«A finales del verano de 1891 Claudio López, segundo marqués de Comillas, invitó a Gaudí a acompañarle a Tánger para estudiar la posibilidad de construir en la ciudad una misión franciscana. Al viajar a través de Andalucía y cruzar por primera vez a África, desde Málaga, Gaudí tuvo la oportunidad de ampliar sus conocimientos de primera mano. Desde los famosos pueblos blancos de Andalucía, predominantemente cúbicos, se dirigió hacia las esculturales curvas de las casas bereberes».
(‘Antoni Gaudí’, Gijs van Hens Bergen).
El arquitecto catalán proyectó un colegio y un templo de la orden franciscana para reforzar la presencia de España en Marruecos. De aquel proyecto, sin embargo, solo queda un dibujo que acabó en manos del empresario del textil leonés Mariano Andrés González-Luna, pues nunca llegó a materializarse, dada la coyuntura diplomática de la época. Este plano nos abre el interrogante de lo que pudo llegar a ser otra sutil obra edilicia. No obstante, antes de adentrarnos en este momento histórico, fechado en 1892, hemos de retrotraernos en el tiempo tres lustros.
La casa de Fernández y Andrés es un edificio, que en el argot popular, siempre se ha conocido como la Casa Botines, a causa de la relación con el negocio textil y bancario fundado por el comerciante catalán Juan Homs y Botines (1798-1878). Tan desconocido es para el gran público en general, como conocido es su apellido en la memoria colectiva local. Y también lo fue para Gaudí, aunque había fallecido quince años antes de que el edificio se levantase en la Plaza de San Marcelo. «Con todo, la sabiduría popular identificó siempre el edificio de Gaudí con la conocida casa regentada por Botines durante veinte años en la Plaza Mayor […] Vivió en compañía de su hermana Mª Rosa y de sus sobrinas Teresa y Catalina Riu, vecinas de Solsona, y dejó cuantiosos caudales a su familia». (‘Juan Homs y Botines’, Carmelo de Lucas del Ser).

Había sido un solterón empedernido, hombre de negocios, burgués típico de su tiempo y católico declarado , con rasgos de caridad cristiana y filantropía, que legó grandes sumas de dinero para obras benéficas a los centros asistenciales de León. Nacido en Cardona, obispado de Solsona, fue uno de los muchos comerciantes catalanes que seguirían las rutas del ferrocarril hacia León, Asturias y Galicia, para regentar negocios de venta al por mayor de los tejidos confeccionados en las fábricas textiles de Cataluña. El destino quiso que su hermana Mª Rosa Homs contrajese matrimonio con el comerciante local Simón Fernández, en la parroquia de San Juan de Regla de la Santa Iglesia Catedral. Natural de Otero de las Dueñas, a cinco leguas de la capital, Simón quedó viudo y para fortalecer la nueva razón social Homs Fernández y Compañía (1867) se casó en segundas nupcias, en 1856, con una sobrina de su socio, Teresa Riu y Homs.
Mediada la centuria, la Casa Botines está ya instalada en la Plaza Mayor, en un edificio situado al sol del mediodía, en el número 8 de la plaza. Según nos refiere su biógrafo César Martinell (‘Gaudí. Su vida, su teoría su obra’, Barcelona, 1967) el empresario Simón Fernández era representante y cliente financiero de Eusebio Güell en León y con la nueva razón social Homs, Fernández y Andrés (1873), cuando el negocio gozaba de solvencia y vitalidad, socios y continuadores de Botines, «esta conexión explica por si sola la presencia del arquitecto Gaudí en León». Ambos comerciantes eran representantes en la provincia del Banco Hispano-Colonial de Barcelona, fundado en 1876 por los financieros Manuel Girona y Antonio López y López, suegro de Eusebio Güell y López; lo que acabó por incrementar la conexión de Gaudí con León.

