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La cosecha de los símbolos

La cosecha de los símbolos

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Antonio Gamoneda, Teresa Gancedo y Manuel Olveira, hace una semana en el Musac. | JUAN LUIS GARCÍA Ampliar imagen Antonio Gamoneda, Teresa Gancedo y Manuel Olveira, hace una semana en el Musac. | JUAN LUIS GARCÍA
Bruno Marcos | 03/11/2018 A A
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La cosecha de los símbolos
Sociedad Por Bruno Marcos
Cuando le conocí lo primero que me dijo al verme fue que ser tan joven debería estar prohibido constitucionalmente. Tendría él entonces unos sesenta años y la generosidad de recibir a un poeta de veinte. Su poesía y su figura han crecido en estas tres décadas hasta ser tan grandes como yo las sentí entonces, deslumbrado por la lectura de ‘Descripción de la mentira’ y el resto de su poesía.

Uno de los libros más impresionantes que he leído en los últimos tiempos es suyo, y no es poesía precisamente sino memorias, las suyas, pero también las nuestras y las de España y su postguerra. ‘Un armario lleno de sombra’ de Antonio Gamoneda contiene pasajes de un lirismo estremecedor, como el de la muerte de su madre en la galería de la casa mientras se pone el sol, o desgarrador, como aquel en el que enviado por ella asiste al desenterramiento de su padre con el encargo de recoger el oro de su dentadura acabando, por miedo al robo de los sepultureros, excavando la tierra con sus propias manos aún adolescentes.

Hace unos meses el artista Antoni Muntadas vino a la Fundación Cerezales Antonino y Cinia y al Musac para ver la exposición ‘Región’, que mostraba el cambio del paisaje causado por la construcción de pantanos, y quiso ver también al poeta como siempre que se acerca a la ciudad. Tuvo Gamoneda la hospitalidad de recibirnos y de estar con nosotros casi cuatro horas en las que ambos nos sembraron, tanto a Alfredo Puente como a mí, hablando del poder fundacional de las palabras y de las imágenes. Muntadas siempre recuerda que Gamoneda le invitó a exponer en León cuando empezaba su carrera. «El joven maestro Muntadas» como le llama Gamoneda, es ahora uno de nuestros artistas internacionales más importantes, premio Velázquez, y Gamoneda otro tanto y premio Cervantes, máximos reconocimientos que otorga nuestro país.

La semana pasada acudió Gamoneda al Musac para hablar sobre la exposición de Teresa Gancedo a quien organizó su primera muestra cuando el poeta tenía a su cargo la programación cultural de la Diputación. Resulta extraño que una institución como el Musac se haya mantenido alejada de este poeta tanto tiempo. Los casos de Teresa Gancedo y el de Muntadas nos deberían hacer reflexionar sobre la importancia de poner a las personas adecuadas en la dirección de los puestos que han de promover y divulgar la cultura, sembrar y cosechar. Basta, para comprobarlo, repasar con mirada retrospectiva el índice de autores y obras de la colección de literatura Provincia que Gamoneda dirigió en unos tiempos en los que, seguramente, había mucha menos inversión presupuestaria destinada a la cultura que ahora.

Aseguró con fina ironía el poeta, en la charla con Teresa Gancedo y Manuel Olveira, que Calderón de la Barca erraba al considerar que «los sueños sueños son» y que la noción que circula sobre la realidad es mentira, afirmando para terminar que todo es símbolo. Entendimos los asistentes en qué manos deben estar tanto la siembra como la cosecha de esos símbolos.
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