Alejo Ibáñez nada «a contracorriente» y en contra de lo que les suele ocurrir a quienes lo hacen... nada con éxito. En contra de todo pronóstico este leonés del Órbigo en vez de escribir una novela de la que se dijera aquello de «voy a esperar que la hagan en película» hizo una película de la que ha nacido una novela, curiosamente fruto del éxito del cortometraje que tituló ‘Amancio, un vampiro de pueblo’; concretamente de Santa Marina del Rey, el pueblo de Alejo y el de su abuelo Alejo, en quien se basa, en corto y por derecho, para explicar qué es exactamente este trabajo cinematográfico: «Me imaginaba cómo habría sido mi abuelo si hubiera sido vampiro».
Así se entiende este personaje y esta película que la crítica ha alabado (he recibido numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales) y ha definido con sus palabras. «Este delirio rural en clave de terror y comedia negra a partes iguales, narra la vida humana y vampírica de Amancio Barrallo Barrallo, natural de Santa Marina del Rey y vampiro desde hace casi 60 años. Solo se diferencia de nosotros, los humanos, en que no puede caminar bajo la luz del sol y en que necesita sangre. Pero al contrario que el resto de vampiros, Amancio disfruta tanto de la hemoglobina como de una buena copichuela».
Porque al crear un vampiro de pueblo Ibáñez lo tenía muy claro, estaba detrás la fascinación por el personaje de Bram Stoker, 'Drácula'; también por 'El baile de los vampiros', de Román Polanski, incluso viajó a Transilvania para visitar la tumba de Drácula... pero él quería construir su vampiro. «Me encanta Drácula, claro que sí, pero no quería limitarme a ponerle una boina. Tampoco pretendía contar la historia de un vampiro que está en su castillo pero sí el que está en su pueblo, el vampiro familiar que vuelve y atormenta y asusta a los vecinos. Me imaginaba cómo sería mi abuelo si hubiera sido vampiro y desde ahí fui sumando elementos hasta construir una comedia absurda».

Pero que también va mucho más allá de la comedia del absurdo que ha logrado algo que le parece muy complicado, «arrancar carcajadas en el público», sin que en ellas se desvanezca el tema central de la obra: la despoblación; la figura de ese Amancio que al lado de su copichuela de orujo espera que alguien venga a compartirla con él. «Es que es un fenómeno que lo veo y lo vivo. En Astorga todavía hay vida, incluso se salva parte del Órbigo, pero caminas 15 ó 20 kilómetros hacia la montaña y el panorama se va haciendo desolador».
Alejo Ibáñez se presenta vestido de la propia paradoja que lleva a su cine, a su novela, a su filosofía de vida. Debajo de su habitual boina circula por la vida un cineasta que pasó por la Escuela de Cine de Madrid, que trabajó en la Ciudad de la Luz, que cuida su literatura con el mismo mimo que graba un plano. Y un tipo que un día regresó a Astorga: «Cerraron los estudios cinematográficos en los que trabajaba, mi madre se jubiló y hasta se cruzó una grave enfermedad felizmente superada, apareció la pandemia... Y fue el momento oportuno de llevar a la novela aquella historia que hacía unos años nos había sorprendido a nosotros con su excelente acogida. Se trataba de por medio de aquel vampiro tan humano y tan vampiro retratar ese mundo de pueblos de adobe y gentes en madreñas, de por en el foco la despoblación frente a la cual la cultura puede ser una de las armas para combatirla. Y habiendo vampiros el lugar ideal para desarrollarla era el pueblo que cada año celebra la feria del ajo, Santa Marina del Rey».
- Igual que definió al vampiro con la referencia a su abuelo, defina la obra con otra referencia cultural.
- El fantasma de las navidades futuras, del gran Charles Dickens.