Animula, vagula, blandula (a Eloy Rubio Carro)

Por Bruno Marcos

05/05/2024
 Actualizado a 05/05/2024
Autorretrato de Eloy Rubio Carro, fallecido el viernes.
Autorretrato de Eloy Rubio Carro, fallecido el viernes.

El poema suyo que más me gusta es uno que dedica a una sencilla ave de la cual sólo encuentra ya unas plumas en el suelo de una jaula «rígido, liviano, volátil / como polvo alterado de un murmullo, de una expiración». Y esa muerte insignificante para el mundo altera la respiración del poeta cuyas lágrimas curvan su visión, «su pluma por el fondo de la pena / solo mi respiro altera, / remonta a la fuente de las lágrimas / la forma cóncava del mar / que ondula los trigales».

Son unos versos que destilan, con el motivo plástico de la muerte, el amor a la vida, tan fuerte y a la vez tan frágil, que se le ha ido ahora a su autor, como al pequeño pájaro de su poesía. Eloy Rubio Carro, les dio título tomando palabras del maravilloso poema de Adriano que comienza «animula, vagula, blandula», alma pequeña, vaga, blanda, huésped y compañera del cuerpo, que irás ahora a lugares pálidos, rígidos, desnudos… «pallidula, rigida, nudula».

Yo creo que a Eloy lo que más le gustaba era ser poeta y que ser profesor de filosofía y fotógrafo y periodista era una ampliación de serlo, como si las cosas que asoman en la poesía pudieran ser exploradas en todo lo demás. Un poeta que piensa, un poeta que enseña, un poeta que fotografía, un poeta que informa…

Recuerdo hablar con él de la biblioteca de sus tíos, los Carro Celada, una familia intelectual y sensible… Nunca ponía demasiada atención en nada que estuviera de moda en la cultura, ni siquiera en la moda de estar contra de la moda, sino que tenía ilusión porque aún hubiera algo interesante. En una ocasión nos envió unos textos para un libro de aforismos de un irlandés llamado Aidan McNamara, dimos por supuesto que era un seudónimo, otra invención suya, y sin embargo, el día de la presentación, se presentó con un hombre alto y rubio con acento inglés a comer en el sótano del bar Begoña.

Esperaba con impaciencia sus extensas reseñas de mis libros en el suplemento cultural de su periódico, Astorga Redacción, porque sabía que no tenía límite, que se metía hasta el fondo buceando a pulmón en la lectura e interpretaba creando, haciendo las más inesperadas y reveladoras conexiones, haciendo un texto nacido de otro pero que puede vivir solo.

Si, como dijeron Hölderlin y Heidegger, el poeta y el filósofo, es poéticamente como el hombre habita la tierra, en Eloy se veía.

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