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La primera verbena

La primera verbena

OPINIóN IR

11/11/2020 A A
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La primera verbena
Cuando todo pase, cuando todo pase... ¡Ay, cuando todo pase…! ¿Cómo va a ser todo cuando todo pase? Los abrazos, los besos, los bares llenos, las tardes con los abuelos, las noches con los amigos, el aforo ilimitado, los viajes más allá de los confines perimetrales, las caras descubiertas, la vuelta al trabajo de quienes lo hayan perdido… Y las fiestas de los pueblos. No puede una imaginarse cómo será esa primera noche de fiesta frente a una orquesta. Bueno, sí. Poder puedo imaginarlo y por eso prefiero no pensarlo porque me entra un ‘noséqué’ por todo el cuerpo que no es muy distinto a aquella ilusión que experimentaba cuando marchaba a mis primeras verbenas en aquel Opel Kadett de Laura o en el Ford Orion de Bea con aquellos pantalones de campana de colores chillones comprados con dudoso gusto en PHO.

Lo visualizo. El tráiler escenario de la orquesta al fondo con su mesa de sonido en el medio de la plaza. A un lado, la barra de chapa con propaganda de cerveza y un ejército de camareros tras ella. Al otro, tómbolas, colchonetas y un puesto de bocatas. Hay que hacer hueco a la discomóvil. No vamos a dejar de bailar en los descansos de la orquesta y menos, cuando esta recoja. Esa primera verbena va a ser más larga que el confinamiento y nos va a cundir menos que una consulta de Atención Primaria en un pueblo sin consultorio. Primero, pasodobles, rancheras y rumbas para el primer pase. Bien agarrados. Sin miedo a los virus de los aerosoles y sin importar el aliento a ginebra de la pareja de baile. Ubicados por detrás de la mesa de sonido. Calimocho, whisky, cerveza, agua… Allá cada uno con lo que quiera maridar la alegría. Sea lo que sea, yo lo beberé en cachi y me acordaré del día en que Francisco Igea recomendó no compartirlo con nadie y esa noche le llamaré Paco. Ojalá no le inviten al primer pueblo con fiestas y si lo hacen, que haya suerte y no tengan pilón. Avanzaremos al segundo pase. Reggaeton viejo, nuevo y rock. Sin quererlo avanzaremos también en el espacio para acabar en primera línea de orquesta con las zapatillas como esponjas de bebida mientras nos desgañitamos cantando la de Dolores de Los Suaves (aunque es probable que las ganas nos hagan cantar con la misma intensidad y en el primer pase el ‘Corazón salvaje’ de Marcela Morelo). Pediremos «otra, otra y otra». Nos reencontraremos con los que, como tú, nunca fallan a una buena fiesta y a esa la tendremos que declarar nacional. Iremos a la cola eterna del baño con prisa por desaguar, pero esa espera no será nada para lo que estamos aprendiendo a esperar... Cuando todo pase, cuando todo pase...
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