Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad
Lección 1: respeten al maestro

Lección 1: respeten al maestro

CULTURAS IR

Ampliar imagen
Sofía Morán de Paz | 01/12/2019 A A
Imprimir
Lección 1: respeten al maestro
A debate Por Sofía Morán de Paz
Mi hijo Dimas, con sus 4 años casi recién cumplidos, es ahora mismo una pequeña esponja que lo absorbe todo. Palabras, expresiones, formas de actuar, experiencias… todo. Todo lo de su casa, pero también todo lo del colegio, que es un referente evidente para él, porque es allí donde pasa gran parte del día, y allí se forma, aprende, convive y crece, acompañado siempre por sus magníficas ‘teachers’. Hay pocas figuras que sean más importantes en el desarrollo de las personas que sus maestros y profesores, quienes no sólo inculcan conocimientos, sino también valores y todo tipo de aprendizajes.

El pasado miércoles celebramos el Día del Maestro en España, un día especial en el que reivindicar su figura y destacar su valiosa labor. Esto es especialmente importante ahora que la noción de autoridad y respeto se va diluyendo poco a poco, y la violencia contra los profesores aumenta en España de forma significativa.
Y es que hemos pasado de dar por bueno aquello de «la letra con sangre entra», aceptando de buen grado a esos profesores herméticos e inaccesibles a los que no podías ni toser, esos que a veces ejercían su autoridad repartiendo capones y a los que resultaba impensable contradecir, y nos hemos ido, en unos pocos años, al extremo más opuesto posible.

A veces son agresiones, empujones en un pasillo, insultos, una mala foto en plena clase, que acaba colgada en internet para hacer mofa y escarnio. Otras veces no es tan evidente, es una violencia de baja intensidad, un ninguneo continuo, desprecios y malas formas. Situaciones complicadas a las que se enfrentan muchos maestros cada día, una clase detrás de la otra, hasta dejarles el contador de motivación a cero.

Pero lo peor de todo, es que no sólo los alumnos hacen mal las cosas, lo cierto es que la mayoría de las veces, tienen a quien parecerse. Díganme cómo coño van a respetar nuestros hijos a sus profesores, si nosotros somos los primeros que no lo hacemos.

Cuando los padres acudimos a formalizar la matrícula de nuestros hijos, en el centro escolar escogido, deberían entregarnos, además de la agenda, los menús escolares, o el calendario de fechas no lectivas, un manual de estilo para padres, con consejos y recomendaciones para afrontar el curso, cosas sencillas como que: «Es recomendable no pegar, gritar o insultar a tutores y profesores», «procure no hablar mal del profesor de su hijo, especialmente si el niño está delante», «tampoco le ponga ‘a parir’ en el grupo de WhatsApp de la clase, solicite antes una tutoría para hablarlo en persona», «no le diga al maestro cómo ejercer su función, es probable que ya lo sepa», «la nota de su hijo, es la que le corresponde, por favor, no acuda al colegio a ejercer presión en busca de un aprobado que no merece, resulta violento para el docente».

Que no, que no exagero, les aseguro que todas estas cosas, suceden cada día en centros escolares de todo el país.

Es habitual que los padres pisemos poco el colegio de nuestros hijos, que no vayamos a las charlas propuestas, a las tutorías, ni a las reuniones, preocupados básicamente por el día en el que llegará el boletín de calificaciones, y poco más. Pero ojo, cuando surge el más mínimo problema en el centro, entonces sí, allí estamos los primeros, brazos en jarra en busca de explicaciones, tomando partido de forma inmediata por nuestras criaturas, de forma ciega, ridícula e incondicional. Nos volvemos injustos, y capaces de defender lo indefendible. Este comportamiento es cada vez más frecuente, y quien lo sufre, lo sabe. Una conducta tremendamente dañina para nuestros hijos, porque les impide hacer autocrítica y mejorar su comportamiento. Créanme cuando les digo que, flaco favor les hacemos.

A veces, a todos se nos olvida que, padres y profesores estamos condenados a entendernos, desde el respeto, la empatía y la confianza mutua. Porque cuando ambas partes reman en la misma dirección, mejora el rendimiento y la autoestima, además de ayudar a prevenir el acoso y los conflictos en el aula. Existe tal unanimidad en los beneficios de esta cooperación, que seríamos unos auténticos necios, si al menos, no lo intentáramos.

Sofía Morán de Paz (@SofiaMP80) es licenciada en Psicología y madre en apuros
Volver arriba
Newsletter