En Celadilla todos hemos hecho teatro, todos pasamos por el grupo del pueblo que dirige Neli"; explicaba no hace mucho el presidente del pueblo, Poli, para justificar la creación de un nuevo espacio cultural. Y Neli sigue en activo, como directora —ahora está trabajando en el guión de un pequeño documental—y como vecina cuando va a cumplir en horas los 90 espléndidos años.
Esa edad es motivo más que suficiente para organizarle un homenaje como el que le han hecho este sábado, que ella ni sospechaba pues lo llevaron muy en secreto, pero no hacía falta que llegara a los 90, sobran los motivos desde hace mucho pues, como decía su hijo Gari: "Es generosa en exceso y, le cuesta dejarse ayudar. Es bromista, divertidísima pero también tiene su genio y su chispa. Siempre le gustó disfrazarse, imitar a personas, provocar hilaridad y risas. Sobretodo en el Antruejo de Velilla. Es trabajadora casi obsesiva".
- ¿Y esa afición por el teatro?
- Siempre le gustó el teatro y las comedias, en su juventud llegó a actuar en comedias populares y obras teatrales en su pueblo natal Velilla. Ahora es directora del grupo de teatro de Celadilla. Acude a clases de indumentaria tradicional, algo que le fascina, con su amigo-hermano-hijo Carlos al que adora. También va a clases de memoria, de pilates, de gimnasia y participa en todas las innumerables actividades que se realizan en el pueblo.
Y hace unos dulces, no en vano se sumó al oficio de su marido, panadera... "Su casa siempre tuvo las puertas abiertas para todo el que se hacía querer. El obrador, nosotros le llevábamos, cocina del horno era a la vez obrador, salita, salón comedor, sala de estar, sala de costura, despacho de pan. Al morir Sergio ella decidió ocupar su tiempo en lo que más le ha motivado: cultivar el Huerto de las Ánimas: Tomates, pimientos, lechugas… de todo, tiene mano para ello".
Neli, como se ha dicho, es de Velilla de la Reina, pero al poco tiempo de casarse se fue a vivir con su marido, Sergio, y su hijo, Gary. Allí tuvo a Begoña y a Marijose, a las que define como "dos florecillas paramesas divinas. Alegres, divertidas, extrovertidas, geniales".

Neli cuenta muchas historias de su juventud y su infancia. De lo que más se acuerda es de las peripecias, casi todas divertidas, de cuando trabajaba en La Pajera de la Estación de Villadangos, una fábrica de fundas de paja para botellas de vidrio. También de cuando trabajó en Madrid en un colegio de sordomudos. En ambos sitios se lo pasó divertidísimo. En la pajera, solía gastar bromas a compañeros y hasta a Daniela, la mujer del señor Jerónimo. Cuando se pone a ello desgrana mil anécdotas, para recordar que "trabajaba duro de día y por las noches cosía vestidos y otras prendas".
A ver cómo cuenta ella lo que le ocurrió el sábado, ese homenaje del que ella nada sabía pero que nadie duda que tanto merecía.
No se puede ser más buena que Neli.