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La rebeldía de la Peñina, "choferesa" desde 1932

La rebeldía de la Peñina, "choferesa" desde 1932

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Una de las imágenes recogidas por aquel reportaje de Mundo Gráfico del año 1935 en la que la taxista leonesa aparece con  un viajero. Ampliar imagen Una de las imágenes recogidas por aquel reportaje de Mundo Gráfico del año 1935 en la que la taxista leonesa aparece con un viajero.
Fulgencio Fernández | 12/09/2021 A A
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La rebeldía de la Peñina, "choferesa" desde 1932
Sociedad ‘La Peñina’, apodo por el que todo el mundo conocía en León a Piedad Álvarez Rubio, era conocida por haber sido la primera mujer taxista de España y por cómo ella lo reivindicó cuando la quisieron despojar del ‘galardón’. Ahora el investigador José Cabañas aporta nuevos datos de su biografía, relacionados con la represión que sufrió tanto ella como su familia, que dieron con sus huesos en la tristemente famosa cárcel que en 1937 era el hoy Hostal de San Marcos
La Peñina, por suerte, es uno de esos nombres que León sí incorporó a su ‘santoral’ de verdaderas pioneras, mujeres de extraordinarias biografías. Ella llegó a este lugar por haber sido la primera mujer taxista de España y también por cómo lo reivindicó cuando se dudó de este galardón y apareció en prensa un reportaje en el que se le adjudicaba ese título honorífico a la gallega Dolores Trabado, en el año 1961.
Tenía la leonesa Piedad Álvarez Rubio su nombre documentos suficientes para reivindicar que ella era la pionera, al margen de su licencia, aún en vigor en aquel año 1961, un extenso reportaje de dos páginas contando su historia de la revista Mundo Gráfico ¡del año 1935!; es decir, 26 años antes de la que ahora se presentaba como la primera.

Se había dicho y escrito que cuando conoció este reportaje acudió a Proa y al Gobierno Civil a reivindicar su figura, pero aquella memoria viva de todo lo que ocurría en León, tierra de La Peñina’ y en Galicia, tierra de Dolores, que fue Joaquín Nieves —gallego de nacimiento y leonés de largo ejercicio periodístico en la ciudad— puso las cosas en su sitio. "Quien propició el arreglo del entuerto realmente fui yo; es más, no sé si La Peñina llegó a ver realmente la noticia de Dolores. Yo vi el reportaje, fui a buscarla y le hice una entrevista para El Proa de entonces y allí ella contaba que había ejercido mucho antes que la gallega, más de veinte años". También es cierto que Nieves añadía a su explicación una enigmática coletilla: "Lo del taxi fue así, aunque hay más cosas de La Peñina".

Tal vez la respuesta al "hay más cosas" de La Peñina la acabe de dar el historiador e investigador especializado en temas de la represión franquista en la guerra civil, José Cabañas, quien encontró en el Archivo Militar de El Ferrol el expediente tanto de Piedad como de su familia. "Realmente yo no buscaba la historia de La Peñina, fue ella la que me buscó a mí, por decirlo de alguna manera, manejaba su expediente, me sonaba aquel nombre y pude unirlo todo", explica Cabañas.

El expediente «por desafecta» de La Peñina documenta la fecha en la que comenzó a ejercer como taxista pues dice: «Vecina de la calle la Rúa y choferesa desde 1932» Y lo que encontró en el expediente lo resume el investigador en un significativo ‘título’: "De cuando en junio de 1937 Piedad Álvarez Rubio ‘La Peñina’ (primera mujer taxista de León y de España) y su familia fueron encarcelados en San Marcos". Y a través del expediente reconstruye aquellos días y contextualiza los hechos: "Efectivos del Noveno Batallón del Regimiento de Infantería Mérida 35, radicado en Ferrol, ocupaban en junio de 1937 el conocido como Cuartel del Hospicio, alojado en la parte que daba a la calle o carretera de la Independencia. El día 26 de aquel mes, por la tarde, unos muchachos, jugando a la pelota, encontraban en el tejado de la casa sita en el número 19 de dicha calle (una de las adosadas a la cerca medieval), frente a la puerta del Cuartel y habitada por Alejandra Álvarez Rubio, dos cargadores de pistola completos del calibre 7,65, muy deteriorados y con aspecto de llevar allí mucho tiempo, y una granada de mano Laffite. Tiene el alférez Avelino Fernández Millares (de 24 años, soltero, destacado en León con el batallón al que pertenece) en su poder los cargadores, e ignora qué ha sido de la bomba".

