"Cada día le tengo más respeto al escenario y eso es algo muy sano"

El cantautor madrileño Ismael Serrano desembarca el domingo en León con la gira de su disco ‘La llamada’, una pieza más para cuadrar el puzle de la situación social de hoy día

Diana Martínez
07/02/2015
 Actualizado a 02/09/2019
Ismael Serrano presenta este domingo en el Auditorio de León los temas del disco 'La llamada'.
Ismael Serrano presenta este domingo en el Auditorio de León los temas del disco 'La llamada'.
Hace unos días, Ismael Serrano y su equipo iniciaron la gira que les llevará por toda España y unos cuantos puntos de Iberoamérica, donde él se siente como en casa. ‘La llamada’, que está desde octubre en el mercado, ha sido número uno en ventas y se plantea como un grito comunal de hartazgo de toda esa  gente que tiene ganas de cambiar el mundo para mejor.

- Ha dicho que ésta es su gira más emocionante. ¿Todas lo son cuando se está en ellas o es que ésta tiene realmente algo más de especial?
-  Creo que es, quizás, la más impactante sobre el escenario. Por lo general, mis conciertos suelen ser muy discursivos, me gusta hablar mucho, contar historias. Quizá ahora no me apoyo tanto en la palabra, en el discurso, sino más bien en lo visual y en ese sentido, el  concierto gana. Es como más compacto, más redondo, más conceptual.  Además esa carga rítmica que tiene el disco y esa pluralidad, yo creo que me ha hecho crecer sobre el escenario.

- Este domingo llegará a León con ‘La llamada’. Dicen que habrá sorpresas. ¿Alguna pista sobre lo que ofrecerá?
- Las sorpresas van sobre todo encaminadas a la puesta en escena. Y hacemos también alguna versión poco usual, que tienen mucho que ver con las referencias con las que he crecido.

Por fin nos hemos despojado del pudor que había para definirnos sobre  la realidad política - ¿Cómo ha sido experimentar con los nuevos ritmos latinos que propone ‘La Llamada’?
- Se apreciará en el concierto, que para mí no se pueden desligar del ejercicio de composición y creación del disco. Son fases de un mismo proceso. El disco no se termina hasta que no se cantan las canciones  sobre el escenario, porque ahí alcanzan otro vuelo, otra dimensión. Incluso nos recreamos en alguna canción de este disco, dándole nuevas lecturas. A mí me gusta darles esa otra dimensión sobre el escenario que en el disco. A menudo, a uno le da por versionarse a sí mismo, porque lógicamente, no puedo cantar ‘Papá cuéntame otra vez’ de la misma manera que lo hacía hace 20 años. Sobre todo, porque me empiezo a acercar a la edad  que tenía mi padre cuando yo cantaba esa canción.  Digamos que se canta desde otra perspectiva. Y ese cambio de perspectiva  lo incorporas a tu forma de interpretar sobre el escenario, a la hora de cantar, de interiorizar las canciones.

Y  las canciones de siempre, las que sus incondicionales quieren oír, ¿estarán en este concierto?
- Sí, siempre tendrán su hueco porque forman parte de mi vida. Aún cuando uno las canta desde otra perspectiva, son una parte de mí a la que no quiero renunciar ni puedo. Son canciones en las que me sigo reconociendo y me siento orgulloso de ello, de reconocerme en esas primeras canciones, de reivindicarlas para cantarlas  en cada concierto. Algunas de ellas tienen ya 20 años.

Algún día me gustaría cantar sobre un escenario con Sabina. Es alguien a quien admiro muchísimo - ¿Esa ‘Llamada’ tan contundente, es porque veía que estábamos  demasiado dormidos?
- Era el momento de hacerla, tiene un carácter de convocatoria muy claro, en tanto en cuanto tiene casi esa vanidad, esa rotundidad y ese empeño por abrir ventanas a la esperanza. Desde la consigna de que ‘la vida fue un ensayo hasta ahora’, de que éste es el momento, participa de ese sentido de oportunidad del que vivimos todos. Oportunidad para cambiar las cosas, para hacer nuestro sueño realidad, para mirarnos a nosotros mismos, para reconocernos, para retomar un debate de las ideas  que habíamos perdido, para huir de la resignación y del inmovilismo en el que estábamos.  

