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La última palabra de Quevedo en una obra de arte de la alta bibliofilia

La última palabra de Quevedo en una obra de arte de la alta bibliofilia

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Raúl Ventoso (izquierda) y su colaborador en el noroeste peninsular, Ramón Martínez, con unas láminas del Quijote cubista. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen Raúl Ventoso (izquierda) y su colaborador en el noroeste peninsular, Ramón Martínez, con unas láminas del Quijote cubista. | SAÚL ARÉN
D.L.M. | 12/01/2020 A A
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La última palabra de Quevedo en una obra de arte de la alta bibliofilia
Libros Legado Gráfico agota la edición príncipe del cotizado documento en el que genio de la Literatura, preso en San Marcos
Cuando Francisco de Quevedo escribió su testamento puede que también echara la vista atrás para repasar su genuina vida. Entre esas memorias asomarían los días que pasó preso en el Convento de San Marcos, hoy —al menos sobre el papel— Parador. La huella de Quevedo, uno de los estandartes del Siglo de Oro de la Literatura Española, quedó para siempre en la ciudad, que honra al genio con parque a él dedicado en la orilla opuesta de San Marcos.

El editor Raúl Ventoso, de Legado Gráfico, también ha pasado recientemente por León para presentar su catálogo, que incluía (está agotada) la edición príncipe –la primera vez en la Historia que se publica un documento– del testamento del literato. Según explica Ventoso, «este documento fue robado de los archivos de la notaría de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) y estuvo desaparecido durante 400 años». Por este motivo, el testamento de Quevedo no estaba editado hasta ahora como sí lo estaban los de otros personajes tan ilustres como Napoleón Bonaparte o la reina Isabel la Católica. Torre de San Juan Abad, de donde Quevedo era señor, adquirió el documento en Durán Arte y Subastas en 1996. El testamento llegó a la Fundación Francisco Quevedo y en 2014 José Luis Rivas Cabezuelo, alcalde de Torre de Juan Abad y presidente de la fundación, propuso la publicación a Ventoso para que este documento, de innegable valor histórico, pudiera ver la luz. El proyecto de alta bibliofilia llevó unos nueve meses, siguiendo el habitual esquema de trabajo de Legado Gráfico, que contempla un máximo de "hasta 175 ejemplares certificados por el notario, con grabados originales certificados por el artista, cajas numeradas, papeles 100% algodón, tintas pigmentadas...". Como apunta el editor, "es una especie de vuelta al Renacimiento, a la artesanía".

Guardián de la sabiduría


La trayectoria de Raúl Ventoso en el mundo del libro comenzó en la editorial Franco María Ricci (FMR). Allí fue donde Ventoso comprendió que "el libro es quien ha salvaguardado la sabiduría durante siglos, si no fuera por el libro estaríamos todavía lanzándonos flechas". En 2010, Raúl Ventoso dio el salto para ser editor por cuenta propia y eligió el nombre de Legado Gráfico por la navaja de su abuelo. "Fue pastor toda la vida y cuando falleció en 2005 mi abuela me dio su navaja, que fue el mejor legado que me dejó", reconoce. Con esta idea en mente y con una visión muy clara de lo que quiere para sus proyectos inició su andadura como editor. "No quiero que la gente considere estos libros buenos, bonitos, baratos… Quiero que lo consideren un legado", señala.

Tanto estas obras como los facsímiles, de aquí a quince años, van a ser libros aún más exclusivosVentoso comenzó editando emisiones oficiales extraordinarias, "conmemoran momentos históricos mediante obras de arte originales e históricas". Edita una al año y en el catálogo ya figuran ‘Valores’ (segundo premio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a la obra mejor editada del 2016), ‘Visiones cubistas del Quijote’ (mejor obra editada en 2017), ‘La Alhambra, belleza eterna’ (segundo premio), ‘Vía Crucis’, ‘Toreros del Siglo XXI’ o, la última, ‘Primus Circumdedisti Me’. Para la ilustración cuenta con artistas de la talla de Felipe Alarcón Echenique, cuya obra pictórica ha sido ampliamente reconocida.

Se trata de una forma de trabajar muy personal, "con lo que pienso y siento", señala Ventoso. "No es un trabajo masivo para todo el mundo", defiende y, frente a la omnipresencia de la tecnología, aventura que "tanto estas obras como los facsímiles que están fuera de nuestro alcance, de aquí a quince años van a ser libros más exclusivos, más exquisitos". Desde luego, si siguen el camino de la obra y del testamento de Quevedo, indagación exquisita después de cuatro siglos, el libro seguirá siendo ese garante de sabiduría, ese legado.
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