Volviendo al año 1878, y una vez fallecido Homs, se constituye la sociedad Fernández y Andrés, cuyos negocios se amplían a la gestión inmobiliaria, el cambio de moneda y actividades financieras. En el floreciente negocio textil figuran como clientes -entre otros- los hospicios de León y Astorga, dependientes de la Diputación provincial, creciendo tanto que requieren de un local mayor. «Con este motivo compraron a los duques de Uceda una parcela ubicada en frente del Palacio de esta familia, que ya había adquirido la Diputación provincial (Palacio de los Guzmanes). El objetivo era construir en ese solar un edificio que fuera tienda, almacén y vivienda». (‘Simón Fernández, promotor de la Casa Botines’, Esther Diez González & J. M. Glez. García).
Sin embargo, el Ayuntamiento de León y la propia Diputación se opusieron a tal proyecto. En 1889 se produjo una noticia trascendente para el devenir del local, con motivo del informe pericial emitido por el ingeniero nombrado por el Juez de Primera Instancia de León: «… para esclarecer ciertos puntos que interesa dilucidar en el pleito que se sigue entre los señores Simón Fernández, don Mariano Andrés y el señor Duque de Uceda, de una parte, y el Ayto. de León por otra, sobre la propiedad de unos terrenos inmediatos a la plaza de San Marcelo…». Un conflicto agrio y enconado, que se mantuvo más allá del segundo semestre de 1891 dada la terquedad de algunos concejales encabezados por el señor Mariano Sanz. Estos suscribieron una proposición leída en Sesión extraordinaria del 4 de mayo, que viene a decir: «… los señores López Ugidor y Sanz opinan por que se siga el consejo del Letrado en todas sus partes y, por tanto, que se prevenga al Procurador para que en el caso que los demandantes pidan testimonio de la sentencia, la pida él también […] El señor Balbuena insiste en lo afirmado, diciendo que acepta la responsabilidad moral que se pueda contraer, porque habiendo dos sentencias conforme, es temerario interponer recurso de casación, que ocasionaría cuantiosos gastos sobre los muchos que ya se han hecho. Discutiendo suficientemente el punto, se puso a votación». Tras dos votaciones con empate a cinco, primó el voto de calidad del entonces Alcalde Constitucional, Restituto Ramos Uriarte, en virtud de lo dispuesto en el artículo 105 de la Ley Municipal, para que no se pida testimonio de la sentencia pronunciada en el pleito pendiente por la Audiencia Territorial.

Simón Fernández murió el mismo año en que se resolvieron los pleitos con el Consistorio leonés, en 1891, poco antes de comenzarse la construcción de la Casa Botines. Serán sus dos hijos José y Aquilino quienes, junto con su socio Mariano Andrés, reciban en el andén de la Estación de Ferrocarril del Norte de León a un arquitecto de treinta y nueve años, de «mediana estatura, mirada vivaz, tez pálida, ojos azules y labios carnosos, que llevaba el pelo rapado y barba rubia, arreglada a su gusto».
Vestía con fina traza de dandy y tenía modales refinados, adquiridos en la próspera Barcelona. Consigo llevaba un cartapacio con los planos del proyecto de la casa de sus anfitriones. Los cuatro personajes subirían a una calesa y cruzando el puente de hierro del ingeniero Saavedra (construido en 1863, con la llegada del ferrocarril a León el 23 de agosto), enfilaron la rectilínea calle de Ordoño II, antiguo paseo de las Negrillas en dirección a la plaza de San Marcelo.
Gaudí se encontró con una urbe que, en palabras de Manuel Carriedo, antiguo director del Archivo Histórico de Caja España, era «… una ciudad venida a menos, triste y afeada como consecuencia de sus casas ennegrecidas y por sus calles mal pavimentadas […] una ciudad aún medievalizada, encerrada tras sus murallas». Y con razón los vecinos pedían a su nuevo alcalde Cayo Balbuena (elegido por el Gobernador Civil de la Provincia para el bienio 1891/1893) que esta «se incorporase a la modernidad con la exigencia de los barrios para que el Consistorio dotase de alcantarillado, adoquinado de madera y alumbrado eléctrico (con luces de arco y lámparas) sus calles». Si justo es reconocer que fue Gaudí, con su revolucionario proyecto, quien pondría la «piedra fundacional» del León moderno que hoy conocemos, lo es también que esta ciudad debe mucho de esa modernidad a los empresarios y comerciantes Juan Homs y Botines, Simón Fernández y Mariano Andrés González-Luna.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.