- En algunas canciones, en algunos videoclips, se ha llamado a la participación de la gente. ¿Es porque éste es sin duda el momento de la gente?
- Si, era un poco potenciar ese carácter de convocatoria que tienen las canciones y llevarlo a la realidad citando a la gente para que nos ayude a hacer los videoclips, a grabar las canciones con sus coros en el disco y aprovechar la oportunidad que nos dan las redes sociales en este aspecto, que nos permite una comunicación directa e inmediata, sin  intermediarios. Y ha sido muy emocionante, porque finalmente uno entiende la música  como un espacio de encuentro, más  allá de que pueda remover las conciencias. Componer sólo con ese fin yo creo que es  muy vanidoso. Uno canta fundamentalmente porque tiene miedo a la soledad, porque quiere sentirse acompañado y las canciones son muy útiles en estos tiempos en los que la sociedad está tan atomizada. Yo creo que nos hace recuperar una consciencia como animales sociales y como animales políticos e incluso también y nos ayuda  a recuperar nuestra capacidad para influir en la realidad. Nos hace sentirnos parte activa  de la sociedad, no sólo meros espectadores. Y por ello la música me resulta tremendamente útil en  los momentos de adversidad, porque te hace sentirte acompañado en un momento en que la sociedad se está buscando a sí misma, buscando complicidades entre unos y otros, está dialogando con una efervescencia muy interesante que nos va a  deparar momentos en lo político, lo social y lo cultural que van a ser históricos.

Recuerdo un concierto muy especial en Los Ancares, en una palloza, cuando estaba empezando - ¿Su momento, en lo personal, cómo le ha influido en este disco?
- La paternidad influye muchísimo. Renueva tu mirada. No hay nada más emocionante, ni vínculo más fuerte ni más incondicional que el que uno puede sentir con sus hijos. Uno  se reafirma en ciertos principios, en la urgencia de cambiar este mundo porque es el que mi hija va a heredar. Te sientes muy responsable en este sentido. Te desprendes de cierta solemnidad, hay miedos, esperanzas. Inevitablemente, si cambia tu vida, tiene que cambiar tu música, porque cantas a lo que te emociona. Para mí es muy inspirador. Por eso este disco es como es.

-Desde siempre se ha mostrado como un artista comprometido socialmente, con un posicionamiento ideológico bien identificado, pero ¿le llega a molestar que en todas las entrevistas y foros a un artista como usted le pregunten de política? No se suele hacer lo mismo con otros gremios, como los deportistas, por ejemplo.
- No, precisamente yo creo que hoy inevitablemente, a todo el mundo se le pregunta por política. Incluso ahora cuando se habla con algún deportista puede haber alguna referencia al momento político. La realidad es que por fin nos hemos despojado del prejuicio que había entorno a definirnos sobre la realidad política. Nos estamos deshaciendo del pudor y estamos normalizando el hecho  de que el ciudadano participe del debate político. El actor, la artista y también el deportista, nos interesa lo que todo el mundo piensa de política, porque todos somos parte del momento político. El ciudadano es protagonista.
Y para nada me molesta. Es verdad que hasta ahora había casi un desprecio a quien se comprometía políticamente. Se había instalado un cierto cinismo por  el cual parecía que te tenía que  resbalar absolutamente todo. Había una mirada por encima del hombro a toda expresión artística que se comprometiera explícitamente con la política de una u otra forma. Yo tengo mi opinión y no tengo que pedir perdón por ella y por supuesto, no tiene por qué gustarle a todo el mundo. No lo pretendo. Creo que un músico que pretende gustarle a todo el mundo no es honesto. La música dejaría de ser ese diálogo contigo mismo y pasaría a ser otra cosa. Quizás a veces me sorprendo a mí mismo respondiendo con una arrogancia impropia, pero por otro lado, no sé de que otra forma se pueden hacer las cosas sin decir lo que piensas.

- Recientemente hemos visto a artistas, cantautores, celebrar por todo lo alto sus 50 años de carrera como Serrat o Víctor Manuel. Tal y como están las cosas en el mundo de la música y la cultura, ¿se ve llegando ahí?
- Pienso en el futuro como todo trabajador. ¿Qué va a ser de nosotros dentro de 30 años? por ejemplo.  Llevo cerca de 20 dedicándome a la música y ojalá así sea. El sueño es ese. Y la meta. El verdadero éxito sería seguir viviendo profesionalmente de esto. Es muy difícil porque la vigencia es algo muy frágil, más aún tal y como están las cosas, cuestiones como el IVA cultural, también cuando las radiofórmulas han dejado de ser plurales y  omiten parte de una realidad  musical respondiendo a no sé qué intereses. Es una heroicidad envidiable y admirable estar tanto, pero desde luego yo voy a seguir  trabajando, porque se trata de eso y de tener  fe en lo que uno hace.

