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La catedral botánica del Teixadal de Casaio

La catedral botánica del Teixadal de Casaio

EL BIERZO IR

Ubicación de la ruta de senderismo ‘La catedral botánica delTeixadal de Casaio’, en Google Earth. Ampliar imagen Ubicación de la ruta de senderismo ‘La catedral botánica delTeixadal de Casaio’, en Google Earth.
Francisco A. Ferrero | 06/05/2018 A A
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La catedral botánica del Teixadal de Casaio
Rutas de nueve a una Durante todo el recorrido el binomio explotación pizarrera-minas y calicatas mineras en busca del wolframio son una constante
Para los que prefieran rutas más duras y montaraces existen otras dos alternativas para acercarse al Teixadal, aunque eso sí, no existen caminos o senderos, hay que caminar por el monte bajo aprovechando los cordales y domos montañosos, donde la vegetación siempre es más rala. Las alternativas A y B que se señalan en el esquema parten de una ruta común. Subiendo al puerto de Fonte da Cova, una pista ancha a mano derecha y apta para camiones nos dirige a la cantera leonesa de pizarra conocida como Manada Vieja. Desde allí debemos coger el camino de ascenso a Peña Trevinca. Llegando a la Campa de Bercianos podemos elegir la alternativa A, que nos lleva, siguiendo la orientación del cordal montañoso, a cortar el camino de una bocamina abandonada (conocida como da Picota, posteada con perfiles de hierro).

La alternativa B, supone continuar por el camino a Peña Trevinca hasta localizar una pequeña pista, casi perdida, que parte a la derecha del camino que, descendiendo, se acerca a unos afloramientos pizarrosos en la cabecera de las vallinas de Los Valellos. Se trata de una pista abierta para practicar una calicata minera asociada a la explotación de pizarra. Una vez terminada la pista, hay que intuir el resto de camino, monte a través, siguiendo los crestones rocosos y las líneas de cambio de vertiente que siempre son más fáciles de andar. No obstante, el recorrido que se propone aquí es trasladarnos en vehículo todoterreno hasta el cruce de caminos que se presenta en el plano guía, haciendo el resto del trayecto andando (línea roja continua).

Durante todo el recorrido el binomio explotación pizarrera-minas y calicatas mineras en busca del wolframio son una constante. El origen del wolframio tiene que estar ligado a la presencia de granito en el subsuelo, lo demuestra la presencia en el paraje de Fragos de pizarras mosqueadas, una roca de origen metamórfico de contacto, asociada a las aureolas de los plutones graníticos. Abundantes diques de cuarzo lechoso cargados de pirita (pirita de hierro) y arsenopirita (pirita de hierro y arsénico, también conocida como pirita arsenical o mispíquel) atraviesan los crestones pizarrosos. No resulta extraño, por tanto, que la wolframita negra (óxido de wolframio, hierro y manganeso) y la scheelita color acaramelado (wolframato cálcico) estén asociados con estos minerales predominantes, formando parte de las plumas hidrotermales que acompañan al domo granítico que se asienta bajo el subsuelo.

El wolframio es un metal extraordinario, tiene el mayor punto de fusión y ebullición de todos los metales conocidos (3.380 ºC y 5.930 ºC respectivamente), fue y es un metal estratégico, fundamental para entender la sociedad moderna, ya que, sin él, no se podrían producir de una forma económica todas las máquinas que nos rodean, así como los materiales y útiles que se pueden producir con ellas. Es un mineral muy escaso en Europa, excepto en el macizo hespérico, que comprende la mitad occidental de la Península Ibérica (Galicia, El Bierzo, Salamanca, Extremadura, etc.). Por eso fue protagonista, especialmente durante la segunda guerra mundial, debido a su capacidad para soportar las altas temperaturas que alcanzan las armas de fogueo. Según se puede leer, con algunos matices propios, en el cartel indicador al inicio de la ruta de las minas de Valborraz: El wolframio, muy apreciado para la fabricación de armamento, se explotó en Valborraz en las minas de Casaio en tres fases. Fase de los belgas de 1913 a 1928, explotada por la Compañía belga Mines de Wolfran de Balborraz, bajo la dirección del ingeniero D. Edgar D’Hoore Vandecastelle, fallecido en extrañas circunstancias en Orense en uno de los retretes del Gran Hotel Miño. Algunos historiadores (D. Ricardo Gurriarrán) piensan que fue víctima de los servicios secretos alemanes al comienzo de la primera guerra mundial. Fase de los alemanes, de 1937 a 1945, con un repunte de reactivación hasta 1954 coincidiendo con la guerra de Corea.

