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Libros

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OPINIóN IR

02/06/2019 A A
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En fechas de ferias que difieren la celebración del libro hasta acomodarla por acá y por allá en días presuntamente más cálidos, dos ejemplares me llegan que no me resisto a comentar. Porque merecen la pena, indudablemente, pues de otro modo me ahorraría la crónica, y porque sus autores comparten orígenes que conviene reivindicar.

De un lado, ‘Lobos’, firmado por Mario Sáenz de Buruaga, y, de otro, ‘Índice de índices’, de la mano de Hilario Franco Bastelo. Biólogo el uno y profeta el otro. Al alcance está el primer texto y no venal es el segundo, al menos hasta dentro de un año, como quiere su autor. Gustará el primero sobre todo por su despliegue fotográfico e interesará a especialistas más que al público común. Arrebatará el segundo por contenido y forma y nos dejará, vulgares mortales, empequeñecidos por la sabiduría que desvela.

Contaré que ambos dos, Hilario y Mario, habitan en las semillas originales de la universidad leonesa, donde estudiaron, vivieron con intensidad y contribuyeron decisivamente en sus primeros pasos. Como otros más, que también publican libros, que esparcen saberes o que llegan a presidir gobiernos, aunque no todos arriesgaran el tipo entonces del mismo modo. Porque el alumnado de aquellos años se aventuró así mismo en la construcción y posterior destino de la entidad. No sólo fue cosa de presidentes de cajas de ahorros, catedráticos de viejo cuño o inquilinos de los extintos colegios universitarios. Extraña por ello, o quizá no si se tiene en cuenta su condición profundamente estamental, que en cada celebración, en cada aniversario en la universidad se ignore de forma sistemática a quienes en ella estudiaron y en ella se comprometieron.

No perdieron el pulso, como se ve, por semejantes cuitas, y de vez en cuando nos vuelven en forma de libros u otros productos herederos tanto de aquellos estudios como de sus circunstancias. ¿Cuándo lo reconocerá como merece la Universidad de León? ¿Cuándo se podrá escribir el libro definitivo de esa historia?
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