Curiosamente hace un par de días que nuestro compañero Diego Pérez Cillero publicaba en La Nueva Crónica la noticia de que «el estudiante universitario leonés, Alberto Mainz, ha visto reconocida su trayectoria académica en la Universidad de Coruña con el premio Ángela Ruiz Robles, este estudiante, ya graduado de Gestión Digital de la Información y la Documentación, fue uno de los pocos galardonados con este reconocimiento, al que cada año optan los más de 50.000 alumnos de toda la comunidad gallega».
Es solo un ejemplo más de los reconocimientos que llevan el nombre de Ángela Ruiz Robles pero tiene un valor ‘sentimental’ añadido, ya que el premio obtenido por el joven estudiante lleva el nombre de otra leonesa, de Villamanín, maestra e inventora recordada en su pueblo como Doña Angelita.
Se da con ella una feliz circunstancia, poco habitual, y es que Ángela Ruiz, bastante olvidada en vida pese a ser una gran inventora, ha logrado en los últimos años reconocimientos de todo tipo gracias al ‘apellido’ de Inventora del precursor del libro electrónico’; por cierto, un invento que patentó, querían varios países pero no logró que el suyo, España, se interesara por él. Desde hace unos años se han ido sucediendo noticias muy positivas para doña Angelita: Protagonizó un doodle de Google que le dio gran visibilidad mundial, fue utilizada como imagen de inventora de las calculadoras de Casio, se publicaron diversas monografías y biografías sobre su apasionante vida y hasta un parque de su localidad natal —Villamanín— lleva su nombre desde hace varios años; al margen de reconocimientos en Galicia, la tierra donde se afincó cuando contrajo matrimonio con un militar gallego. Había nacido en la capital de la Tercia en 1895, donde su padre regentó la farmacia del pueblo y cursó los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de León y ejerció de maestra en la cercana comarca de Gordón.
El gran invento de doña Angelita —además de una biografía cargada de gestos humanos y solidarios, como dar clase gratis en barrios pobre y cárceles— fue la Enciclopedia Mecánica, que patentó como en 1949 como ‘Procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros’, que tenía como objetivo «innovar en la enseñanza para conseguir que fuese más intuitiva e, incluso, más divertida. La idea era adaptar el formato del libro tradicional al progreso tecnológico»; en definitiva, el precursor más claro del e-book; al margen de haber publicado 16 libros sobre materias como ortografía, taquigrafía, mecanografía, gramática, historia y geografía.
Por suerte, y por una vez, el tiempo sí hizo relativa justicia con una mujer realmente pionera y que, como confesaba una hija cuando acudieron a inaugurar el parque con su nombre, «jamás se olvidó de Villamanín, de su infancia aquí, hasta el punto de que a sus hijas nos dormía cantando canciones de esta tierra». Y para corroborarlo cantó un trozo de una de ellas, provocando un momento realmente emotivo en aquel acto.
Ha pasado medio siglo... para bien.