Después de este ‘hallazgo’ regresó al día siguiente con una escalera pues pretendía el oficial comprobar si en el tejado se hallaban otras armas. Esta nueva presencia del oficial provocó un tumulto pues la familia Álvarez Rubio ignoraba el hallazgo del día anterior ni se les avisó de la nueva visita. Relata Cabañas que salió la dueña de la casa, Alejandra, "tirándole piedras, insultándolo y mandándole bajar, ante lo cual se personó en la Comisaría para que el agente José María Franganillo Barrios lo acompañara a registrar el domicilio, lo que impidió cuando a él se dirigieron, no permitiéndoles entrar, la inquilina de la vivienda (Francisca Fernández Dueñas, de 27 años, nacida en Benavides de Órbigo, cuñada de Alejandra), que fue en busca de la propietaria. Regresada esta, también se opuso a la entrada de los uniformados, salvo que lo hicieran por la puerta del corral, accediendo luego a abrirles la principal de la casa (“dio a esta una patada y entró”, declara el policía), tras lo que a la busca de más armamento o municiones realizaban aquellos el registro, que resultaba infructuoso".

Al no haber encontrado nada Alejandra se negó a acompañar "al uniformado" a la Comisaría de Policía de León y, relata el atestado: "Con brusquedad le arrebata de las manos el teléfono cuando este se disponía a llamar a sus superiores (“pues la maltrataron antes”, dirá Alejandra), teniendo que hacerlo desde el cuerpo de guardia del Cuartel. Más tarde, con la ayuda de otros dos agentes policiales (Fernando Martínez y Bernardo Díaz Caro) se detuvo y se trasladó a Comisaría a Alejandra Álvarez Rubio (natural de León, de 35 años, soltera, sus labores), que recriminaba a los militares “abusar del elemento civil aprovechándose del Estado de Guerra, pero pronto lo pagarán”, y “no ser de los mejores, aunque lleven muchas medallas en el pecho". Una mujer de armas tomar a la que castigarían tanto por su postura como por sus palabras.

En ese momento entra en escena la familia de Alejandra, entre ellos "nuestra" Piedad Álvarez Rubio, ‘La Peñina’ y en el atestado aparece el dato de cuándo comenzó a ejercer como taxista, ‘choferesa’ escriben. "Cuando se instruían diligencias por lo antes sucedido se presentan en la Comisaría los hermanos de la detenida Lucio Álvarez Rubio (de 37 años, casado, chófer, residente en el mismo domicilio) y Piedad Álvarez Rubio (de la misma edad y estado, vecina de la calle de la Rua y “choferesa desde 1932”), pretendiendo, “en tono violento e irrespetuoso”, una vez que se ultime la denuncia de Alejandra, denunciar a su vez ellos al alférez, a otros oficiales y a varios soldados “por haber saltado ayer una tapia de su casa, causando daños y dejando abierta la puerta que da a un patio”, sin pedir permiso a nadie y sin que el capitán (Juan Pérez Pardo) hiciera caso de sus quejas".

‘Los pájaros contra las escopetas’, los Álvarez Rubio denuncian al capitán. Pero son recriminados por los policías que les llaman al orden por su actitud, que fundamentan –explica Cabañas– "en ser toda la familia Álvarez Rubio (apodados los Peñines) de marcada ideología izquierdista –los culpan de haber pertenecido a Unión Republicana– y mostrar desagrado y antipatía por los militares", agregan a las diligencias iniciadas a Piedad, Lucio, y su esposa Francisca, y a disposición del general gobernador y comandante militar a todos los encierran en San Marcos en la siguiente fecha (a Alejandra desde la prevención de la Comisaría, y a sus hermanos y cuñada después de apresarlos en sus domicilios) y los encausan por el procedimiento sumarísimo 309/37 ‘por auxilio a la rebelión militar’ que instruye el teniente de Infantería Ricardo Aguilar Martínez".

