"Nace un poeta muerto" fue un alabado titular de la desaparecida La Crónica de León el 4 de junio de 1992 para informar de que un leonés (Valverdín, 1909) acababa de ganar el Premio Nacional de Poesía. Tenía sentido el titular, el poeta ya había fallecido en 1987 cuando le concedieron el galardón, era la primera vez que un Premio Nacional de Literatura se le daba a un autor ya fallecido y, lo que ahondaba en lo extraño del caso, "que además no había publicado ningún libro en vida". Los más expertos sabían de cinco poemas de juventud.
Era Basilio Fernández López y a quienes le preguntaban en su pequeño pueblo por él claro que daban fe de su existencia, era un personaje admirado y querido en el pueblo —donde tiene una calle, para quienes se apuntan al olvido en su tierra— pero no es menos cierto que hablaban de él como dueño de "un comercio de vinos en Gijón, una tienda almacén que, insistían, le fue tan bien que decidió no ejercer la carrera que había estudiado en la Universidad de Oviedo, Derecho".
Todo un enigma que se fue desvelando poco a poco, en diversas fuentes: su sobrino Emiliano Fernández, profesor de Literatura, que era quien le había editado el libro premiado; Gonzalo Torrente Ballester, autor del epílogo del libro y amigo personal desde la época de la Universidad; Gerardo Diego, su maestro, un nombre que aparecía una y otra vez; Gamoneda, el poeta asturleonés que sabía de su colega leonés-astur... en fin, poco a poco se fue desenmarañando el enigma del poeta vinatero, que era otro de los apodos repetidos aquellos días.
No es esta sección de Inolvidables la dedicada a conocer y analizar las bondades del poeta, sino la singular personalidad y el recuerdo de quien mantuvo en secreto su vocación de escritor, hasta que, una vez muerto, su sobrino descubrió las libretas de poemas. Quien más ha estudiado a Basilio Fernández, hasta dedicarle su tesis y un reciente libro, Eduardo Moga, argumentaba en 2010 sobre la condición secreta del leonés de Valverdín. "Tengo para mí que el origen del malestar se sitúa en la traición de Basilio a su destino de poeta, a cambio de la holgura económica y el bienestar social, como sospecha Torrente Ballester. El novelista se había encontrado por casualidad con Basilio a su regreso de Italia: como consigna en el epílogo de Poemas (1927-1987), ‘había terminado su licenciatura, estudiaba en Italia, vestía muy bien y parecía otro. A mi pregunta sobre su poesía, me respondió despectivamente. Y no volvimos a vernos hasta mucho tiempo después".
En la semana dedicada al libro, la literatura, la poesía, y sus gentes, es buen momento para recordar a un tipo singular, leonés de un pueblo hoy prácticamente olvidado, con menos de diez habitantes, en el que la calle principal lleva su nombre: Del poeta Basilio Fernández, y también la semana cultural del municipio al que pertenece se llama Memorial Basilio Fernández.