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La historia viral del delantal de la abuela Rosa

La historia viral del delantal de la abuela Rosa

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Fulgencio Fernández | 22/03/2020 A A
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La historia viral del delantal de la abuela Rosa
La historia de la semana El delantal de la abuela, con texto de Ángeles Fuentes, ha sido estos días un descubrimiento, una historia tan universal como el delantal que cada uno veía en su pueblo, en su tierra. La dueña del delantal es ‘la abuela rosa’ y el grafitti estuvo en La Plazuela de su pueblo, Jerez de la Frontera
La irrupción en las redes de la espectacular foto de «el delantal de la abuela» era un gancho inevitable para pinchar en la imagen. Y seguramente una de las provincias que más lo hizo fue la de León, donde el delantal es una seña de identidad de nuestras abuelas, como lo es en Andalucía.

Un bello texto de Ángeles Fuentes (muchas veces aparece como anónimo, el gran mal de las redes sociales) sobre los usos del delantal añadía interés a la imagen y abría la puerta de los comentarios con los recuerdos de mucha gente.

Escribe Fuentes «El primer propósito del delantal de la abuela era proteger la ropa de debajo, pero, además... sirvió como un guante para quitar la sartén del horno. Fue maravilloso secar las lágrimas de los niños y, en ocasiones, limpiar las caras sucias. . . Desde el gallinero, el delantal se usó para transportar los huevos y, a veces, los polluelos. Cuando llegaron los visitantes, el delantal sirvió para proteger a los niños tímidos. Cuando hacía frío tu abuela se abrazó. . . Este viejo delantal era un fuelle, agitado sobre un fuego de leña. Fue él quien llevó las patatas y la madera seca a la cocina....». Y los usuarios se sumaban. Por ejemplo, por elegir dos leoneses que insistían en preguntar dónde está esa imagen gigante del delantal y la abuela. José María Fernández Seco hace su aportación: « Para quitar los mocos por un lado y por el revés te quitaban las foceras» y Dori Candelas explica que «para repasar con un dedo cubierto por el mandil los bordes del plato antes de presentarlo».

La propia Ángeles Fuentes es autora de otro texto más antiguo (de 2010) sobre el mismo asunto: «La abuela siempre tenía alrededor un montón de chiquillos, porque sus bolsillos (los del delantal) siempre los tenía llenos de caramelos que nos daba cuando nos sentábamos alrededor de ella».

¿Existe la abuela?Pues sí. Se llama Rosa Moneo Vargas y era conocida como «la jerezana del delantal». Y La Plazuela de Jerez es la que albergó el mural gigante durante unos días, para el homenaje que le rindieron a la abuela y fue realizado por el artista Juan Carlos Toro, para esta ocasión, el homenaje que le rindió el programa El Hormiguero, de Antena 3, para el que el citado Toro busca historias.

La abuela Rosa nada sabía del «invento» que le habían preparado, las vecinas la habían engañado para que no pasara por La Plazuela y cuando una mañana iba a comprar el pan «allí se vio Rosa» frente al gran mural, que días después fue retirado. Su nieta, la periodista Claudia González, hizo un documental sobre ‘La jerezana del delantal’. Allí es donde la mujer dice la frase que define su vida: «Yo zoy una muhé de pocas palabras pero de mucho conocimiento». Y lo demuestra. Gitana «por los cuatro costados» le encantaban los remedios caseros y la medicina: «Si hubiera zabío leé, vamoh eso pa mí era mi delirio».

El delirio es ahora ella, cuyo delantal todos quieren hacer de su tierra.
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