Alborear en La Robla... y 32

La revista Alboral de La Robla no faltó a su cita con el segundo de sus números semestrales, el 32, que es tanto como 16 años de andadura de una revista en papel

06/01/2026
 Actualizado a 06/01/2026
La Junta Gestora de la revista Alboral en su última reunión. | L.N.C.
La Junta Gestora de la revista Alboral en su última reunión. | L.N.C.

Entre los sinónimos de amanecer figura en los diccionarios el del ‘alborear’; a él se agarraron hace 16 años un grupo de entusiastas de la cultura y La Robla para dar a luz a una revista semestral que acaba de presentar su número de invierno, el 32. Jugaron entonces con un juego de palabras y del concepto de alborear y La Robla escrito al revés nació Alboral; algunos de aquellos se han ido, otros siguen y se van sumando nuevos miembros de esa trabajadora Junta Gestora. En este número despiden, por problemas personales, al hacendoso y entrañable Berto LaVid, que ha trabajado duro en los últimos tiempos. Que todo vaya bien.

Recuerdan en su saluda que nacieron para entretener y dar a conocer «pinceladas» de la historia de La Robla, con una publicación en papel de una revista gratuita, por lo que solicitan colaboración, publicitaria o en las huchas repartidas por el pueblo, bien lo merecen.

La portada del último número de la revista con dos edificios históricos de la villa
La portada del último número de la revista con dos edificios históricos de la villa

Y el número 32 sigue sus caminos, sus secciones, y algunas celebraciones, como que una de sus responsables —Noemí Suárez ‘La niña de los molinos’— acaba de sacar una novela, que explica; o que otra escritora, Nohelia Alfonso Saez, apadrina este 2026 una nueva ruta literaria, la de ‘La ruta de la bestia’, promovida por los alumnos del instituto siguiendo los pasos de su novela.

Historia local, fotos en blanco y negro, recetas, centenarios, el Coro Voces de Alba, el Hullero, ciencia e investigación con roblanos, patrimonio, deportes... y un largo etcétera llenan las páginas de este Alboral que sigue siendo fiel a su costumbre de alborear... culturalmente.

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