Es San Valentín una celebración que no dejarán desaparecer los grandes almacenes, los restaurantes, las floristerías... Pero también es una fecha para recordar historias entrañables, generosas y que bien merecen estar presentes en el Día de San Valentín pero, en la mayoría de los casos, no saben que existe esta fiesta; al menos a los que se lo pude preguntar pusieron cara de escepticismo.
Tal vez porque ellos lo celebran todos los días. ¿Os acordáis de Sinesio y Socorro, aquellos ancianos de Castilfalé que se vinieron a León y paseaban todos los días cogidos de la mano entre la admiración de quienes les veían pasar, les hacían fotos y un día un artista, Sergio Canga, los plasmó para siempre en el mural de una pared donde aún sigue en Ciñera? Pues se fueron ajenos a que se habían hecho virales, no sabían lo que es, pero cogidos de la mano hasta el último día.
Villasuso fue un minero asturiano que vino a trabajar a las prehistóricas minas leonesas de cobre y cobalto, se cree que fue «el último minero de La Profunda» y ya jubilado paseaba cada día de sus veranos cogido de la mano o del brazo de su mujer por las calles de Villanueva de Pontedo o Cármenes ajenos a los comentarios de los vecinos que disfrutaban de lo entrañable de la estampa. Hasta que él falleció.

Hasta la bolera del barrio de San Mamés caminaban cada tarde, desde sus casas, Teodora y Sindo, que se habían enamorado con más de ochenta años pero sus familias no lo entendían. Caminaban sin citarse, sin wasap, y llegaban siempre a la misma hora, se sentaban, se daban la mano y apenas hablaban, pero su cara de felicidad lo decía todo. «Yfeliz murió Sindo», decía Teodora, aquellos días que siguió acudiendo al banco aunque sabía que él ya no estaba. También era tarde cuando un grupo de vecinos quería hacerle un homenaje que ya no fue posible.
Pocas historias de amor, ajenas a fiestas comerciales, que la de la casi niña Lices con Gorete, el famoso maquis de Puebla de Lillo;pocas viudas hablarían con tanto cariño como Lices «de Gregorio». U, otra con sabor a guerra, la historia de Chelo, la guerrillera de Soulecín en los montes del Bierzo, que vio cómo asesinaron a sus padres, hermano... y Arcadio, el amor de su vida. Huyó a Francia, con el argumento de que ya no soportaba más muertes y no regresó hasta 2007, cuando fue exhumada la fosa de Arcadio y viajó para colocar una cinta que decía:«De Chelo, a mi amor eterno, Arcadio».
Nada que ver con San Valentín.