Antonio Gaudí y la pedagogía de la Bauhaus

Por José María Fernández Chimeno

20/01/2026
 Actualizado a 20/01/2026
Edificio actual de la Bauhaus (izquierda) y una imagen del mismo edificio en el año 1927 (derecha).
Edificio actual de la Bauhaus (izquierda) y una imagen del mismo edificio en el año 1927 (derecha).

«Las mejores obras de la arquitectura moderna son armoniosas no solo porque corresponden a su función, sino porque las proyectaron hombres de oficio y buen gusto que supieron hacer que se amoldaran a sus fines y, a la par, que parecieran bellas. Hacen falta muchos ensayos y errores para llegar a descubrir esas secretas armonías». 
(‘Arte e ilusión’, E. H. Gombrich, Phaidon, pág. 554).

En arquitectura, la validez de muchas innovaciones osadas ha sido reconocida por amplios sectores, pero pocas personas  se dan cuenta de que la situación es análoga en pintura y escultura», a lo que habría que añadir -sobre todo a partir de primeros del siglo XX- en diseño de mobiliario.

Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, donde el progreso tecnológico estaba mucho menos frenado por el peso/lastre de la tradición, arquitectos como Frank Lloyd Wright (1869-1959) se dieron cuenta que lo importante en una casa es el interior y no las fachadas. «… si la casa era cómoda y estaba bien proyectada por dentro, adaptándose a las necesidades de su propietario, seguro que sería bonita desde fuera». Esta idea, que a nosotros nos parece obvia, en su momento fue revolucionaria, al romper con las simetrías de las fachadas; como se puede apreciar en la casa «falta de estilo» (1902) de Illinois. Fue entonces, como hemos visto, que los arquitectos del 1900 se percataron de que el arte moderno, como el antiguo, surgía para dar respuestas a las necesidades del momento. «La arquitectura moderna tardó en ser aceptad, pero sus principios están ahora tan bien establecidos que pocos serán los que pudieran discutirlos seriamente […] Pero a Wright no se le debe considerar un mero ingeniero; creía en lo que llamó arquitectura orgánica, por la que quiso dar a entender que una casa tenía que derivar de las necesidades humanas y del carácter del lugar como organismo vivo».

Por esa fecha, comienzos del siglo XX, Antonio Gaudí ganaba su primer y único premio. El primer inmueble que proyectó en Barcelona fue galardonado por el Ayuntamiento de la ciudad como el mejor edificio del año 1900. Desde los albores de la Revolución Industrial, el barrio de Sant Pere y sus alrededores, albergaban multitud de fábricas de textiles, y muchos de estos industriales deseaban vivir cerca de sus fábricas. La viuda y los hijos del empresario algodonero Pere Màrtir Calvet «encargaron a Gaudí un proyecto similar al que siete años antes había acabado convirtiéndose en la Casa Botines de León: un edificio con almacén en el sótano, tienda y oficinas en los bajos, residencia familiar en el principal y viviendas de alquiler en los tres pisos restantes». (‘Gaudí. La vida y las obras maestras del gran genio de la arquitectura’, National Geographic).

La silla diseñada por Antonio Gaudí y otras piezas del mobiliario de la casa Calvet.
La silla diseñada por Antonio Gaudí y otras piezas del mobiliario de la casa Calvet.

Tras recibir el encargo, Gaudí emprendió la realización del proyecto desde su obrador de la Sagrada Familia donde mandó construir una maqueta de la casa. En este caso, el arquitecto acomete por segunda vez el tema de la casa de vecinos, en donde la ordenación y el aprovechamiento del solar habían llevado a crear tipos de edificios muy estandarizados y se comenzará a establecer su propia valoración de las posibilidades arquitectónicas que este tipo de edificio urbano permite. Pero no es del edificio, en sí, de lo que aquí vamos a tratar, sino de «las necesidades humanas y del carácter del lugar como organismo vivo», por consiguiente, también del diseño del mobiliario para hacer la vida más agradable a sus propietarios e inquilinos.

De Gaudí ha llegado a decir al arquitecto David Ferrer que: «Sus muebles escultóricos descuellan en solitario en el abundante catálogo europeo de mobiliario de arquitectos de la época y sus formas óseas esconden un estudiado funcionalismo y una ergonomía inexistentes en los de sus coetáneos: sus sillas son del más duro roble, pero resultan sorprendentemente cómodas». (‘Una historia personal de la arquitectura europea’, David Ferrer).

