La carta pone de manifiesto el compromiso de las féminas de apurar los recursos para la causa Se trata de una carta que algunas de estas mujeres publicaron en el Diario de Santiago, con fecha del jueves 23 de junio de 1808. El testimonio personalizado de cuatro féminas que quisieron tener voz propia, representando a muchas madres, hijas, esposas y hermanas de estos hombres, que lejos de quedarse impasibles ante lo que estaba ocurriendo, empezaron su lucha silenciosa, infundiendo un atisbo de esperanza a una complicada situación que estaba a punto de empeorar.
La carta es una proclama a Fernando VII en la que estas mujeres animan a sus compañeras de sexo, y también al contrario, a no desfallecer en la larga guerra que daba comienzo.
El historiador ha facilitado la carta íntegra para poner en valor el papel de estas mujeres, porque en palabras de García Fuertes,"aunque sus nombres y actuaciones no aparecen casi nunca en los libros de historia, discursos proclamas... ellas fueron, y siguieron siéndolo durante generaciones, el verdadero sostén social, familiar y, muchas veces económico, que hicieron posible la historia tal y como la conocemos".
La carta de María Rejón Sanjurjo, Juana Beltrán de Vedio, María García del Valle Izquierdo, Josefa Tomasa Herrero decía así: "La Junta de alistamiento de esta Ciudad ha acordado una suscripción voluntaria para los gastos de la presente guerra, y ha querido llamar a ella a todos los hombres y mujeres de todo el Pueblo, nombrando cuatro personas de cada sexo, para que la ejecuten sin demora alguna. Las que hemos recibido este honor, deseamos desempeñar la comisión con el fruto correspondiente a esta confianza, y para ello no dudamos de que todo nuestro sexo apurará todos sus recursos, en la inteligencia de que si la fortaleza para seguir las fatigas de la guerra es característica de los hombres, la diligencia y esmero en aprontar socorros para el Ejército, y la compasión y cariño en acudir con remedios y alivios a los heridos y cansados, son muy propias y peculiares de las mujeres. Hemos visto salir de esta Ciudad para la capital nuestros más lucidos Jóvenes ¿Y quién de nosotras podrá decir que no derramó lágrimas de ternura al verles caminar con tanta alegría y contento? Estas lágrimas que sirven de desahogo a nuestro corazón, han dado ánimo y esperanzas a los que por defendernos de la opresión de nuestros enemigos, y restablecer a nuestro amado Rey, van a prodigar su sangre, privándose de sus comodidades. Privémonos nosotras de las nuestras; reformemos nuestro lujo y llenemos los fines de la suscripción".
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