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La fascinación de la ilustración para contar historias

La fascinación de la ilustración para contar historias

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Mercedes G. Rojo | 07/12/2021 A A
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La fascinación de la ilustración para contar historias
Caminos femeninos del arte Susana Rosique (San Sebastián, 1970) mantiene fuertes vínculos con León, la tierra de su madre, concretamente el pueblo de Quilós, donde pasó muchos veranos
"Contar historias en imágenes es más complicado que saber dibujar...".
Susana Rosique. Ilustradora.

Hoy nos acompaña en esta sección Susana Rosique (San Sebastián, 1970). Aunque nació lejos de tierras leonesas, de ellas desciende por línea materna y a ellas se mantiene muy unida, recordando a menudo esos veranos compartidos con todos sus primos en Quilós, en la casa de su abuela Domitila, lugar de reencuentro donde, recuerda «saboreábamos la libertad, la fertilidad de la naturaleza, la paz, la luz, el cariño, la hospitalidad y la naturalidad de la gente; (…) me sentía como un personaje de Ana María Matute». Quizá bajo esa influencia surgen muchos de los personajes que plasma en sus ilustraciones, a veces para textos de otras autoras, a veces para textos propios.

Licenciada en psicología, ha complementando su formación en diversos campos y trabajado en muchas cosas, desde la empresa privada, su forma de encontrar el sustento en un mundo en el que el trabajo creativo (en España) no está bien remunerado. Sin embargo, en todos estos años y a pesar de no habérselo planteado como un verdadero trabajo, la única constante de su vida ha sido siempre el dibujo, que ha practicado a diario, con una entrega que no ha dedicado al otro.

Sus comienzos en ilustración llegaron con la revista Hacer familia, en cuya sección infantil colaboró durante más de 16 años. Paralelamente comenzaría su trayectoria ilustrando libros infantiles y juveniles para editoriales españolas y extranjeras, de todo tipo de géneros (como los que leyó siempre, de todo, cuentos clásicos, libros de aventuras, tebeos, ciencia ficción, una costumbre que sigue manteniendo, también desde su asistencia a cuentacuentos de amigos y amigas escritores porque –dice-: «me encanta que me cuenten historias»). Susana cuenta a través de sus dibujos, en los que siempre busca «la expresividad, el humor, la ternura, y un mensaje positivo en los personajes y su atmósfera», trabajando –según cuadre- con técnicas artesanales (acuarela, acrílicos, collage, tinta, escultura en porcelana fría) o con técnicas digitales y mixtas, siempre probando nuevos recursos, aprendiendo permanentemente a través de la experimentación; logrando imágenes con las que «transmiste una inmensa paz, incluso cuando están en movimiento».

Para ella el trabajo de la ilustración es un proceso complejo en el que inspiración y trabajo constante forman un tándem indisoluble, el único capaz de sacar adelante un buen trabajo, pues «contar historias en imágenes es más complicado que saber dibujar». La primera suele aparecer «por sorpresa cuando menos te la esperas, y es conveniente tomar nota de lo que te llama la atención a tu alrededor, un perrillo que corretea por el parque, los colores de una nube, una conversación captada por casualidad en la calle, la forma en que se sienta alguien frente a ti en el metro…”; el proceso de creación no está completo sin “un trabajo prolongado de reflexión y documentación previa a la elaboración de las ilustraciones». De ahí que – a medida que ha ido metiendo más en este mundo- se haya interesado cada vez más por aprender y desarrollarse; un proceso, piensa, de donde acaban surgiendo las oportunidades profesionales, como las que ella ha ido teniendo, ilustrando ya numerosos títulos para escritores y editoriales diferentes. Pero también cree en la necesidad de mantener el carácter lúdico del dibujo, y le choca escuchar a esa población menuda que se le acerca para verla dibujar, como «ellos no saben hacerlo», un síntoma de que se les ha privado del beneficio de la diversión del dibujo en aras del logro de un mayor perfeccionamiento. Sus animales, por ejemplo, lo que más le gusta dibujar (también a los niños que observan como lo hace), no son perfectos pero sí llenos de ternura y de belleza; quizá por ello sean los protagonistas de sus primeros libros en solitario: Singular (2021, Narval Ediciones) o Mañana será otro día (2018, Editorial FUN READERS)

Para ella que siempre tuvo en el dibujo su mejor forma de diversión y de expresión, en una familia donde nunca faltó presupuesto para papel y pinturas, el antes y el después lo supuso una exposición sobre ilustradores centroeuropeos que visitó de pequeña con sus padres en el Reina Sofía. A partir de aquel momento tuvo claro que lo suyo era ilustrar libros. Y ya no ha parado.

Actualmente (en 2016 comenzaría obteniendo el I premio International Latino Book Awards, categoría ‘Best Children`s Fiction Picture Book-Spanish”) sus trabajos son reconocidos dentro y fuera de España, con premios y obras seleccionadas en EEUU, México o Emiratos Árabes. Reconoce que «siempre es una alegría que te seleccionen para una exposición internacional o te concedan algún premio», un espaldarazo que –especialmente para quienes han empezado de forma autodidacta- es la confirmación de que se va por el buen camino; pero que no hay que dormirse en los laureles «…hay que seguir avanzando y aprendiendo. Los concursos son una buena forma de imponerte un plazo para terminar ese proyecto personal que tienes abandonado (ante) cosas más urgentes…», un paso que quizá permita acabar encontrando un hueco en el mundo editorial, aunque no se gane, pero no el único.

Actualmente podemos encontrar algunas de sus ilustraciones para el relato La maleta en la Feria y Festival del libro ilustrado de Valencia Baba Kamo, pues han sido seleccionadas para su exposición internacional. Muy pronto la tendremos también en un proyecto muy especial dedicado a una creadora de tierras bercianas cuya sangre corre también por sus venas. Manténgase alerta.
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