas con naturalidad ante nada, ni te ríes, ni te sorprendes, ni te acongojas... Eres como un pan sin sal y un pan sin sal en televisión, salvo rarísimas excepciones, se va a la mierda enseguida».
El teatro le tiene atrapado. Es un medio en el que se siente especialmente agraciado, que le permite enredarse en apasionantes viajes hacia sí mismo, que le obliga a someterse al riesgo permanente, que le hace guiños continuos... La televisión y el cine son medios a los que Sobera ha confiado su pericia interpretativa, pero el teatro le confiere un rango singular que le transforma, que le sublima, que le absorbe. El teatro es, sin duda alguna, la patria donde mejor se asientan sus reales como actor. «El contacto directo con el público es la vaca sagrada del actor». Tal es su pasión que ha acabado por comprar una sala en Madrid, el Teatro Reina Victoria, a través del cual seguirá persiguiendo sus sueños. «He hipotecado mi vida y la de mi familia para los próximos veinte años para poder comprarlo. Más me vale rentabilizarlo o venderlo. Cuando llevas la afición dentro necesitas ejecutarla».
‘5 y... acción!’, la obra teatral que se representa este jueves en el Auditorio ‘Ciudad de León’ (21:00 horas; entradas a 21 euros), propicia la convivencia del Carlos Sobera actor con el Carlos Sobera productor. Su empresa Arequipa Producciones participa en la producción de un espectáculo que cuenta con la firma y la dirección de Javier Veiga, quien, además, comparte presencia en el elenco actoral junto al actor vasco, Marta Hazas, Marta Belenguer y Ana Rayo. «El día a día de la empresa lo lleva Patricia Santamarina (esposa de Sobera), lo que me ha permitido concentrarme en mi trabajo como actor. En este espectáculo he procurado distinguir claramente una faceta de otra para no mezclar churras con merinas y dejar claro que mi objetivo era actuar y, por qué no, pasármelo bien sobre el escenario».
Una inocente presentadora del tiempo de un informativo de éxito, también amante del presidente de la cadena, aspira a convertirse en actriz. Su ‘novio’ decide contratar los servicios de un mediocre realizador cinematográfico para que ella colme sus sueños o, no se sabe muy bien, para que fracase y regrese a su lado. Este es el punto de partida del argumento de ‘5... y acción’, concebido como un vodevil clásico, «de puertas que se abren y se cierran» (como lo define Sobera), en el que la trama se va enredando y enredando y desencandenando numerosos momentos que sólo buscan la complicidad y la carcajada del público. Carlos Sobera recalca que tiene un aroma que la emparenta con algunos de los clásicos del género como ‘Sé infiel y no mires con quién’, de John Chapman y Ray Cooney. «Es una obra muy exigente para los actores, sobre todo físicamente y a nivel de concentración», asegura su protagonista. «Se trata de un juego lúdico a través del cual Veiga aprovecha para hablar de las miserias humanas, que siempre está bien. La comedia un buen vehículo para hacerlo. El principal objetivo de Veiga es construir una comedia que, tanto en estructura como en planteamiento de situaciones y diálogos, sea muy hilarante, y eso lo consigue a la vista de las reacciones del público».«La comedia depende mucho de la conjunción y la coordinación actorales. Y en esta obra ha surgido esa chispa», alaba Sobera a propósito de la relación entre los intérpretes, clave para el buen desarrollo de la función. El se sabe foco de atención de la obra, «es bueno para que haya una primera aproximación al teatro», pero reconoce que no resulta suficiente para que el espectador «siga yendo». «El boca a boca es muy importante en el devenir de una obra. Puede que la presencia de Marta Hazas o la mía misma durante las primeras funciones en Madrid fuera un reclamo idóneo para que la gente acudiera, pero lo que realmente propició que siguiera asistiendo la gente fue ese boca a boca que surgió», insiste Sobera. «El público es muy soberano y tiene muchas vías para comunicarse y compartir opiniones y así saber lo que les conviene y lo que no para luego actuar en consecuencia. El público nunca ha sido tonto. No lo tenemos nada fácil para engañarlo».