Andrés Martínez Oria: "Entre mis referentes en el cuento está, sin duda, Juan Rulfo"

El escritor y profesor de literatura, cronista oficial del Ayuntamiento de Valderrey, presenta este jueves en el ILC su libro de cuentos ‘Por el camino de arriba’, acompañado de José Luis Puerto y Luis Miguel Suárez

26/11/2025
 Actualizado a 26/11/2025
Andrés Martínez Oria presenta este jueves su más reciente publicación en el Instituto Leonés de Cultura.
Andrés Martínez Oria presenta este jueves su más reciente publicación en el Instituto Leonés de Cultura.

Ciertamente Martínez Oria constituye un claro ejemplo de autor infravalorado. Por sus méritos estéticos debería formar parte destacada de ese grupo de narradores coetáneos y coterráneos que brillan en el panorama actual de la literatura española. «Por fortuna su obra ha ido viendo la luz para disfrute del lector». Lo escribe el profesor Luis Miguel Suárez en el prólogo de la última obra de Martínez Oria, un libro de cuentos, —'Por el camino de arriba'— y expresiones parecidas se repiten cada vez que este autor se asoma a las librerías. Por fortuna acaba de ver la luz esta obra que este jueves presenta en León.  
 
– ‘Por el camino de arriba’ es una colección de cuentos, género en el que había ganado el prestigioso premio Miguel de Unamuno pero hacía tiempo que no publicaba, al menos en libro. ¿A qué se debe el regreso o nunca lo ha abandonado?
– En esta colección de cuentos algunos ya estaban publicados en revistas, digitales, libros colectivos y otros medios, con un sustancioso prólogo del profesor Luis Miguel Suárez. Se trata de un género muy querido para mí, que nunca he abandonado y he seguido cultivando al mismo tiempo que la narrativa más extensa, los libros de viaje, ensayo y demás.  

– ¿Hay un tiempo, un momento, para cada género? 
– No hay un tiempo distinto y sucesivo para cada género o asunto. Uno está escribiendo una novela, por ejemplo, y de pronto siente la necesidad de dejarlo para escribir un cuento, realizar un viaje o darle forma a un poema que está brotando. El torrente de la escritura va fluyendo por distintos cauces.

– Sigamos con el cuento ¿Qué narradores del relato corto lee Andrés M. Oria, quiénes son sus maestros? 
– Entre los autores que me han servido de referentes en el cultivo del cuento figura sin duda Juan Rulfo y 'El llano en llamas', por su hondura y autenticidad; Ignacio Aldecoa, por su visión descarnada y dolorida de la realidad; Gabriel García Márquez, por su voluntad de ir más allá de lo que aparece a primera vista; Antonio Pereira, por su imaginación, su gracia natural y su visión amable de la vida. A esto añadiría la admiración por escritores americanos de cuentos como H. Melville, A. Bierce y muchos más. Y cosas concretas como ‘El clavo’ de P. A. de Alarcón, o 'El bosque animado' de Wenceslao Fernández Flórez.
 
– ¿Porqué de todos los relatos ha elegido para el título ‘Por el camino de arriba’ en el que late el mundo rural, el abandono, sus costumbres, el lenguaje popular, la emigración?
–El título elegido para la colección es el de uno de los cuentos, que me pareció representativo del conjunto y refleja con bastante fidelidad mi manera de ver la realidad y enfrentarme al hecho de contar: los recuerdos, la mirada a las cosas sencillas e inmediatas, el mundo del campo, el interés por la naturaleza y sobre todo la acción del tiempo sobre las cosas y las personas. El título creo que añade además un cierto sentido simbólico que se comprende en la imagen de la anciana, la sombrilla y la burra camino del cementerio; la visión que desencadena el chispazo inicial de cualquier relato.

– Como ocurre en el resto de los géneros que cultiva Martínez Oria siempre hay una cuidada literatura, un trabajado lenguaje. ¿Ofrece el cuento, un libro de ellos, más posibilidades de saltar del ejercicio literario al humor, la prosa poética, lo popular…? 
– El cuento se caracteriza por la brevedad, frente a la extensión de la novela, y eso exige intensidad y concentración, frente al aplazamiento y la digresión. El cuento surge de un chispazo, decía antes, producto de una intuición, frente al trabajo prolongado de la novela, y se resuelve en poco tiempo. La novela puede llevarnos un año o bastante más de dedicación, mientras el cuento se liquida en un par de días o noches. Lleva menos tiempo y dedicación, pero no es algo menor. Se trata de un género literario de sencilla apariencia y difícil ejecución. Algo parecido a lo que ocurre con el poema.

