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Lecturas obligadas

Lecturas obligadas

OPINIóN IR

09/10/2021 A A
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Lecturas obligadas
Nadie en su sano juicio puede dudar de la magia de la radio, que a través del oído consigue generar unas incomparables reacciones en nuestra masa gris. Pero en ocasiones, la radio en directo permite que el sentido de la vista también sea de la partida. Si a esto unimos la complicidad de la madrugada y un escenario atiborrado de historia, tenemos ante nosotros una alineación planetaria, que provocó que un servidor viajara a mediados de los 90, cuando en el instituto nos obligaban a leer ciertos libros. Me explico.

El fin de semana pasado el salón de los Reyes del Ayuntamiento de León se convirtió en un estudio de radio para recibir a La Rosa de los Vientos de Onda Cero. La función radiofónica comenzó a la una de la mañana, pero antes ya había disfrutado de una primera sorpresa, la presencia de Julio Llamazares.

Escuchar las reflexiones de este escritor te hace disfrutar casi lo mismo que leerle. Cuando habló sobre dos de sus creaciones, Luna de lobos y La lluvia amarilla, mi mente buscó entre sus recuerdos para traer al presente las sensaciones que en su día me habían provocado su lectura. Eso sí, una lectura obligada, porque en los años de adolescencia si el profesor de literatura no me lo hubiera impuesto, dudo de que por decisión propia hubiera invertido mi tiempo en acompañar a unos soldados republicanos mientras intentaban sobrevivir en el monte, huyendo de las represalias del frente victorioso, o siendo el compañero de viaje de Andrés durante sus últimas horas, el único habitante de Ainielle, un pueblo abandonado del Pirineo aragonés.

Quizás hubiera encontrado esas dos obras más adelante, pero ya no sería lo mismo. La lectura de cada libro es única e irrepetible, ya que existen unos factores que no se van a repetir, como pueden ser la edad o el estado de ánimo. Afortunadamente me obligaron a leer Luna de lobos y La lluvia amarilla cuando mi neceser no contenía todavía maquinilla de afeitar. Doy las gracias al sistema educativo que me obligó a enfrentarme a la prosa de Julio Llamazares. Eso sí, viendo el cariz que está tomando la educación en nuestro país, en breve serán los alumnos quienes decidirán lo que quieren leer, no vaya a ser que padezcan un episodio de ansiedad al tener que someterse a la autoridad del docente. Por mi parte, me declaro reincidente, ya que la magia de la radio ha conseguido que casi tres décadas después, me anime a volver a tener entre mis manos las dos novelas de aquel escritor que ya en su día, no me dejó indiferente.
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