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La inteligencia colectiva de la tribu

La inteligencia colectiva de la tribu

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Imagen de varios concursantes famosos del ‘reality’ de Supervientes. Ampliar imagen Imagen de varios concursantes famosos del ‘reality’ de Supervientes.
| 06/05/2019 A A
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La inteligencia colectiva de la tribu
Lo pequeño es hermoso Por Valentín Carrera
Esta semana no hables de política, que está todo el mundo saturado», me susurra al oído, cariñosa, Quienbientequiereteharállorar.

—Pues entonces voy a escribir de sexo, algo procaz y muy obsceno, que ponga de los nervios a las señoritas de pimpiripingo. Hay una profesora de Málaga que anda predicando a las alumnas que tienen que llegar vírgenes al patrimonio, como ella…
—¡Por dios, Carrera, madura de una vez!
—Joler, si no puedo hablar de política ni de sexo ni de religión, se me acabaron los temas. ¿De qué quieren que hable? ¿De los almendros en flor?
Llamo a mi paño de lágrimas de los últimos treinta y pico años (se dice pronto, treinta y cinco años compartiendo caminos, como si fuera fácil).
—Irene, estoy bloqueado; necesito un tema para el artículo semanal.
—¿Por qué no les hablas de la inteligencia colectiva?

Quedamos a las nueve en la Alameda. La primera caña para ponernos al día: el viaje a Jordania y «no te puedes perder Petra», las niñas siguen por Alemania muy contentas. La mayor es oncóloga y gana en Berlín más que su padre, que lleva cuarenta años como cirujano en Lugo; están en el extranjero gracias a la beca-patada-en-el-culo de Rajoy, aquel señor que gobernó España en la Edad Media, antes de la Reconquista.

La segunda caña para analizar los resultados electorales: no la puedo contar porque hemos quedado en no hablar de política.

—Pero tú, ¿cómo te explicas lo de Vox? —interpelo a la catedrática de griego que habla alemán en la intimidad, o al revés.
—Pues muy fácil —contesta Irene—, es el resultado de la inteligencia colectiva.
—¿Te refieres a eso tan complejo que estudian en el famoso MIT, el Centro de Tecnología de Massachusetts?
—Sí y no; digamos que lo de Vox es algo más primario; sería el resultado de la inteligencia colectiva de la tribu. El nivel de la tribu en la que vivimos da lo que da —y en este punto, dejé que Irene me escribiera el resto del artículo:
Hubo ocho millones de votantes que por la noche estuvieron viendo cómo Isabel Pantoja se tiraba al mar desde un helicóptero y por la mañana fueron a votar. Eso lo explica todo. ¿Qué tienen en la cabeza esos ocho millones de votadores capaces de disfrutar su tiempo de ocio contemplando cómo una señora inculta nivel básico gana 80.000€ a la semana por salir en el concurso de televisión Supervivientes.

A ver si nos situamos: 80.000 euros por semana son 8x4, 320.000 euros al mes, bastante más que Felipe Uve Palito, que solo gana 242.769 euros brutos al año.

Un país en el que la Pantoja cobra más que el Rey se merece que gane Vox hasta en el cinturón rojo de Carabanchel. Si Telecinco lo paga es porque la audiencia y la publicidad hacen chirivitas cuando a las supervivientas les ponen burundanga en el colacao. Teta va, teta viene, pero quedamos en que no íbamos a hablar de sexo —Irene es siempre así de contundente.
«Inteligencia colectiva» es la media de todas las inteligencias de los 35 millones de votantes. Usted va sumando: lectores de Nietzsche, diecisiete; catedráticos de Metafísica, cuatro; gente que no lee nunca un libro, 40% del censo; seguidores de la Ponferradina, doce millones; gente que folla a diario, gente que nunca folla; los que adoran a Bertín y los que creen que Rivera es más guapo que Casado, pero no tan atractivo como Abascal… y la inteligencia media de todo esto es la inteligencia colectiva de la tribu. Da lo que da.

En Supervivientes les someten a pruebas estúpidas: pescar un rape a la pata coja o hacer fuego con dos palos y la gente pasma con el reality-show, que es solo show, nada de reality, porque mucha gente prefiere vivir en la ficción ajena antes que en la realidad propia. ¿Te imaginas un Gran Hermano con los 350 diputados del Congreso o un Supervivientes con los veinticinco concejales de Ponferrada en pijama y camisón durante los últimos cuatro años?

Pues si la regla de tres no falla, en tu Ohio-Ponferrada hay 11.363 pantojistas y su voto vale tanto como el tuyo y el mío —redondea Irene la explicación—. ¿O te crees que hay muchos frikis como tú que piensan que lo de Catalunya se resuelve leyendo a Ortega y Gasset? Con razón se dice que los referéndums los carga el diablo: la inteligencia colectiva es capaz de pedir «que suba el pan y baje el aguardiente», como prometía un famoso diputado de Betanzos.

Nos hizo falta una tercera caña ambarina para sobrellevar el disgusto. En la tribu manda el pensamiento primario. Como afirma Punset, «medio planeta se enfrenta todavía con las armas en la mano porque no ha aprendido a tolerar la diversidad lingüística, cultural, étnica y religiosa». Einstein decía algo parecido: el progreso técnico es más rápido que el progreso ético.
Esa media humanidad que se enfrenta todavía con las armas en la mano son parte de la tribu de Vox, Le Pen, Salvini, Bolsonaro, Trump. La tribu del rifle y del revólver. Otras tribus creen que el rey de Marruecos desciende por línea directa de Mahoma o que el emperador de Japón es dios, y se suicidan cuando descubren que su dios está desnudo.

—Tenemos la tribu que tenemos. Ocho millones de pantojistas y tú eres un friki que lee cosas raras. Ahora vas y lo escribes en LNC —concluyó Irene, pagando las cañas con las ganancias de su paso por Supervivientes.
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