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Listos como burros

Listos como burros

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Toño Morala | 11/11/2019 A A
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Listos como burros
Sociedad Al burro el nombre no le hace justicia, pues se trata de uno de animales más listos que hay y, además, uno de los mejores colaboradores del ser humano en todo tipo de trabajos
Tenía un tío del que les escribe, una burra que se llamaba ‘Lola’, y que la tuvo por lo menos unos veinte años; a su voz, venía rauda a que le diera un caramelo, y con papel y todo, se lo comía como saboreándolo… y mira que le gustaban; era muy cariñosa y jamás soltó una coz a nadie de la casa. Sí, hoy vamos a escribir sobre los burros, también llamados asnos, jumento, pollino y borrico; buche, al recién nacido, y como todas las cosas, dependiendo de comarcas, pues se les llama de maneras distintas, pero por lo general, burro o asno. Y empezamos con la desesperanza del nombre, de lo maltratados que eran en otros tiempos; solo se les enseñaba a llevar cargas y poco más, pero el burro, bien adiestrado y bien cuidado, ha servido y sigue haciéndolo en diversas partes del planeta, y ha ayudado, y mucho, a la evolución del ser humano, tanto para la agricultura, como para el comercio y las pequeñas industrias. Tierno y mimoso igual que un niño, pero fuerte y resistente como una piedra.

Sobre este sufrido animal ha recaído todo el esfuerzo de las generaciones que no conocieron la mecanización. Tan pronto sirve como montura, como para carga, como para tirar de un carro, como sirvió tanto a los ancestros sedentarios como nómadas. Además, es un animal que come mucho menos que un caballo y bebe menos agua, así como come las peores hierbas, cosa que un caballo no hace y el servicio para los ganaderos es impagable, además de llevar lo imprescindible para el pastoreo, también cuidan del ganado, y se pueden enfrentar al lobo sin ningún problema, la cosa pasa por estar bien adiestrados también, con los perros del pastor. Y qué dice la historia sobre este necesario animal; pues comenta pocas cosas, pero a la vez, le da un realce que tuvo desde hace miles de años. El burro es patrimonio de la humanidad, parte integral del medio ambiente y de la cultura. En los tiempos antiguos existía una ruta comercial que iba desde el Pacífico hasta el Mediterráneo, conocida de sobra, la Ruta de la Seda (duraba varios años).

Entre los animales de tiro, se encontraba el burro; también nos cuenta, que los asnos domésticos europeos, proceden de dos líneas de asnos africanos, el Asno salvaje de Nubia, y el Asno salvaje de Somalia, y que su aparición como animal doméstico se ubica en el noreste de África, desde donde lo sacaron en sus migraciones. También comenta que hace unos seis mil años que prestan sus servicios a la humanidad, y que, en la península ibérica, la mitad, unos tres mil… bien, nada que objetar. Una curiosidad… hay dos versiones sobre quién introdujo el burro en el caribe; Colón, en su segundo viaje a las américas, llevando cuatro machos y dos hembras que dejó en La Española, ahora Santo Domingo, y de ahí pasaron a México donde se extendió. Otra, cuenta, que fue Fray Juan de Zumárraga, cuando regresó a Nueva España en 1530, en su calidad de primer obispo de México; los tamemes, le impresionaron su forma de llevar las cargas a la espalda, e importó burros de Castilla, donde el burro había convivido con el hombre desde hacía tres mil años. Bueno, pues es lo que hay, esto fue hace cuatro días como quien dice…

Burro, sí, pero listo, y los favores que hacía a los ingenieros de caminos. Se cuenta que cuando se quería trazar el mejor de los caminos entre un pueblo y otro, confiaban en un burro. El asno, con una brocha con cal en la cola, iba dejando la marca del camino a seguir, casi siempre el más sencillo y provechoso. Otra leyenda, cuenta, que el puerto del Manzanal, lo trazó un burro con la ayuda de un pastor buen conocedor del terreno, pero lo dejamos como leyenda… Y con los burros llegó el comercio; su capacidad para transportar dócilmente el 30 % de su peso dio paso a una nueva etapa en el transporte de mercancías. Se usaba de transporte mucho antes que los caballos, que se criaron originalmente en Asia solo por su carne. Haskel Greenfield, de la Universidad de Manitoba (Canadá), comenta… - «La importancia de los burros como animales domésticos fue clave para la evolución de los ancestros -y recuerda que- continúa impactando en la vida política, social y económica de muchos países del tercer mundo donde siguen siendo un medio importante de transporte».

Y pasamos a otra cuestión que tiene su aquel, ya lo verán… la leche de burra. «La medicina sacó gran partido de la leche de burra. Se vendía bastante cara para las enfermedades del pecho. Era un remedio que se recomendaba en estas afecciones. Debía producir buenos resultados cuando se empleaba desde la Antigua Grecia. Se recomendaba contra la gota, constipado, infección de orina, para las enfermedades de los ojos… Análisis recientes, han revelado que la leche de burra es rica en carbohidratos con unas potentes propiedades inmunoestimulantes… (cuidado con esto) la gente de campo de la India la usa como alimento infantil». También se ha usado en casos de sida y cáncer. Y seguimos con otra leyenda sobre el burro, ese animal tan listo. «Un día, el burro de un labrador se cayó en un pozo. El animal rebuznaba, mientras el labrador trataba de buscar algo que hacer. Finalmente, decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas, que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo. Llamó a sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a echarle tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y se quedó quieto, después de unas cuantas paladas de tierra, el paisano finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio… con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble, se sacudía la tierra y daba un paso encima de la misma. Muy pronto se sorprendieron cuando el burro llegó casi hasta la boca del pozo, pegó un salto y salió trotando…» ¡Vaya con el burro!

Y cerramos, no sin antes hacer una mención, y darles las gracias, a estas buenas gentes que están tirando de los asnos para sacar adelante un gran proyecto respecto a las razas en peligro de extinción; razas hay varias, pero son tres las razas autóctonas en España: Cordobés Andaluz, Catalán, y la del Burro Zamorano-Leonés, que originario del asno europeo, es en la zona geográfica delimitada por la Cordillera Cantábrica y los ríos Cea y Órbigo, de donde posteriormente se extendió por las dos Castillas. «Es un asno bien conformado y de gran corpulencia. Se caracteriza por el color oscuro de su capa (negra mal teñida), su voluminosa cabeza, abundante pelaje en frente, ojos, contorno de las orejas y la parte inferior del vientre. Su perfil recto y las órbitas de los ojos muy marcadas. Gran desarrollo capilar-lana, lo que da al animal una especial fisionomía». Y es ASZAL ‘asociación nacional de criadores de raza asnal zamorano-leonesa’, los que llevan años sacando adelante a estos nobles animales. «El burro Zamorano Leonés, que durante muchos años fue campesino, minero, obrero, taxista, bombero o pastor, está en peligro de extinción, y ahora, su papel es el de animal de compañía», comentan desde la asociación. Algunos los tienen también como anti-estrés; pero lo más sorprendente, fue, cuando por la televisión vimos el programa donde estos asnos, aparte de limpiar los montes de matorral, caminos y sendas, lo hacen dejando las plantas de árboles que nacen, y no se las comen, pareciera que tuvieran ese instinto por cuidar la naturaleza, que muchos no tenemos. Y cómo no recordar alguna de aquellas obras maestras de nuestra literatura, donde el burro sale bien parado… Sancho Panza nombra a su jumento como «el Rucio… mi Rucio», en el Quijote de la Mancha; y el famoso burro que nos dejó Juan Ramón Jiménez, Platero y yo…
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