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La miliciana a la que Miguel Hernández dedicó un poema y se refugió en León

La miliciana a la que Miguel Hernández dedicó un poema y se refugió en León

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Rosario Sánchez Mora cuando regresó a Madrid, para recuperar a su hija, era habitual en actos o presentaciones de libros referidos a la guerra y posguerra. Ampliar imagen Rosario Sánchez Mora cuando regresó a Madrid, para recuperar a su hija, era habitual en actos o presentaciones de libros referidos a la guerra y posguerra.
Fulgencio Fernández | 05/04/2020 A A
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La miliciana a la que Miguel Hernández dedicó un poema y se refugió en León
LNC Domingo Rosario Sánchez Mora, miliciana y dinamitera, salió de la cárcel el mismo día que murió Miguel Hernández, que le había dedicado un poema. Regresó a Madrid en una época hostil (1942) y buscó refugio en el pueblo berciano de Samprón
Era tu mano derecha capaz de fundir leones» escribió uno de los poetas más queridos y recordados de la poesía española, Miguel Hernández. Se refería el llamado «poeta del pueblo» con estas palabras a Rosario Sánchez Mora, miliciana republicana destinada a la Sección de Dinamiteros del Quinto Regimiento, y conocida popularmente como ‘Rosario la dinamitera’.

Además de la vinculación que unió a Hernández y Rosario por este poema la casualidad también quiso que el 28 de marzo de 1942 fuera un fecha importante en la biografía de ambos, triste en la del poeta y feliz en la de la dinamitera: Ese día falleció el poeta, podrido en vida a causa de las pésimas condiciones de la prisión, y ese mismo día salió de la tristemente famosa cárcel de mujeres de Saturrarán la miliciana Rosario Sánchez Mora.

Rosario ya había perdido su mano derecha, un hecho que relata el historiador Santiago Macías: «En uno de los combates para impedir la entrada en Madrid de los sublevados, el cartucho de dinamita que manejaba la miliciana explosionó, amputándole su mano derecha. Este es el hecho que llevó a su famoso poema el poeta oriolano del que se acaban del cumplir los 78 años de su muerte en prisión esperando un traslado a un hospital, que ya se le había concedido pero demoraron tres semanas y su delicada salud no las aguantó.

El mismo Santiago Macías, gran estudioso de todo lo relacionado con la guerrilla antifranquista y la guerra civil, sobre todo lo relacionado con el Bierzo logró documentar la presencia de ‘Rosario la dinamitera’ en esta comarca leonesa. «Bien se puede decir que lo documenté de primera mano pues tuve el privilegio de coincidir con la propia Rosario en numerosas ocasiones y ella misma me relató cómo fue aquella estancia en el pequeño pueblo de Samprón».
Recuerda Macías que la miliciana fue detenida al finalizar la guerra y Rosario fue condenada a doce años de prisión, aunque lograría ver reducida la condena, por ello logró ser puesta en libertad en la mañana del 28 de marzo de 1942, un día trágico pues justo aquella madrugada fallecía en la cárcel de Alicante Miguel Hernández. «Le concedieron la libertad con la expresa prohibición de permanecer alejada 200 kilómetros de su pueblo natal, Villarejo de Salvanés, en la provincia de Madrid, por lo que Rosario decidió viajar hasta la tierra de una compañera de prisión, en el Bierzo. «Así fue como primero viajó en tren hasta León capital y desde allí en coche de línea hasta Ruitelán, para dirigirse a continuación a pie hasta su destino, la pequeña localidad de Samprón, donde vivía Dolores Núñez Gundín, con la que había hecho amistad durante la estancia de ambas en la prisión de Saturrarán».

Su amiga Dolores, una mujer muy recordada en la localidad y el municipio de Vega de Valcarce, al que pertenece su pueblo, era hija del cantinero de Samprón y había sido condenada a doce años de prisión por suministrar víveres a varios huidos de la zona. Fueron en aquella época muy habituales las condenas a los dueños de tiendas y bares pues buscaban allí los enlaces tanto víveres como noticias para los huidos al monte.

Dolores había obtenido la libertad unas semanas antes que Rosario, y ante la difícil situación de La Dinamitera le ofreció su casa. para que permaneciera en ella «el tiempo que fuera necesario». Le contó a Santiago Macías que allí pasó varios meses, «hasta que pudo regresar de nuevo a Madrid, para recuperar a su hija y vivir el resto de sus días hasta su fallecimiento, el 17 de abril del año 2008». Remata su recuerdo el historiador berciano señalando que fue un «inmenso privilegio poder conocerla».

Investigando sobre la ‘conexión berciana’ de Rosario La Dinamitera pudo conocer el citado Santiago Macías otra historia realmente dura, muy ilustrativa de cómo fueron aquellos tiempos de la posguerra, en este caso referida a otra pequeña localidad del municipio de Vega de Valcarce, como Samprón. «Entre todas esas biografías destacaría la trágica y desconocida historia de otra mujer. Cristina Fernández Pereira una joven natural de Villasinde emigrada a Barcelona, donde trabajaba de portera en un edificio, y que fue condenada a muerte y fusilada dos meses después del final de la guerra, el 13 de mayo de 1939».

Poema La Dinamitera, de Miguel Hernández 


Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.
Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario,
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.
Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!
Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitar su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.
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