Alfonso González Matorra es su nombre; Fonso aquel por el que todos le conocen, Agustín Lasai el que eligió como ‘nombre de guerra’ para esa batalla frente al olvido del Viejo Riaño o por la utopía de vaciar el pantano ‘caldero a caldero’. Sigue su lucha, ahora con novelas, la segunda de las cuales —'El arca de Neo'— este viernes presenta en el ILC de León (19:30 horas), acompañado de Emilio Gancedo y Ana María Valbuena.
– ¿Después de la primera novela, ‘Tocan las campanas a Concejo’ llega esta nueva incursión en el género, ‘El arca de Neo’, nuevamente con el Viejo Riaño como co-protagonista ¿Un intento de que aquel desaparecido pueblo no muera del todo? Tal vez por aquello de que alguien no muere mientras alguien le recuerde?
– ¡Qué duda cabe! Me doy cuenta con el paso de los años, que la memoria es ahora el instrumento, la herramienta que me sirve para dar rienda suelta a mis inquietudes, que son las mismas de siempre: Riaño, el Viejo Riaño y los pueblos anegados de la comarca con sus gentes, que son los verdaderos protagonistas de mis obras, mi motivación, y mis fuentes de inspiración.
– ¿Una forma de expulsar los demonios que llevabas dentro?
– En 'Tocan la campanas a Concejo' comenzó esta rebelión literaria donde tuve una visión soñada de mi pueblo librando una lucha, la lucha que yo mismo viví y que que llevé durante mucho tiempo en la mochila hasta que la hice realidad en el libro, a mi manera. Un desquite en toda regla. Todo, dentro de un ejercicio de sugestión con el pasado y la vida de antes que sólo la intuí durante mi infancia.
– 'El arca de Neo'¿es una continuación o un complemento? En aquella primera novela estaban presentes las costumbres, las tradiciones, la vida comunal... ¿es ésta más personal, más autobiográfica?
– Las dos cosas. Continuación y complemento. Como he dicho, mi primera novela es un ejercicio de sugestión con el pasado y la vida de antes, un homenaje a mis paisanos; y 'El arca de Neo', es la historia de ese chaval que andaba de correrías por los corrales y portaladas y huertas propias y ajenas, contada por él mismo con su organismo. Mi pueblo, y el pueblo de todos los que tenemos cierta edad, era un paraíso para la infancia. Rodeados de un entorno sencillo y natural donde esconderte, perderte en el universo infinito de lugares que te rodeaban, era de lo más normal. Me preguntan por ahí, ¿cómo era la vida en aquel Riaño? ¿Cómo fue la infancia allí? Y ahora contesto: Si leéis 'El arca de Neo'…
– ¿Y cómo cuenta un adulto con la mirada de un niño?
– Con naturalidad. Son momentos grabados en la memoria de un infante como yo que han sido el hilo conductor de esta novela escrita desde dentro, íntima y personal, contada como si tal cosa en primera persona por Neo, y la mirada madura de quien a su vez, lo escribe. Un juego entretenido de complicidad con uno mismo...

– ¿Quién está detrás de Neo además de tú mismo; un juego con el arca de Noé y la especie que se salvó de las aguas?
– El primero que está detrás de Neo soy yo mismo, Neo, Neocosqui es el nombre completo con el que me llamaban de pequeño y de ahí el título. Y sí, a veces, como el niño que soy, idealizo hasta mis propios recuerdos de mil maneras por el hecho de haber vivido solo su semilla. Un instante, un pensamiento, un anhelo, el recuerdo de un recuerdo… así construyo este arca de recuerdos de mi pueblo que es 'El arca de Neo'. Noé salvó a sus animales del diluvio universal y Neo a su querido pueblo del olvido total.
– ¿Siguen vivos los sueños de Agustín Lasai, tu alter ego en las redes, las utopías, aquella idea de vaciar el pantano caldero a caldero?
– Esta novela es parte de aquellos sueños ¡Es otro caldero! Los años de misivas y conferencias, de gritos y pancartas callejeras, han dado paso a las novelas inquietas, una nueva forma de seguir, de llevar la nave navegando satisfecho a pesar de ser muy de interior. He encontrado en la escritura no solo una forma de seguir reivindicando los calderos, también una terapia para superar tanta atonía humana y la visión de cada día de la maravillosa montaña leonesa por el agua decapitada. Digamos que tengo ya asumida mi propia etiqueta, soy el escritor del caldero.
– ¿Cómo ves este Nuevo Riaño, la comarca de moda para el turismo provincial?
– Bien llamado Nuevo Riaño. Lo veo como siempre, desde dentro. Así que, te puedes imaginar lo que pienso de este lugar donde nos han llevado las circunstancias de la vida. Un pueblo de circunstancias, ciertamente así es. Y para mí, como para muchos, el lugar al que nos tocó pasar ese frío para los restos. Lo del sitio de moda del turismo provincial y todo eso, queda muy bien en eslóganes publicitarios pero a efectos de lo que es vivir en él, es un espejismo. Es duro pensar en lo que fue, y verlo convertido en un páramo gris, solitario y húmedo a los pies del Gilbo.
– ¿Se han cerrado del todo las heridas de aquellos años 86 y 87?
– Es indudable que no. Solo tienes que mirar de nuevo el ‘¡precioso!’ paisaje de la Montaña de Riaño ante nuestros ojos mientras nos columpiamos.
– ¿Habrá más novelas de Fonso y Riaño?
– ¡Claro!, ya estoy trabajando en la siguiente. Se titulará: agustin lasai rodrigez. No sé si os sonará.