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La imprenta: el gran invento

La imprenta: el gran invento

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Toño Morala | 27/11/2017 A A
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La imprenta: el gran invento
Reportajes La imprenta, un invento con gran verdad, imprescindible, de los que nos han cambiado la vida. En estas fechas de ‘fiesta de los inventos’ bueno es homenjearla
Qué inmensidad tan grande la de algunos inventos que revolucionaron y ayudaron a transformar la vida, para que el ser humano tuviera mejor acceso a una sabiduría más amplia y a la vez mas creativa. Inventos que, además, no cambiaron su esencia durante siglos como única solución, con pequeños cambios… resolver en épocas pasadas sin apenas tecnología y sin herramientas sofisticadas, tuvo que ser la de San Quintín; pero de ellos, de esos grandes inventos, hemos bebido como tabla de salvación para generar nuevas formas de comunicación y ampliar la inmensa cultura de los pueblos. Durante siglos, la memoria, la oralidad, los amanuenses y escribanos, que hacían copias escritas a mano, carísimas y solo al alcance de los más poderosos en todas las facetas, fueron los únicos que trasladaron las verdades y muchas mentiras a una historia llena de insalvables lagunas, como también inexactitudes varias. En todas las épocas, hubo seres humanos con una gran inventiva, con un compromiso claro, -aparte de ser reconocido, e incluso hacerse rico- de dejar un legado para la posteridad y de ayuda a los semejantes. También los hubo callados, humildes y honestos, que murieron en la indigencia la mayoría de ellos, y nunca, o pocas veces, han sido reconocidos por sus aportaciones al bien común. Pero la historia y parte de sus mentiras, han dejado el poso de alguna verdad sumida casi en el olvido. Todo el mundo usamos las palabras escritas en montones de formatos, pero la realidad es que, pocas veces se nombran a aquellos que ganaron su tiempo en dejar una gran herencia para el entendimiento y la formación mundana. Desde la ancestral memoria, hasta las palabras escritas, han pasado un montón de siglos… pero tenemos, también, entre otros formatos, la simbología de las imágenes pintadas y marcadas en las piedras del olvido, como referencia antes que la palabra escrita, pero no por ello, menos trascendental para el entendimiento entre seres humanos. En las civilizaciones egipcia, griega y romana, los libros se copiaban a mano, usando tinta, pluma y pincel. En la antigua Roma, algunas ediciones coloreadas alcanzaron tiradas de hasta 5.000 ejemplares. Las tareas de copia corrían a cargo de esclavos ilustrados.

Muchos países se atribuyen para sí la gloria de la invención de la imprenta La imprenta es cualquier medio mecánico de reproducción de textos en serie mediante el empleo de tipos móviles. Es diferente a la xilografía, grabado en madera sobre una sola plancha. Ambos son inventos chinos, aunque estos no llegaron a extraer a la imprenta todo el rendimiento que era capaz de ofrecer. De cualquier modo, y dada la incomunicación existente entre Oriente y Occidente, puede considerarse que su re-invención en el siglo XV es su verdadero punto de partida. Muchos países se atribuyen para sí la gloria de la invención de la imprenta. Los holandeses mantienen que su inventor fue Coster, en la ciudad de Haarlem, mientras los franceses aseguraron durante años que la imprenta era un invento de los orfebres de Estrasburgo. En realidad, hacía tiempo que se conocía en Europa la prensa y las aleaciones de los metales necesarios para la fabricación de los tipos móviles; pero fue necesario el genio creativo de quien supo combinar diferentes ideas para ofrecer un producto nuevo para que el descubrimiento echara a andar. También debe considerarse como precedente inmediato de la imprenta el libro xilografiado, realizado generalmente a partir de dibujos que se podían colorear posteriormente. Las obras xilografiadas llegaron a alcanzar una relativa popularidad a finales de la Edad Media, especialmente para barajas, juegos y algunos libros de fábulas, así como la famosa Biblia pauperum o Biblia de los pobres, realizada a base de dibujos y de gran difusión entre las clases populares. Fuese quien fuese el descubridor, parece estar reconocido en la actualidad de forma prácticamente universal, que fue Gutenberg el primer impresor, al menos, el primer impresor conocido. Pertenecía Gutenberg a la familia de los Gensfleisch -Gutenberg era un apodo-, famosos orfebres de Maguncia. Apenas se sabe nada de su vida, y las noticias que han llegado hasta nosotros no son directas, sino que proceden de los múltiples procesos en los que se vio envuelto, y que a veces nos permiten reconstruir sus pasos o suponer ciertos hechos con bastantes probabilidades de acertar. Monta su taller con ayuda del banquero Johann Fust y en 1450 aproximadamente publica su primera obra, la llamada Biblia de las 42 líneas o de Mazarino, por haberse encontrado el primer ejemplar en la biblioteca de este cardenal.