Obra del fallecido Sendo que Andrés Martínez Oria ha llevado a la portada de su libro de cuentos.
Obra del fallecido Sendo que Andrés Martínez Oria ha llevado a la portada de su libro de cuentos.

– ¿Hay en sus cuentos mucha presencia de esos relatos que podríamos llamar 'inspirado (o basado) en hechos reales'? 
– El fondo de donde brota el relato es muy diverso. A veces, de un hecho vivido, reelaborado literariamente. Con frecuencia, de los recuerdos, de algo que nos han contado y ha dejado en nosotros una honda impresión; de la prensa e información diaria, de la lectura, que a veces es improductiva y otras muy fecunda. O de la pura invención.

– Como ocurre en el resto de los géneros que cultiva siempre hay una cuidada literatura, un trabajado lenguaje ¿Ofrece el cuento más posibilidades de saltar del ejercicio literario al humor, la prosa poética, lo popular…? 
– Procuro cuidar la materia con la que trabajo, en este caso el lenguaje. En el hecho literario hay un mensaje, claro, sin eso, de qué vamos a hablar. Pero se sostiene en la forma. Podemos decir que amanece, pero con eso no se construye un poema. La literatura es forma antes que nada. Pero luego tiene que haber otras cosas. Hondura y levedad a la vez. Penetración en lo subconsciente y simbólico. Diálogo con otros textos, lo que llamamos intertextualidad.  En la literatura, también en la prosa novelística, tiene que estar presente la poesía, la visión poética de la realidad. Me interesan muchos esos paisajes de ruinas y bellezas, no solo materiales; ruinas del tiempo, morales. Tiene que haber, es necesario, una trabazón entre la trama y el estilo. Y desde luego, mi visión de la realidad es más bien melancólica, aunque pugno por que sea también esperanzada, como quería Gabriela Mistral, a través de cierto grado de humor. Ojalá fuera gracia, que no es lo mismo.

– ¿Qué encontrará el lector en ‘Por el camino de arriba’? 
– Qué difícil asunto. Ante todo, no me gustaría defraudar. Engañar al lector. Atraerlo con falsos señuelos. Procuro en lo que escribo, ahora en estos cuentos, aplicar mi particular teoría de la fiabilidad. Tiene que haber en lo que contamos sensación de verdad; eso le da a la escritura autenticidad, y de ahí deriva la verosimilitud y, en definitiva, la credibilidad. Si no hacemos creíble lo que contamos, hemos fracasado. Espero que en este librito el lector pueda encontrar algo de todo eso.

– Aunque ya lleva un tiempo en las librerías es reciente otro libro suyo, una bella curiosidad, ‘Villas y jardines de la literatura’...
– Es un libro que me ha gustado hacer y creo que ha gustado a algunas personas que lo han leído. Pocas, porque tengo pocos lectores. Ha nacido de dos de mis pasiones, la naturaleza y la literatura. Sobre todo, los clásicos. Cuando me enteré de que Horacio tenía una finca que se llamaba la Sabina y de que Fray Luis descansaba y meditaba en la Flecha, me dije, me gustaría conocer esos paisajes que frecuentaban para impregnarme allí de sus obras. Ahí está la clave; sentir la literatura donde brotó, para hacerla más tuya. Y en ese recorrido por lugares maravillosos, que llega hasta hoy, se despliega todo el abanico de la cultura de Occidente.

– ¿Es una forma de asomarse al hecho cultural a través de la ventana abierta al campo?  
- Eso es; es un intento de responderse a curiosidades: ¿Cómo eran los jardines de Salustio, en realidad un escritor, historiador y político corrupto? Como los de hoy. ¿Cómo eran los lugares de la infancia de Garcilaso o los jardines extremeños por donde paseaba Lope de Vega, sostenido y alimentado por el duque de Alba? ¿Cómo era la hermosa finca de Chateaubriand o el poético lugar donde reposó el cuerpo de Rousseau? ¿Cómo era el rinconcito de Flaubert o aquella villa Diodati de lord Byron? 

– ¿Y cómo son? 
Yo qué sé. Todo eso y mi propia pasión por el paisaje, los árboles y las plantas dieron lugar a ese libro, que se gestó en años y se materializó en unos pocos e intensos meses de trabajo. Eso sí, leí mucho, investigué y penetré en un mundo literario que está de moda, los ingleses llaman nature writing y se está conociendo últimamente como «escritura de la naturaleza» y algunos pedantes quieren llamar, ojo, «liternatura». Literatura y naturaleza. LiterNatura. Qué cosas.

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