Y añade Cabañas que "en el antiguo convento, prisión y campo de concentración de prisioneros ahora, los interrogan a primeros de julio, y manifiesta Piedad que en la Comisaría los trataron muy descortésmente cuando, conociendo la detención de Alejandra, allí se personaron Lucio y ella. Se toma declaración a otras personas, entre ellas (a la mitad del mes) a José Peláez Zapatero, secretario de la Diputación Provincial, quien cuenta como cuando las elecciones de febrero de 1936 requirió particularmente, y pagándolos, entre otros vehículos "dos coches situados en el punto de la Iglesia de San Marcelo", el de Lucio Álvarez ‘el Peñín’ y otro, para traer de los pueblos a la capital personas de derechas en ellos residentes pero que tenían el voto aquí, negándose ambos a complacerlo y dándole a entender que para la derecha no hacían tal servicio.

Desempolvan entonces todos los antecedentes de la familia, incluso los ya prescritos —daños por imprudencia de Lucio en 1926; maltrato y lesiones producidas por Rita y Lucio en 1932 a su anterior esposa Agustina ; daños con su coche a otro automóvil, o mutuo maltrato entre Alejandra, Lucio, Lázaro Rodríguez Cordero y su esposa Piedad, y lesiones leves de esta; y en agosto de 1936 desobediencia de Lucio a varios guardias municipales— . Añade Cipriano Acero, comisario de Investigación y Vigilancia, de sus antecedentes político-sociales, calificando a la familia de ‘los Peñines’ de izquierdistas y francamente desafectos al Movimiento Nacional, y afirma que en octubre de 1934 sus coches de alquiler, conducidos por ellos o por otros de confianza y de su misma ideología, se usaron por el Comité revolucionario de la provincia para llevar el aviso escrito del día y hora de la revolución y las consignas a los comités de otras poblaciones, a veces solos, y otras en compañía de un elemento marxista (para la zona de La Bañeza lo hizo Piedad Álvarez, percibiendo por ello cien pesetas).

Piedad, ya en el actual y Glorioso Movimiento Nacional, respondió al ‘saludo fascista de ahora’ de otro taxista con el que se cruzó con el brazo en alto y el puño cerradoSe suceden en el atestado numerosas acusaciones similares contra La Peñina u otros miembros de su familia, asegurando que fueron muy activos en aquellos días de la Revolución de Asturias (entre el 3 y el 6 de octubre) que es sabido que tuvo repercusión en algunas zonas de León. Hablan del reparto de fusiles en el Barrio de la Vega y se asegura que "Como agentes de enlace actuaron en aquellas fechas ‘los Peñines’, circulando con sus coches con el pretexto de supuestos viajes y transmitiendo órdenes de los elementos revolucionarios a las masas"; recogiendo Cabañas algunas anécdotas curiosas: "Acusa a Piedad Álvarez y a su marido, ya ‘en el actual y Glorioso Movimiento Nacional’ de responder, a los pocos día de ser liberada La Robla, ‘al saludo fascista de ahora’ de otro taxista con el brazo en alto y el puño cerrado (lo que corrobora el conductor y niegan ellos y todos los pasajeros de ambos autos, sin que aclare nada el careo al que los someten), y a Lucio de haber sido furibundo propagandista de Gordón Ordás..." o, también, "negarse cuando los pasados comicios generales a dar con su coche servicio a derechistas que viajaban para hacer propaganda electoral".

En definitiva, un expediente amplio y muy detallado con graves consecuencias: "A la Prisión Provincial pasaban el 10 de agosto a Francisca Fernández, consorte de Lucio, continuando en San Marcos él y sus hermanas. Dos días más tarde notificaban a Alejandra su procesamiento por los delitos de desobediencia e insultos a Fuerza armada, y se ordena el siguiente el traslado de Francisca del caserón de Puerta Castillo a la Casa de Maternidad (en el Hospicio Provincial), ya que se halla en el octavo mes de embarazo. Ella y los también sobreseídos Lucio y Piedad continuarán no obstante presos a disposición del Delegado de Orden Público, el militar Ángel Fernández por tiempo indefinido". Finalmente Alejandra Álvarez fue condenada a seis meses de arresto mayor acusada de "de izquierdista e impetuosa de carácter", señala José Cabañas tomando los calificativos de la propia sentencia.

Una triste historia que salió al encuentro de José Cabañas y explica aquellas enigmáticas palabras de Joaquín Nieves, a quien tocó ejercer el periodismo en aquellos tiempos tan complicados, cuando añadía la coletilla: "En lo de La Peñina hay más".
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