La Biblia se compone de dos volúmenes y las páginas tienen cuarenta y dos líneas -de ahí su nombre- y dos columnas y están escritas con letra gótica. Se tiran 150 ejemplares en papel y 50 en pergamino; se conservan unos 46 o 47 -los autores no se ponen de acuerdo en este punto-. Es la única obra que se considera completamente suya sin duda, aunque no lleva marca de imprenta, firma ni fecha o lugar de publicación. Poco tiempo después Fust, plantea un proceso contra Gutemberg a causa de las deudas de este, y en pago a sus créditos consigue quedarse con los talleres. Por su parte, Gutenberg vuelve a rehacerse y monta un nuevo taller en el que publica la Biblia de las 36 líneas, obra que tampoco lleva nombre de realizador y sobre la cual no existe unanimidad en considerarla obra suya. De cualquier modo, la Biblia de las 36 líneas es sensiblemente de inferior calidad que la Biblia de las 42 líneas. Según parece, Gutenberg, aún se vio envuelto en nuevos procesos por motivos económicos y terminó sus días en pobreza protegido por el arzobispo de Maguncia.

El impresionante invento que fue la imprenta… ¡cuánto la debemos! La imprenta llegó a España con cierto retraso respecto a otros países de Europa, debido principalmente a la situación periférica de la península ibérica. La primera imprenta se instaló en Segovia en el año 1472 a instancias de Juan Arias Dávila, obispo de Segovia, quien para proporcionar obras impresas a los alumnos del Estudio General de Segovia, hizo trasladarse a la ciudad al impresor Juan Párix (Johannes Párix), procedente de Heidelberg (Alemania),unos diecisiete años después de que Johannes Gutenberg sacara a la luz su primer libro impreso. Siguiendo el camino iniciado por la imprenta de Segovia, se fueron instalando otras en ciudades como Barcelona, Burgos, Salamanca, Valencia, Zamora… llegando a existir hasta veintiséis diferentes a lo largo del siglo XV. Está considerado el primer libro incunable español la obra Sinodal de Aguilafuente, escrito en castellano y salido de la imprenta de Párix en Segovia en 1472; otras piezas salidas de la imprenta inicialmente fueron la bula de Rodrigo de Borja (1473) de la catedral de Segovia, la bula de Guinea (1473) de la catedral de Sevilla o las bulas de doña Isabel de Zuazo (1484) de la iglesia de San Esteban de Cuéllar (Segovia).

El papel fue inventado por los chinos en 105 d. C. es un material bastante resistente y económico. El arte de la fabricación de papel, que llegó a Occidente durante el siglo XII, se extendió por toda Europa durante los siglos XIII y XIV. Hacia mediados del siglo XV, ya existía papel en grandes cantidades. En América, las antiguas culturas mexicanas usaban la corteza de un árbol llamado “Amate” como soporte para sus documentos. Y tenemos que ir terminando, y qué mejor que hacerlo sobre la protagonista de esta historia. La máquina que se utiliza para transferir la tinta desde la plancha de impresión a la página impresa se denomina prensa. Las primeras prensas de imprimir, como las del siglo XVI e incluso anteriores, eran de tornillo, pensadas para transmitir una cierta presión al elemento impresor o molde, que se colocaba hacia arriba sobre una superficie plana. El papel, por lo general humedecido, se presionaba contra los tipos con ayuda de la superficie móvil o platina. Y si cada vez que leemos sobre papel, nos diéramos cuenta del impresionante invento que fue la imprenta… cuánto la debemos.
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