Probablemente en Ardón sea en el único lugar de la provincia en el que se puede llegar hasta una fragua, la de de Goyo, siguiendo el acompasado tintineo del golpeo del martillo contra el yunke, domando con la ayuda del fuego una barra de hierro hasta convertirla en una herradura, una lámpara, una flecha o una verja, que primero dibuja con una tiza amarilla sobre el hierro y en pocos minutos convierte en una brillante pieza que, repite, «no tiene nada de lima, aquí todo va a yunke, martillo y fuego».
Y, consciente de la incredulidad que provoca su trabajo, cada poco tiempo repite una pregunta de la que sabe bien la respuesta:
- ¿Tú crees que de aquí saldrá una herradura?
- Yo creo que sabes que sí.
- Tres minutos tardaba en hacerla cuando estaba en la Escuela Taller y me sobraban unos segundos… pero ya voy teniendo una edad.
Claro que tiene una edad, como dice él, concretamente este domingo, 30 de agosto cumple 90 años: ·Nací en el 36, en 1936, vaya año». Ni aparenta esos años, y mucho menos te los imaginas viéndole trabajar en la fragua, comprobando la precisión con la que golpea las piezas para arrancarle al hierro una herramienta, ni un milímetro se le desvía ‘el golpe’ «porque si le das a este nervio central lo estropeas todo».
Decíamos que casi con seguridad solo en Ardón es posible en la actualidad llegar hasta su fragua siguiendo el sonido del martillo, la música del yunke, el compás del herrero. El propio Gregorio González Fresno explica que «no me han hablado de ninguna otra fragua en funcionamiento desde que murió hace unos años el herrero de Valdespino de Somoza» (se refiere a José Ares, fallecido en 2021). Y él aclara e insiste en que ya no está en activo: «Llevo 25 años jubilado, casi todo este siglo, pero la costumbre me trae hasta aquí, enciendo el fuego, me entretengo, recuerdo cosas. Que en esta fragua se han vivido muchas cosas, si yo te contara, tardes de conversación y, cuando se torcían, casi hasta peleas.
Venían muchos vecinos para aquí, que siempre estaba caliente con el fuego… Ya sabes lo que dice el refrán: "En días de agua… cantina o fragua; y yo no soy de cantina". Refrán que tenía otra extensión que también le viene muy «a cuento»a lo que Goyo recuerda:«Cuando el labrador no tiene nada que hacer, va a la cantina a beber, o a la fragua a entretener».
El viejo fuelle, colgado en el techo, habla de muchos años de antigüedad de la fragua, de siglos de historias que corroboran también las fechas escritas en todas las piezas de la fragua, y que nos llevan muy lejos en el tiempo; 1885 se lee en una lámpara. «Claro que 1885... y más viejas»dice mientras se pone ‘el mandil’ de cuero, típico de los herreros: «No te sabría decir los años que puede tener, más que yo… me atrevería a decir siglos, que yo ya soy la séptima generación a los mandos del fuego».
- ¿Siete generaciones?
- Yo soy la séptima… y la última, que nadie viene detrás y yo mismo tuve que buscarme la vida ya hace unos cuantos años, que en los pueblos este negocio se venía abajo, y eso que cuando yo marché para León , para trabajar en talleres de forja artística y después estuve de maestro en la Escuela Taller de León, con Paco Azconegui».
Cuando íbamos camino de la fragua de Gregorio nos avisaron: en Ardón «Id preparados para escuchar y aprender, que Goyo es una enciclopedia de lo suyo». No exageraron ni un ápice, Goyo sigue contando, recordando y agradeciendo la salud que la vida le regaló: «Con noventa años todavía si le meto un golpe no se si tumbaría a un paisano… pero que se tambalea seguro», dice sonriendo pues nunca necesitó probarlo. Lo suyo es el martillo, pero solo para ‘domar’ el hierro, con la ayuda de ese fuego que, lamenta, «tiene que arrancar con un carbón muy malo, desde que no tenemos minas... Yo lo cogía muy bueno en la Magdalena».
El veterano herrero es un pozo de anécdotas y recuerdos, salta de unas a otras con tanta velocidad como lucidez.
- ¿Solo trabajaste aquí en Ardón y esos años en León?
- ¿Cómo? Fui a trabajar a casa dios que me llamaran, a herrar caballos, mulos, vacas, paisanos (ríe abiertamente ante su propia broma)... lo que sea. Me llamaron mucho para esa zona de Boñar y La Vecilla y todos esos pueblos.
Salta de un tema a otro, de unos recuerdos a otros, de su gusto por la coversación, su pasión por los toros que refrendan unas cuantas críticas taurinas y reportajes colgados por las paredes de ese museo vivo que le llaman en Ardón ‘la fragua de Goyo’, el último herrero de la provincia.
- ¿Y cuando estuviste en los comercios de forja artística qué hacías?
- Muchas veces cuando voy por León de repente veo una verja, como esta tan famosa de Botines; y pienso, ésa la hice yo, y qué bien hecha está;también carteles de comercios, ¿tú conoces ese bar de La Gitana? pues fíjate en el cartel, que también es de Goyo el de Ardón, como un balcón de la Plaza Mayor... hasta para un hotel de Tenerife... Qué se yo.
- ¿Y lo de ser profesor del Centro de los Oficios?
- Pues me fueron a buscar. Necesitaban gente experta, que supiera del oficio, y me llevaron.
- ¿Y allí qué hicisteis?
- De todo, pero sobre todo enseñar a los chavales. Para afuera no se podía trabajar, una vez que le eché unos puntos de soldadura al cartero me llamaron la atención, que no se podía... Claro que después llegó una señora con un abrigo de visón y, por lo que sea, sí le hicimos lo que quería. Después resulta que se le olvido ir a pagar el trabajo, les cayó bien, pero yo no dije ni mu, con la bronca que me habían echado... Oir, ver y dar con el martillo.
La tarde, además de lluvia, podíaser eterna. Goyo tiene repertorio para seguir, como bien nos habían advertido y, por él, aún estaríamos allí.
- Entonces, ¿cuándo volvéis?
- Para celebrar los 100 años, nos haces otras lanzas y otras herraduras.
- Aquí os espero, si no os acordáis de dónde está la fragua, por el humo de la chimenea ya la localizais.
- Y si no por el sonido del martillo sobre el yunke.
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