"Era albañil y me sentía inferior a mi novia maestra; me dije: volveré con un descapotable"

Leonés del Curueño, emigrante en Francia por orgullo y amor, albañil en el país vecino, constructor, negociante, dueño del bar de españoles más importante de Burdeos, triunfador y, sobre todo, un gran romántico

30/07/2023
 Actualizado a 30/07/2023
Daniel ha regresado a su tierra, vive en León, pasea y recuerda con añoranza a su compañera en los últimos años, recientemente fallecida. | F. FERNÁNDEZ
Daniel ha regresado a su tierra, vive en León, pasea y recuerda con añoranza a su compañera en los últimos años, recientemente fallecida. | F. FERNÁNDEZ

Daniel Amador Diez te gana en la distancia corta nada más encontrarte con él, es hablador pero no charlatán, cercano pero muy sincero, se desnuda en sus recuerdos y en sus afanes, no dulcifica los recuerdos, no maquilla sus verdades. 

- ¿Cómo decidiste emigrar a Francia?
- ¿La verdad?
- Mucho mejor
- Siempre se puede decir, sin mentir además, que buscabas un futuro mejor, que Europa era como un sueño, en fin; pero la verdad es que yo tenía una novia que era la maestra del pueblo y, sinceramente, yo era albañil, había aprendido el oficio con mi padre, y me sentía inferior a ella, que era culta, preparada... y decidí que me iría a hacer fortuna y regresaría a buscarla con un descapotable, que entonces era como decir éxito...

Y, vaya por delante, regresó y traía un descapotable, un gran descapotable, un deportivo blanco, un Florida, que para ilustrar su ‘importancia, recuerda Daniel que era el que le gustaba a Brigitte Bardot, el gran mito del cine francés de la época. "Aquel Florida descapotable, deportivo, blanco, era para mí un viejo sueño cumplido y vine con él. Ahora que reparo, siempre he construido mi vida en base a sueños y los he ido alcanzando, aunque no me han faltado decepciones, las mayores, ya te lo adelanto, haber perdido a las dos mujeres que marcaron mi vida, mi esposa en Francia primero y mi compañera en León en la recta final, aún muy reciente, aún me duele mucho". Y en ese momento, cuando lo recuerda, no puede reprimir las lágrimas este paisano de 84 años, con mucho vivido. "Pardon", se le escapa en francés y lo traduce al instante. "Perdón, perdón".

"Aquel Florida descapotable era un sueño, siempre he construido mi vida en base a sueños"

En su sinceridad no oculta que en aquella época de noviazgo con la maestra de su pueblo, que era de la montaña, también tenía ‘otra novia’ en Matallana, María Jesús. "Yo era muy joven y te aseguro que si le ves los ojos, bellos como no he visto otros, también te enamoras de ella. He preguntado por ella y me ha dado mucha pena  saber por un primo suyo que aquella luz que irradiaban sus ojos se ha apagado, les ha borrado el recuerdo esa terrible enfermedad que borra los recuerdos y debe acompañarla su hija para salir de casa".

De hecho, parece que fue María Jesús quien le acompañó al tren cuando tomó la decisión, irreversible, de irse a Francia. "Nos despedimos sin un beso como nos hubiera gustado pero en aquellos tiempos no se podía besar en público". Y en sus sueños seguía aquella maestra nacida en Reyero, Herminia Fernández, que le hacía sentirse inferior.

- ¿Qué te hizo creer que superarías ese sentimiento de inferioridad regresando con un gran descapotable?
- Pues, de alguna manera, ella, no directamente. Recuerdo que cuando me iba a ir en el pueblo, Ranedo, se formó una comitiva para despedirme en la que estaba, por supuesto, mi madre, muy triste y la consoló la maestra con unas palabras que se me grabaron: ‘No llore, señora Aurelia, que verá que dentro de poco volverá con un coche muy bonito.

Seguro que aquella ‘novieta’ no imaginaba que tan solo 18 meses más tarde aquel chaval regresaría con el descapotable. 

Lo que ocurría es que a Daniel le comenzaba otra vida en Francia, eran otros tiempos, volvía cuando se lo permitían sus ocupaciones allí y "la vida ya se me atravesó de diferente manera. Me fue bien, pero estudié como un burro, yo tenía unos sueños y los perseguí hasta hacerlos realidad".

"Después de 50 años felizmente casado en Burdeos, regresé al fallecer mi esposa y me reencontré con aquella maestra y fue como un flechazo juvenil, vivimos ocho años increíbles"

Recuerda que se inició en el que era su oficio, el que le había enseñado su padre, albañil como él. "No sabía ni una palabra en francés, ni bonjour, y allí me vi, en Burdeos. Encontré trabajo, me encerré a estudiar francés y te voy a contar una anécdota que define cómo fueron aquellos tiempos. Al mes de estar allí fui a hablar con el encargado que tenía en las obras y al rato de conversar nos damos cuenta de que estamos hablando en francés y nos entendemos... los primeros años fueron terribles, trabajar, estudiar y a casa, no salía para nada. Con el tiempo fueron mi hermano y otros familiares y ellos salían a jugar la partida y divertirse... pero yo ta tenía otros sueños". Siempre los sueños de Dani...

Pronto fue ‘creciendo’ en el oficio. Aquel albañil del Curueño —nacido en Montuerto en 1938 y criado en Ranedo— pronto ascendió a encargado y en cuanto a los plazos legales de estancia se lo permitieron ya se puso por su cuenta. Pero en este tiempo ya había anidado en él otro sueño. En sus trabajos de albañilería había acudido a la finca de ‘una gran señora’ y supo que algo así sería su casa, la de su familia. Tardo más de los 18 meses que le costó comprar el descapotable pero... "Un día de 1975 regresé a casa y le anuncié a Sagrario, mi esposa: "Mamá, ven a ver la finca al otro lado del Chemin de la Peyrette en el que nos vamos a construir la casa de mis sueños" que, recuerda Daniel: "era como decirle que la iba a construir para ella y nuestros tres maravillosos hijos". La casa, espectacular, aún llama la atención.

- ¿No se te acababan los sueños?
- Bueno, el bar que monté no era mi sueño, pero ocurrió que a la anterior dueña se le estaba atragantando su gestión, me lo ofreció, me pidió mucho y yo le ofrecí pisos de los que había construido, y aunque nunca creí que aquello ‘cuajara’ me vi al frente de una cafetería que era la más importante de las españoles que vivían en Burdeos, allí acudían los exiliados españoles, los emigrantes, muchos leoneses, se hablaba de España, jugábamos la partida. Era otra forma de soñar, con nuestra tierra.

- ¿Funcionó bien el bar?
- Muy bien... Te doy un ejemplo, un lunes, que era fiesta en Francia, me dio por contar la gente que había y eran 171, no olvido la cifra. 

Así siguió su vida de sueños hasta que ocurrió la primera gran pérdida, la de su mujer, Sagrario, "que me había dado 50 años de la felicidad más plena, pero se fue de manera cruel el 4 de junio de 2015".
Regresó a León a combatir la ausencia y en la persecución de sus sueños antiguos viajó a Reyero, el pueblo de aquella recordada maestra. Y allí estaba. Viuda. "Estaba asomada al balcón y no me reconoció. Soy Daniel, le dije, y bajó las escaleras de dos en dos. Fue como un flechazo juvenil y me ha dado, hemos disfrutado de ocho años inolvidables, felices, tranquilos... pero en enero de este año me he vuelto a quedar solo, Emy también se fue".
Y en ese momento, nuevamente, las lágrimas le impiden seguir hablando de sus sueños. "Pardon". 

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