En esta fase, el coto minero adquirió su nivel extractivo más mecanizado e industrial, donde llegaron a trabajar más de mil personas. En él, se construyeron las infraestructuras que han llegado hasta nuestros días, además, sirvió de campo de concentración, donde, desde 1942, militantes republicanos y guerrilleros antifranquistas en libertad vigilada, redimían sus condenas mediante trabajo; llegó a haber hasta 461 presos, la mayoría andaluces, extremeños, madrileños y asturianos. Durante el año 1945, una explosión intencionada de la Sala de Máquinas, corazón de las instalaciones, dio por terminada la fase extractiva del periodo alemán, coincidiendo con la pérdida de la guerra por parte de Alemania. La tercera fase duró de 1954 a 1963, explotada por varios empresarios locales, destacando el empresario Leoncio Fernández Real, natural de Riodolas, quien constituyó, en 1961, la empresa pizarrera Cupire Padesa.

En 1963 se abandonaron las explotaciones de wolframio y se inició el deterioro de las infraestructuras mineras, como la acontecida en el invierno del año 2010 cuando una escombrera pizarrera se precipitó ladera abajo por la vallina de Valborraz, hasta destruir una parte importante de la infraestructura minera antigua. No obstante todo lo anterior, el protagonista por excelencia de esta excursión es el tejo y el teixadal de Casaio. El teixadal está profusamente estudiado en el excelente libro El tejo y el Teixadal de Casaio, escrito con verdadero entusiasmo por el ingeniero de montes Eduardo Olano Gurriarán. Libro del que se tomarán multitud de referencias durante el desarrollo de este trabajo. El Teixadal de Casaio ocupa una superficie de cerca de 20 hectáreas. Se han contabilizado 422 tejos y, debido a su denso follaje verde oscuro, es incluso apreciable desde las imágenes que muestra el Google-Earth. Está situado en la margen izquierda del arroyo de Penedo, sobre la vertiente más húmeda y umbría, entre la franja de cotas que van de la 1.350 a 1.450 m snm (metros sobre el nivel del mar).

Los montes que se contemplan en la cabecera de los arroyos de ‘Penedo’ y ‘del Castaño’ pertenecen a las estribaciones orientales de la Sierra del Eje, donde se sitúan los picos de Peña Surbia o Peña Trevinca Norte con 2.124 m snm, Peña Negra con sus 2.100 y Peña Trevinca con 2.127 msnm, marcan el techo de Galicia, y el cordal de unión de las cumbres mencionadas constituye la línea imaginaria que separa las provincias de León, Zamora y Orense. En el Alto del Valle del Surbia se sitúa el punto triple común a las tres provincias. Al conjunto se le conoce como macizo de Peña Trevinca, y todas las vertientes dan ríos importantes a las tres provincias. Los ríos Jares y Casaio, hacia la vertiente gallega; los amplios valles de origen glacial, de la cabecera del río Tera, hacia Zamora; el río Bibey, que aún naciendo en la vertiente zamorana se convierte posteriormente en gallego y, finalmente, el río Cabrera hacia la vertiente leonesa.

El río Tera es un afluente del Duero y el resto de los ríos lo son del Sil, por lo que el macizo de Peña Trevinca, además de ser límite provincial de dos Comunidades Autónomas (Galicia y Castilla y León), también lo es de dos cuencas hidrográficas distintas. El macizo de Peña Trevinca es también el punto de unión de las comarcas de Valdeorras, Cabrera y Sanabria. Según el libro mencionado, la mayoría de los tejos (75%) tienen un perímetro menor de 2 metros, encontrándose solo 4 tejos entre 4 y 5 metros de perímetro. Sobre la edad de los mismos indica Ricardo Gurriarán que los tejos más viejos pueden estar en el orden de los 400 años. Podemos encontrar tejos más viejos en otros emplazamientos como el Tejedal de Tosande en Palencia o en la Brañarronda en Rioscuro, pero la importancia de este Tejedal no está en la observación de los árboles aislados, sino en la belleza de su conjunto, único sin duda en la diversidad de sus formas y estrategias de superviviencia.

Para el que esto suscribe, que conoce los Tejedales más importantes de Norte-Noroeste Peninsular: Tejeda de Tosande, Tejos rupícolas las Peña de Ferradillo y los Montes Aquilianos, Tejos de Brañaronda en la cuenca del río Magdalena en Villablino, la Braña de los Tejos en Cantabria, las Tejedas de Sueve en Asturias o el Tejedelo de Requejo de Sanabria, puede afirmar que el Teixadal de Casaio, quizás derivado de un litosuelo descarnado, estar situado sobre una pendiente pronunciada y en un medio de un clima hostil extremo, ha desarrollado métodos de supervivencia que no he visto en ningún otro bosque de similares características. El tejo, y más aún, un conjunto de ellos, parecen tener un lenguaje comunicativo a través de sus raíces. Siempre embruja al observador, especialmente cuando estamos mirando a un ser vivo remoto que quizá nació hace muchas generaciones y seguirá viviendo cuando nosotros hayamos desaparecido. Produce tal respeto y admiración estar ante un ser vivo tan antiguo, que solo merece pleitesía y reverencia. Así lo entiende el autor de libro mencionado cuando dice, acertadamente, que entrar en el Teixedal de Casaio es como acceder a un recinto catedralicio hecho de árboles en lugar de piedras; se observa la misma sombra, idéntico frescor, la misma luz irisada filtrada a través de los ventanales de las hojas.
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