Entre los arquitectos de la época a los que se refiere David Ferrer, empezaba a descollar Walter Gropius, quien afirmaba que era «la arquitectura la forma artística más destacable», al considerar que «el objetivo último de toda actividad creativa es el edificio»; opinión que coincide con la expresada en 'El pensamiento de Gaudí' (compilación de textos y comentarios recogidos por Isidre Puig Boada), al afirmar sobre la Artes que «la arquitectura es el primer arte plástico; la escultura y la pintura necesitan de la primera. Toda su excelencia procede de la luz». Ambos, pues, anteponen la arquitectura a las demás expresiones artísticas e, incluso, coinciden en el carácter artesanal del mobiliario.

05 Banco de la Casa Calvet (1901)
Banco de la Casa Calvet (1901).

Walter Gropius se hizo cargo en 1921, como «maestro de forma», de la dirección del taller de muebles. En el libro ‘Bauhaus (1919-1928)’ escrito por Herbert Bayer y editado por Walter Gropius, podemos ver claramente la filosofía de la academia de la Bauhaus que dio forma a los pensamientos básicos del diseño. La incipiente industrialización y mecanización causada por la Revolución Industrial, había dado lugar a que se antepusiera la eficiencia sobre la estética porque, según Gropius, siempre que el fin de la mecanización sea la eficiencia, en vez de liberar al ser humano de la labor manual, el individuo se verá esclavizado y la sociedad, desordenada. Según él, se mataba la creatividad con las ideologías académicas, puesto que intentaba enseñarla en las aulas y no en los talleres. Gropius plantea un plan de estudios en el que enseñe a los artistas las prácticas manuales y técnicas de la industria, en conjunto con la teoría del diseño.

De ahí el nombre de Bauhaus, que en alemán quiere decir «casa de construcción» o «casa para la construcción». Rechazaba la política de producción en masa industrializada de la Werkbund alemana, por considerarlo un menosprecio del individuo. Al igual que Gaudí, Gropius se niega a realizar casas estandarizadas, «sin alma», y argumenta su negativa en que los estudiantes de Bellas Artes debían descender de su torre de marfil y ensuciarse las manos con los artesanos, exclamando exaltado: «¡Levantemos la barrera entre artesanos y artistas! Creemos juntos el nuevo edificio del futuro. Combinar arquitectura, escultura y pintura de forma conjunta […] Gropius veía la Bauhaus como «una república de intelectuales» que algún día «se elevaría a los cielos desde las manos de un millón de trabajadores como símbolo cristalino de una nueva fe por venir». (‘¿Qué estás mirando? (150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos)’, Will Gompertz).

06 Silla Wassily (1925 26)
Silla B3, diseñada por Marcel Breuer (1925-26).

La silla Calvet fue diseñada por Gaudí en 1901 para la sala de juntas de la Casa Calvet, siendo una de las muestras de como la concepción integral de la arquitectura del maestro catalán remite a todos los aspectos de la obra. Fabricada en madera de roble, la silla es el resultado de un complejo estudio de ergonomía y funcionalidad, elaborada en el Taller Casas i Bardés. Cuando Walter Gropius encargó a Marcel Breuer (1902-1981), un joven diseñador húngaro, la dirección del taller mobiliario, este diseñó entre 1925 y 19226 su Silla B3, «una estructura de tubo de acero cromado que había doblado en ángulos rectos curvos, vestida con tiras de lona para formar asiento, brazos y respaldo […] Una de las primeras personas en elogiar a Breuer por su innovador diseño fue su compañero, el maestro Wassily Kandinsky. En respuesta a las amables palabras de su colega, Breuer llamó a su silla ‘Wassily’».

Por consiguiente, la silla Calvet y la silla Wassily, aun difiriendo en 25 años y a pesar de sus evidentes diferencias, son fruto de la creación artística, y «es superfluo si su forma es debida a razones técnicas o no. Esa es su forma porque el artista así lo ha querido». Todos estos avances en el diseño mobiliario sucedieron en vida de Gaudí y se mantendrían después de su muerte en 1926. Dos años después, en 1928, Gropius renunció a la dirección de la Bauhaus y recomendó para director a Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), arquitecto vanguardista que se convirtió en director en 1930; logrando su reputación internacional al presentarse al público su pabellón alemán en la Exposición Internacional de Barcelona en 1929. Dirigió la Bauhaus hasta que su posición política, forzó el cierre de la más grande escuela de arte y diseño del mundo, que comienza y termina con la historia de la República de Weimar, en 1933.

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