- Ha compartido escenario con muchos artistas, pero ¿con quién que todavía no lo ha hecho, le gustaría pisar escena algún día?
- He tenido la oportunidad de cantar con muchos artistas. En discos lo he hecho con Serrat y con Silvio Rodríguez, pero no he tenido la oportunidad de cantar con ellos en un escenario. Sería maravilloso. Y con Sabina, que es alguien a quien admiro mucho, me encantaría. Sueños hay unos cuantos.

Es intolerable el cinismo y el desprecio del Gobierno con la recuperación de la memoria histórica - En todos los escenarios de España y Latinoamérica juega en casa. ¿En qué otro lugar del mundo le gustaría llegar a hacerlo?
- Nos quedan muchos lugares por ir, son nuevos retos. Ahora vamos a México D.F., y si bien es un país que conozco y donde ya hemos estado, ahora  vamos a tocar en el Metropólitan, un teatro de gran envergadura y es un reto para nosotros muy grande. Queremos visitar otros países de Centroamérica donde no hemos estado aún, Nicaragua, El Salvador. Me encantaría recorrer Europa y tocar en el Olympia de París, por ejemplo. ¡Que bonito debe ser! Me encantaría. Ojalá se diera la oportunidad. Eso son sueños difíciles, pero no imposibles.

-¿Todavía hay ronquera y nervios traicioneros antes de cada concierto o eso queda para los novatos?
- Más bien al contrario. Según pasa el tiempo y con la edad, me voy poniendo cada vez más nervioso. Quizá el peso de la responsabilidad es muy grande, hay muchas más dudas que certezas y quizá es que cada día le tengo más respeto al escenario. Creo que ambas cosas son algo muy sano.

- ¿Elegiría una canción como favorita de toda su trayectoria?
- De este disco elegiría ‘Mi problema’, que es una canción que he hecho con mi padre (Rodolfo Serrano). En todos mis discos hay una canción escrita por él, que es periodista, ahora jubilado. Acaba de sacar un libro de poemas (Los cuerpos lejanos. Editorial Alsari)  y siempre rescato un poema suyo para ponerle música. En este caso es una  canción doblemente especial porque la canta Natalia Lafourcade y se convierte en un diálogo maravilloso. Es una canción pequeña en cuanto a los arreglos pero ha crecido de forma maravillosa.

- ¿Se desharía de alguna de sus canciones de las de hace tiempo?
- De ninguna. Todas son parte de mi vida y las reivindico sin complejos.

- ¿Cómo recuerda algún paso anterior por León?
- En León hemos tocado varias veces. Pero sobre todo guardo el recuerdo un concierto muy especial que hicimos hace mucho tiempo en Los Ancares, en una palloza. Yo estaba empezando. Era un contexto realmente muy especial, era un entorno muy familiar y de naturaleza maravilloso.

- Hay una cuestión muy vinculada a esta provincia en la que  ha mostrado siempre un compromiso explícito, con canciones y gestos, como es la memoria histórica. En el Bierzo nació la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). ¿Cómo valora los pasos tímidos  que institucionalmente se han dado en apoyo a este movimiento?
- No hace mucho, Emilio Silva (presidente de la ARMH) me invitó a un acto en el Bierzo al que no pude acudir porque estaba fuera de España, pero es cierto que esa es una tierra plenamente vinculada a la memoria porque parte del movimiento nació allí y por desgracia allí hay muchos familiares de desaparecidos que siguen reivindicando algo tan elemental como es la oportunidad de dar sepultura digna a sus muertos y que se reconozca su dignidad.
Me parece una vergüenza, bochornoso, el comportamiento del Estado en este aspecto. Y además, nos deja en muy mal lugar. Organismos internacionales no dejan de señalar la necesidad, la deuda del Gobierno español con esos familiares, con la memoria histórica. Me parece de un cinismo  insultante la negativa a reconocerlo. Y no sólo eso, sino también  la actitud intolerable de desprecio.  Más aún cuando, por ejemplo, vemos como a este actual Gobierno no le importa dedicar recursos para traer restos de los combatientes de la División Azul, para hacer homenajes, y luego se atreven a decir que este tipo de asociaciones reabren las heridas. Es una postura hipócrita que retrata ideológicamente en qué lugar están. Y  precisamente en ese lugar quedan señalados en toda Europa, en todo el mundo, no precisamente como promotores de la democracia y de sus valores.
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