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La verdad sobre la incineradora Cosmos

EL BIERZOIR

La hoya del Bierzo desde Castro ventosa (foto Anxo Cabada) Ampliar imagen La hoya del Bierzo desde Castro ventosa (foto Anxo Cabada)
Valentín Carrera | 21/08/2017 A A
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La verdad sobre la incineradora Cosmos
¡Arriba las ramas! La empresa se presenta en sociedad como un mirlo verde y en todas sus webs apela a la sostenibilidad
Hablemos de Cosmos; no de la genial obra de Humboldt, sino de la incineradora que fabrica cemento, para nuestra desgracia, en el corazón del Bierzo, en el municipio central de la hoya, Toral de los Vados. La lucha viene de lejos: esta semana Bierzo Aire Limpio ha interpuesto recurso contra la modificación de la Autorización Ambiental concedida por la Junta de Castilla y León en 2016, y la incineradora ha replicado en los medios de comunicación insultando al grupo ecologista, del que formo parte. Este artículo, pues, no me granjeará ninguna amistad; pero no hemos venido aquí a complacer a Tarantino… por más que la historia de Cosmos sea tan siniestra como Pulp fiction y tan desigual como la pelea de David contra Goliat. Goliat Votorantim es una multinacional brasileña de propiedad familiar, con presencia en una docena de países: posee más de 400 plantas, incluidas 34 fábricas de cemento como la del Bierzo.

Conviene recordar que Votorantim no es una ONG: en los últimos años ha multiplicado por siete sus beneficios (529 millones/€ en 2013). Su propietario, Ermirio Pereira de Morais, tiene una fortuna de 3.600 millones de euros, puesto 460 en la lista Forbes, de modo que hablamos de un verdadero gigante multimillonario. Un Goliat a quien no le temblará la mano para cerrar de cuajo la empresa de Toral o multiplicarla por dos, según le convenga. Es fácil entender que una empresa tan poderosa abre y cierra puertas en la administración de Valladolid, en los medios de comunicación y donde haga falta. Tal es el modelo de capitalismo brutal y tercermundista de Votorantim. La empresa se presenta en sociedad como un mirlo verde y en todas sus webs apela a la sostenibilidad y a su compromiso con el medio ambiente.

También lo hace Celulosas de Pontevedra y ya está empezando a asomar las pezuñas Forestalia que amenaza con aterrorizar, digo, perdón, aterrizar en Cubillos del Sil, siempre con la misma técnica: untar bolsillos y amoldar conciencias. Compran alcaldes, concejales y periodistas, ¡será por dinero! Ese mismo dinero fácil que multiplican quemando residuos tóxicos, contaminando el aire y sembrando muerte en nuestra comarca, en Oural, en Córdoba, en Huelva... He recibido una amable invitación —lo cortés no quita lo valiente— para visitar Cosmos, que atenderé en cuanto pueda, pues me considero en el deber de escuchar y estar bien informado; pero les advierto que el camino no es insultar al grupo Bierzo Aire Limpio: ni actuamos de mala fe ni pretendemos alarmar a una población que tiene derecho a estar bien informada.

Recurrir ante la Administración un acto presuntamente ilegal (quemar sin autorización cenizas volantes de carbón) es legítimo en un Estado de Derecho y merece todo el respeto ciudadano cuando se hace en defensa del bien común. Ustedes, sin embargo, defienden solo su millonario beneficio particular y El Bierzo les importa una higa. Informar (del latín, veritas, veritatis) no es enmarañar las palabras para que nada se entienda: ¿Qué demonios es “valorizar residuos”? Se lo traduzco: quemar ruedas viejas, incinerar neumáticos, convertir el corazón del Bierzo en una chimenea peligrosa y bastarda. Bastarda, sí, porque este no es el tipo de industria que necesitamos ni queremos.

Convertir el corazón de la hoya berciana, la zona más rica en viñedos, frutales y agricultura, en un punto negro es un desastre ecológico y un disparate como concepto de desarrollo miope, cortoplacista. El Bierzo no necesita a Cosmos; cosa distinta es que a Cosmos le venga muy bien tratarnos como colonia subdesarrollada. Votorantim me ha enviado también unos folletos, que he leído, de una tal Fundación Laboral del Cemento y el Medio Ambiente, ¡hay que tenerlos cuadrados para juntar cemento y medio ambiente! Son tan benéficos que, resumiendo, “en España, en 2011, el sector cementero ahorró 752.642 toneladas de CO2”. No hablan, sin embargo, de las emisiones de mercurio, benceno, benzopireno y otras sustancias tóxicas y cancerígenas… A cambio de su propaganda, les invito a leer “No en nuestro patio trasero. Experiencias comunitarias contra la industria del cemento”, de Tadeo Vargas y Violeta Carrasco (LIDECS, México, 2016), para que tomen conciencia del problema global, del impacto de las cementeras en la salud, y de la respuesta de miles de pueblos y comunidades en todo el mundo, desde la India a América Latina, pasando por El Bierzo.

Lo que se cuestiona, señores de Cosmos y de la Junta de Castilla y León, es todo este modelo colonial y tercermundista: A) La combustión en sí misma, quemando ruedas, grasas, harinas, lodos, plásticos o lo que sea. B) El emplazamiento, en el caso del Bierzo tan desafortunado y perjudicial. C) El beneficio privado desmesurado a corto plazo, dejando a medio y largo plazo una secuela de enfermedades y costes sociales ocultos, que pagaremos todos. La sentencia 1410/2013 del Tribunal Superior de Castilla y León en el Caso la Robla dejó clara la existencia de daños directos a la salud.

Denunciar esto no es alarmismo, sino sensatez; pero si Goliat Votorantim lo tiene tan claro, hágase un debate público sin trampas: pongan encima de la mesa sus beneficios empresariales, traigan los médicos —como don Victoriano en La Robla— sus testimonios, saquen los laboratorios los análisis del aire, computen los economistas los costes ocultos que su planta nos cuesta, propongan los políticos su modelo de desarrollo (si es que tienen alguno); escúchese la voz de los agricultores de toda la comarca, de los hosteleros, los cosecheros de vino o las cooperativas de fruta; valórese, en fin, el impacto visual en el paisaje: ese afilado cono volcánico que, al pie de Castro Ventosa, vomita su nube tóxica sobre el cercano Patrimonio de la Humanidad. La sociedad berciana tiene derecho a decidir su futuro sin publicidad engañosa, con conocimiento de causa. ¡Arriba las ramas!
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