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Lana merina leonesa, ¿el oro blanco?

Lana merina leonesa, ¿el oro blanco?

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Un momento de la Velada Trashumántica que se celebró este lunes en Salamón a la sombra de su ermita del Roblo. | DAVID RUBIO Ampliar imagen Un momento de la Velada Trashumántica que se celebró este lunes en Salamón a la sombra de su ermita del Roblo. | DAVID RUBIO
Fulgencio Fernández | 11/08/2020 A A
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Lana merina leonesa, ¿el oro blanco?
Comarcas La primera Velada Trashumántica de Salamón se convirtió en un canto de esperanza sobre el futuro de la lana merina, gracias al proyecto que impulsa el organizador de la velada, Ovinnova
En contra de lo que podría parecer en un encuentro celebrado en León (en Salamón concretamente) para hablar de la trashumancia y su futuro el clima no fue de pesimismo, no hubo palabras de derrotismo, aunque se reconoció una realidad complicada, y sí se habló de futuro, de esperanza y hasta se le dio un nombre esperanzador a la lana: El oro blanco; así la definió uno de los ponentes, Manuel Rodríguez Pascual; se sumó a la mirada optimista Julio Llamazares y no se apeó de ella quien ya está pisando el terreno, quien ha bajado de las musas al teatro, Alberto Díaz, el creador de la marca Made in slow para comercializar en el mundo de la moda la lana de oveja merina trashumante, la que ayer les reunía allí.

Antes de hablar los tres ponentes tomó la palabra quien les reunía allí, la alemana Ernestine Ludeke, de la Fundación Monte Mediterráneo y el Grupo Operativo Ovinnova, que reiteró su convencimiento de que «hay futuro para la trashumancia, el pastoreo, la lana y todo el mundillo que hay alrededor de los rebaños»; esos con los que ella viene trabajando en proyectos de investigación que ahora mismo se están desarrollando en las majadas de Lois y Salamón, con el pastor Paco Morgado.

La figura de Ernestine Ludeke, la alemana que se quedó en España en la Expo de Sevilla, estuvo presente en las palabras de los tres ponentes para reconocerle su trabajo, su implicación en el proyecto y su entusiasmo. Julio Llamazares fue más allá: «Me anima saber que detrás de la idea está esta alemana a la que yo conocí en la Feria del Libro de Frankfurt hace 30 años —29, le corrigió Ernestine— pues siempre han sido buen aval los alemanes para proyectos desarrollados en León. El alemán Schultz fue quien primero excavó Lancia, un equipo alemán lo hizo en Marialba, también anduvieron por las Médulas y, sobre todo, cómo bien comprueba quien hable con Ernestine, no tienen ese defecto tan leonés de la resignación, ellos prefieren empujar, tirar del carro; por eso creo que estamos ante una buena oportunidad y en el principio de algo muy importante».

El primero en tomar la palabra fue Manuel Rodríguez Pascual, enorme estudioso de la trashumancia, investigador a pie de rebaño y convencido del futuro de la misma. Hizo un recorrido histórico para recordar a los asistentes que «si nuestros antepasados fueron capaces de crear un imperio en base a la lana que duró cuatro siglos no puede ser que ahora, con los medios que hay y las nuevas tecnologías, haya pasado a ser algo residual y olvidado». Recordó Pascual que la lana y los rebaños de merinas fueron la gran riqueza de la montaña, «porque es un ganado muy fuerte, capaz de recorrer 30 kilómetros y soportar altas temperaturas. No solo daban riqueza a los pueblos alquilando los pastos, también dando trabajo a sus vecinos en todos los puestos, de motril a mayoral; incluso a las mujeres para las faenas de la lana. Su asociación llegó a cotizar en bolsa y fue la envidia de Europa, que se querían llevar nuestras merinas a cualquier precio, sin que se lo permitiéramos hasta principios del siglo XIX, el año 1818 fue una fecha trágica, salieron nuestras merinas a Francia, después a toda Europa y finalmente a Australia; por primera vez la lana leonesa cotizó por debajo de la francesa; de tal manera que lo que era nuestra riqueza pasó a ser de otros y León y España entró en un profundo declive».

Pero se mostró convencido de que ahora es el momento, «en el mundo van a cambiar muchas cosas y ahora sí tenemos que ser capaces de revertir esta situación. Es evidente que el algodón, por ejemplo, no puede competir con nuestra lana. Evidentemente hay que cambiar cosas, no puede ser que los pastores estén peor que hace dos siglos. Tenemos que mejorar las majadas, los caminos, las condiciones de los pastores, pero es el momento de que la lana sea nuestro oro blanco».

Y Alberto Díaz puso sobre la mesa esa posibilidad evidente: «Es sorprendente cómo nos abren las puertas en todas partes cuando conocen nuestra lana de oveja merina trashumante. Los estudiantes de las universidades, las casas de moda, los diseñadores»; pero también quiso poner el punto de realismo: «El 99% de nuestra lana merina se exporta, sobre todo a China, la mezclan, la deterioran. Es evidente que hay que revertir esta situación» y explicó cómo en sus productos queda claramente especificado su origen León y llevan un Código QR a través del que se puede seguir toda la historia de esa lana de oveja merina trashumante, la majada en la que estuvo, el pastor, cuando hizo la trashumancia, cómo... todo».

Otra cosa son los precios de un producto ‘ecológico’ cómo el que él hace: «Es difícil hacerlo rentable, pero lo suplimos con mucha pasión y con la esperanza de que la calidad se acabe imponiendo. Estamos en un mal año pero soy superoptimista».

Y convenció a todos.
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