Estas mochaban al personal con su estructura altaricona sacando las carcajadas al personal con eso de «burra canosa, marrana y asquerosa». Pasaban ellas y llegaban los siguientes en una comitiva que se hacía corta para los viandantes. Los que se quedaron con ganas de más, llegaron hasta las puertas de la Catedral para ver en ese marco incomparable como torean los toreros de Alcoba de la Ribera y cómo saltan los mozos de Velilla con esas cabriolas para evitar que su máscara choque con la cornamenta de sus toros. Allí se lucieron los antruejos de Velilla de la Reina, los de Riaño, los Jurrus y Castrones de Alija del Infantado, los antruejos de Carrizo de la Ribera, los de Cimanes del Tejar, los de Quintanilla de Yuso, los de Alcoba de la Ribera, Las Burras de Tremor de Arriba, el Carnaval Tradicional de Pozos de Cabrera, los antruejos de La Cuesta y los Zafarrones de Riello.
De complementos traían sus trajes ramas, pellejos y vejigas de animales, tenazas y horcas. Su música fueron las esquilas, los cencerros y las herraduras golpeando contra una madera. La magia de lo sencillo, la que salió del pueblo y, por unas horas, tomó León.
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