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La biblioteca como morada

La biblioteca como morada

CULTURAS IR

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José Luis Puerto | 28/12/2019 A A
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La biblioteca como morada
Tribuna José Luis Puerto y Bruno Marcos escriben sobre la Biblioteca Pública de León que cumple 175 años, con fotografías de Juan Luis García
A todos, como sociedad, nos conviene que no pase desapercibida esta conmemoración de los 175 anos, nada menos, que la Biblioteca Pública de León está abierta para todos, día a día, con un equipo eficaz y laborioso, dirigido con acierto y discreción por el palentino Alfredo Díez Escolar, su actual director, que lleva desempeñando el cargo hace ya no pocos años.

Siempre he indicado a mis alumnos que el modo más eficaz de ser personas cultas es leyendo. La lectura, al alcance de todos los ciudadanos que lo deseen, es la vía más segura y, al tiempo, más a nuestro alcance, para entrar en contacto con todas las creaciones y realizaciones humanas, con la historia, con el mundo de las invenciones tecnológicas, con las distintas culturas y civilizaciones…, en fin, que gracias a las bibliotecas públicas nadie puede poner excusas de que no puede tener acceso al mundo de la cultura; como sí ocurría, por desgracia, hace no muchos años.

La fecha inaugural de la Biblioteca Pública de León es la de 1844, un año significativo para la literatura de León, pues en él se edita, en Madrid, una de las novelas más emblemáticas escritas por un autor leonés: ‘El señor de Bembibre’, del berciano Enrique Gil y Carrasco. Y también lo sería para el mundo del libro, al ser la fecha de apertura de la Biblioteca Pública Leonesa.

La evolución de la lectura, desde el inicio de la modernidad, con la invención y difusión del libro impreso, ha sido larga y lenta. Ya incluso, en la edad media, en los refectorios monacales –y tal práctica ha durado hasta ayer mismo–, mientras los monjes comían en silencio, desde un púlpito otro realizaba lecturas en voz alta.

Conservamos también memoria escrita y visual (a través de algún grabado) de cómo, por ejemplo, ya en el siglo XIX, se realizaban lecturas públicas, en voz alta, ante un grupo humano, en locales sindicales, en tabernas y en otro tipo de establecimientos; incluso la lectura del periódico se realizaba del modo que acabamos de indicar.

Miguel de Unamuno, por ejemplo, cuenta que lo invitaron a pasar unos días en una dehesa salmantina. Fue acompañado de su amigo, el poeta ciego, Cándido Rodríguez Pinilla. Y fueron días de lluvia copiosa, que les impidió pasear por el campo y hubieron de permanecer todo el día en la amplia cocina de la casa, junto con los mayorales y criados de la dehesa. Unamuno, ni corto ni perezoso, sacó un libro del bolsillo y se puso a leer para todos en voz alta. Eran los cuentos de ‘Vidas sombrías’, de su amigo Pío Baroja. Cuando emprendieron camino de regreso a Salamanca, el mayoral se acercó a pedirle, por favor, que les dejara el libro para seguir leyendo, pues aquellas historias les habían gustado mucho.

Hoy, estamos ya en un momento de llegada. La lectura es individual, voluntaria, silenciosa y la realiza cada uno en su casa o también en una institución cultural del estado como es la biblioteca pública. Con lo cual, hemos alcanzado como sociedad, prácticamente alfabetizada en su totalidad casi, un gran progreso.

Para que tal tarea de difusión y gusto por la lectura haya sido posible, han tenido que existir las bibliotecas públicas, sustentadas y mantenidas por el estado mediante la aportación de toda la ciudadanía. Y es bueno que haya sido y que siga siendo así.

Soy usuario habitual de la Biblioteca Pública de León. Cuando voy a ella, a tomar notas de algún libro, a realizar alguna consulta, a sacar libros también, a hojear alguna revista o periódico…, me siento a gusto, como en casa. Pues siento la biblioteca como morada propia, como morada de toda la ciudadanía que se decide a utilizarla. Y, por lo general, siempre la veo activa, con gente. Me alegra especialmente cuando veo a los padres con los niños que acuden a ella a leer o a sacar libros. Y también –algo que yo realizaba, cuando era docente en activo– cuando los alumnos de los centros educativos realizan visitas escolares a la biblioteca.

Sus servicios son múltiples: lectura y préstamo de libros, hemeroteca, audiovisuales, internet… Realiza, además, exposiciones de distintos tipos; ciclos de charlas; presentaciones de libros… ¿Qué más podemos pedir?

Hoy, la Biblioteca Pública de León, cuando cumple 175 años de existencia, es una biblioteca consolidada, una institución cultural de gran importancia en la vida de la ciudad. Por ello, no podemos más que felicitarnos y que desearle una muy dilatada andadura, tanto en el tiempo como en los servicios que nos presta a todos.

Pero tal andadura depende de nosotros, de toda la ciudadanía, que hemos de utilizarla, de valorarla y de mimarla, porque es un bien cultural público, de todos y para todos, que no es poco en el mundo en el que vivimos.
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