Felicitas cumplió 105 años el pasado 22 de noviembre y la institución esperaba entregarle el árbol plateado como símbolo desde 2013, cuando las velas sobre la tarta pasaron a ser tres. La fecha se ha retrasado, pero Felicitas sigue manteniendo esa sonrisa viva bajo el cabello blanco y cumpliendo años «aportando a la historia que escriben las personas en nuestra existencia», prosigue la carta que recibió el pasado sábado en Sabadell, de la mano de uno de los responsables del departamenteo de Asuntos Sociales y Familia.
Parte de la larga lista de nietos y biznietos y amigos acompañó a la centenaria que no se cree tan mayor como aseguran las tres cifras que va sumando. No es lo que siente en sus recuerdos de su Sejas de Sanabria natal, desde donde salió hace más de setenta años para desembarcar, al lado de su esposo, Francisco González "el cacharrero", que no consiguió apuntarse a la lista de centenario, en San Román, donde hicieron nido y criaron a sus seis hijos, Nazario, Tita, Duli, Yolanda, Toño y Paquito.
Hoy son cinco y celebran el cumpleaños de una madre luchadora que no deja de ganchillar y que compartió tarta cantando. Aunque sus recuerdos ahora se confundan y los oídos fallen, esa es la manera que tiene de manifestar su alegría al cumplir, la misma que contagia a toda su familia.
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