Hablar de arte Naïf es hablar de inocencia, cotidianeidad, amistad, fiesta, campo, ciudad y todo aquello que entra dentro de la imaginación de los artistas que se presentan cada año. A lo largo de las tres ediciones anteriores hemos visto un compendio de obras y autores de diferentes países europeos y lo que se presenta tiene un rasgo de continuidad, aunque avanzando en nuevas visiones del arte y los artistas.
Cada vez son más los autores que quieren participar en esta feria artística, algunos con renombre mundial, todos ellos embarcados en este proyecto que cada temporada Gelines organiza y coordina en la galería Alemi de León.
La representación española es la más numerosa de esta cuarta edición. Ana Barahona presenta ‘La música del sol’, una escena fantástica en la que el sol toca la flauta a una joven rodeada de vegetación y animales. Ana Sánchez contrapone una vista urbana de Londres con una animada escena de El Rastro madrileño.
Carmen G. Agüera reúne en ‘Bañistas’ una evocación vintage de antiguos trajes de baño y, en ‘Relax’, una escena íntima protagonizada por una mujer y varios gatos. Cristina de la Hoz recurre a la repetición en ‘Girasoles’ y ‘En el parque’, donde flores, globos y niños articulan la composición. También Gracia Risueño utiliza ese recurso en escenas de sobremesa y en ‘Deportistas en Ondarreta’, con figuras y sombrillas repetidas.

Laura Esteban Ferreiro combina arquitectura y personajes en ‘Días de cine’ y ‘El capricho de Gaudí’, mientras Lola López centra sus composiciones en edificios rodeados de una cuidada vegetación, tanto en ‘El naranjal’ como en ‘Sueño de la luna llena’. María Fatjo Pares traslada al espectador a Italia con una danza popular frente al mar y una detallada escena dedicada a la elaboración de pasta.
Manuel Gómez Arce recrea el costumbrismo en ‘El kinze de Cuchilleros’, ambientado en una barbería, y en ‘La siesta’, situada en un patio andaluz. Menchu García Rendueles propone en ‘El hilo rojo del destino’ un recorrido simbólico entre ciudad y naturaleza. Tito Lucaveche dedica sus dos obras al espectáculo, con un animado cabaret y un bar de tango repletos de personajes. Completa la representación española Vicky Jordana, que mezcla paisaje rural, animales y fantasía en ‘El visitante’ y ‘Por tierra, mar y aire’.
Desde Finlandia, Aimo Katajainen presenta la construcción de un pueblo y una singular escena en la que un pingüino despierta el recelo de una serie de personajes prehistóricos. Sirpa Hammar dedica su obra a Gala y Dalí mediante una composición simbólica.
El alemán Olaf Ulbricht muestra el otoño y el invierno a través de la naturaleza. A él se suma la belga Thèrése Coustry, que muestra su gusto por los pájaros en dos obras, y también los búlgaros Elisaveta Angelova y Nikolay Stoev. La primera trae personajes de su país en su particular 'Cuento de invierno' y el segundo apela a celebraciones y viajes familiares.

Francia aporta seis artistas. Christian Vatan recrea escenas rurales y de granja; Claudette Bazin Mehani alterna un paisaje oriental con una festiva escena musical; Elisabeth Davy-Bouttier muestra una playa y un mercado de pescado; Eve Chat Hibou Chouette convierte un gato negro y la lectura en protagonistas de sus obras; Martine Clouet combina una vista parisina con una escena urbana, y Odile Bron presenta composiciones de perspectivas inclinadas llenas de movimiento.
La griega Rouli Boua mezcla realidad y fantasía con mujeres, sirenas y escenas marinas. La holandesa Ada Breedveld vuelve a sus inconfundibles personajes de figuras voluminosas y coloristas bajo la presencia constante del sol.
Italia reúne cuatro autores. Cesare Novi presenta un paisaje romántico y una calle toscana; Gabriella Marchenisi centra su atención en la figura femenina; Giuliano Zoppi llena sus escenas de perros, gatos y músicos, y Guido Vedovato dedica dos tondos al búho y al gato.
La polaca Aleksandra Gawel-Krajska firma dos autorretratos rodeados de fauna australiana. La portuguesa Fernanda Azevedo combina figura y paisaje en escenarios de intenso colorido. La rumana Viorica Ana Farkas reflexiona sobre el paso del tiempo mediante el reloj y la clepsidra. Cierran la muestra las suizas Carole Perret, con sus característicos quijotes y monjas, y Margrith Bühler, autora de dos paisajes dedicados a la primavera y el verano alpinos.
