Andrea Schager, el gran Sigfrido que Londres esperaba

En directo este martes en Cines Van Gogh, el tenor austriaco debuta en la Royal Opera House como el héroe wagneriano. Antonio Pappano dirige el montaje del ‘Anillo’ de Barrie Kosky

Javier Heras
31/03/2026
 Actualizado a 31/03/2026
Una escena de la ópera que este martes será retransmitida en directo en los Cines Van Gogh de la capital leonesa.
Una escena de la ópera que este martes será retransmitida en directo en los Cines Van Gogh de la capital leonesa.

Barrie Kosky está superando con nota el reto más grande de su carrera: el ‘Anillo de Wagner’,  que aborda al completo en la Royal Opera, teatro que llevaba dos décadas sin estrenar un nuevo montaje de la tetralogía. Pero a la aventura todavía le quedan dos capítulos. Tras el rotundo éxito de ‘El oro del rin’ (2023) y ‘La valquiria’ (2025), el prestigioso director australiano (1967) continúa donde lo dejó: con Brunilda atrapada en un círculo de fuego que solo podrá cruzar quien no conozca el miedo. Veinte años después, la rescatará Sigfrido, el hijo de Siglinda y su hermano (y por tanto nieto del dios Wotan), que reúne los pedazos de la mítica espada Nothung, mata al dragón Fafner, recupera el oro robado por los nibelungos y reta a su abuelo, cada vez más debilitado por su sistema de pactos.

Este martes a las 18:15 horas, Cines Van Gogh retransmite en directo desde Londres este valiente montaje, de decorados sombríos y enfoque realista, dentro de lo posible. En él, Kosky se rodea del mismo equipo estelar. A la batuta, el que durante 22 años fuese el titular aquí, Antonio Pappano (1959). Hoy al frente de la Sinfónica de Londres, es un verdadero apasionado de Wagner, de los leitmotive y de la densidad de su sonido. En los decorados, el alemán Rufus Didwiszus, y su compatriota Victoria Behr en el vestuario. La matizada dirección de actores, siempre cuidadosa y llena de intención, es una seña de identidad de Kosky; así aupó la Ópera Cómica de Berlín a la elite de los teatros europeos, como reconocieron premios como el ‘Opernwelt’ y el Olivier. Con él, los personajes nunca se sienten teatrales, sino humanos. Otra de sus virtudes es la audacia al escoger a los cantantes: si el año pasado hizo debutar como Sigmundo a Satanislas de Barbeyrac (en un radical cambio de registro después de toda una carrera como tenor ligero), ahora brinda a una estrella como Andreas Schager (1971) la oportunidad de estrenarse en Londres.

El austriaco es, con diferencia, el tenor heroico más solicitado de esta década. Su ascenso llegó a partir de 2016 de la mano de Daniel Barenboim en Berlín como Parsifal, al que seguirían sus dos papeles de cabecera: Tristán, con el que ha puesto en pie Bayreuth (2016, 2024, 2025), Viena (2022) o Madrid (2023); y, cómo no, Sigfrido, con el que se ha coronado también en la casa de Wagner (2023), en el Metropolitan (2019), en el Real (2021, 2022), de nuevo Berlín (2025) y el pasado enero en la Ópera de París, a las órdenes de Bieito y Heras-Casado. Da igual la ciudad, el año y el título: de Schager la crítica siempre destaca su potencia y proyección sin igual, pero también su pasmoso aguante (después de cuatro horas en escena, llega fresco al dúo final) y su versatilidad. Porque en vez de caer en la pura declamación, también es capaz del lirismo, el piano y los momentos íntimos. 

Su timbre, algo áspero, se compensa con creces gracias a la afinación, musicalidad, legato, flexibilidad, sorprendente agilidad, carisma y verdadero disfrute. A la credibilidad como actor y la intensidad expresiva se añade una generosa entrega emocional. Junto a él, un bajo en ascenso, el estadounidense Soloman Howard, criado en una familia de cantantes de góspel. Siempre a caballo entre los papeles italianos más pesados (Nabucco, Ramfis) y los alemanes, este año repetirá como el dragón Fafner (que interpreta desde 2019 en Montreal) no solo en Londres, sino también en Rotterdam y Dortmund.

El elenco lo completan otros nombres que ya conocimos en las entregas anteriores, como el barítono inglés Christopher Maltman (1970), que ya colaboró con Kosky en Frankfurt como Juan el Bautista (‘Salomé’) y aquí es un Wotan sutil y pleno de volumen, y la experimentada soprano sueca Elisabet Strid (1976) como Brunilda.

Para Richard Wagner (1813-1883), Sigfrido era el epicentro de su drama. Le importaba tanto que no solo bautizó así a su propio hijo, sino que en 1848 concibió el boceto de una gran ópera sobre la muerte del héroe (‘El ocaso de los dioses’). Pero se dio cuenta de que no se entendía, así que fue hacia atrás: contextualizó su vida (‘Sigfrido’), añadió un prólogo sobre el incesto de sus padres (‘La valquiria’), y otro sobre los dioses del Valhalla y hasta la creación del universo (‘El oro del rin’). Empezó a esbozar la obra con 30 años y la remató con 61.

Archivado en
Lo más leído