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Jorge Rossy: "Creo más en la imaginación que en la destreza musical"

Jorge Rossy: "Creo más en la imaginación que en la destreza musical"

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Jorge Rossy es un músico multiinstrumentista que a León acude tocando marimba y vibrafón. | ANTONIO PORCAR Ampliar imagen Jorge Rossy es un músico multiinstrumentista que a León acude tocando marimba y vibrafón. | ANTONIO PORCAR
Emilio L. Castellanos | 19/08/2017 A A
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Jorge Rossy: "Creo más en la imaginación que en la destreza musical"
Jazz El multiinstrumentista barcelonés, uno de los músicos españoles de jazz de mayor proyección internacional, actúa este sábado en Cerezales del Condado junto al trío de Hasier Oleaga
Wayne Shorter, Chick Corea, Woody Shaw, Tete Montoliu, Lee Konitz, Charlie Haden, Joe Lovano, Joshua Redman, Larry Grenadier, Brad Mehldau, Ethan Iverson, Danilo Pérez, Paquito d’Rivera, Carla Bley, Chris Cheek, Mark Turner, Kurt Rosenwinkel… Son músicos que pertenecen al Olimpo del jazz y con los que ha tenido oportunidad de colaborar Jorge Rossy, lo que desvela la enorme dimensión que ha adquirido este músico barcelonés de dilatada trayectoria, inquietud crónica e imposible encasillamiento. «Reconozco que soy un músico bastante ecléctico pero al mismo tiempo tengo mis gustos bastante definidos, no tanto estéticamente sino a nivel de personalidad. Me costaría verdaderamente ponerme una etiqueta porque son diferentes los tipos de música que me atraen. Tengo la gran suerte, desde hace bastantes años, de poder escoger, de permitirme el lujo de tocar solamente con músicos que me gusten y me hagan sentir bien. La música es algo muy íntimo. Cuando colaboras con alguien, debe haber una buena sensación a nivel personal», asegura Rossy, sin duda alguna el músico español de jazz de mayor proyección internacional. Su presencia hoy en el Festival de Jazz de Cerezales del Condado (Plaza Principal, a las 22:00 horas, con entrada libre y gratuita), como apéndice del trío del baterista vasco Hasier Oleaga (en el que se integran el saxo tenor Julen Izarra y el guitarrista Jorge Abadía), dota a aquel de un brillo exclusivo y lo inunda de nuevos alicientes. El principal, la posibilidad de disfrutar de un músico de enorme talento al que su biografía delata, encumbra y sublima.

Rossy se arrancó en el uso de la batería, su instrumento de referencia, siendo un chaval. Antes de irse en 1989 a Berklee, donde curiosamente estudió trompeta, disfrutó de la oportunidad de cooperar con algunos de los músicos españoles de jazz más reputados, tal es el caso de Perico Sambeat (fue protagonista de uno de sus discos más elogiados, ‘Ademuz’), Carles Benavent o Chano Domínguez. Luego, en Estados Unidos, su carrera se aceleró, abrazando numerosos proyectos y viviendo en 1995 uno de los puntos de inflexión más decisivos de la misma: su integración como baterista en el trío de Brad Mehldau, ahora mismo uno de los pianistas de jazz de referencia y entonces una promesa que iba camino de la excelencia, en el que permaneció toda una década, con el que conoció escenarios y estudios de grabación y formalizó varios proyectos (entre ellos el imprescindible ‘The Art of the Trio’, compendiado en cinco extraordinarias grabaciones) y que le sirvió para consagrarse. Desde entonces, su andadura musical ha sido permanente, no ha cedido ni un solo momento a la pausa, ha hecho de la variedad su principal rasgo y se ha abalanzado sobre otros instrumentos, como el piano (con los que ha grabado algunos de los discos donde ha ejercido como líder), el vibráfono y la marimba. Precisamente estos dos últimos son los que empleará esta noche en Cerezales y los que sustentan un quinteto, uno de sus proyectos más ambiciosos, que rubricaba el año pasado un primer disco, ‘Stay There’, y en el que contaba con el concurso de músicos tan indispensables como Mark Turner, Doug Weiss, Peter Bernstein y el insigne Al Foster, que tocó con el mismísimo Miles Davis. «Para mí el instrumento no es tan importante. Lo es mucho más la música, que entiendo como algo poético. La cuestión es que, cuando te subas a un escenario, seas capaz de conmover y cautivar al público y de ofrecerle una experiencia placentera e incluso inspiradora. Creo más en la imaginación que en la destreza instrumental».

Rossy no disimula su hiperactividad. Necesita de la acción y así lo ha venido manifestando en las abundantes y dispares aventuras creativas, suyas y de otros, en las que se ha embarcado a lo largo de los tiempos. «Para mí es muy importante escoger un repertorio. Tiene que existir un equilibrio entre novedad, para no hacer siempre lo mismo, y terreno familiar para sentirme cómodo». Lo reconoce: tocar con algunos de los monstruos del jazz impresiona. El lo lleva haciendo desde siempre. «Son músicos muy grandes a los que uno les guarda respeto pero con los que, al ser tan buenos, resulta más sencillo. Es verdad que a nivel psicológico puede ser intimidante pero a nivel musical tiende a ser muy fácil. Es importante tocar con músicos de todos los niveles… Creo que lo importante es ofrecer un buen concierto. Al espectador le dan igual tus inseguridades o tu ego. Si uno está concentrado en su trabajo, en procurar un buen sonido, en que la música tenga la energía y la electricidad que se merece y que los músicos estén apoyados entre sí, se acaba olvidando si tocas en público o con quién lo haces. La música es un trabajo en equipo, muy cooperativo. Para mí es una prioridad tocar con músicos que saben trabajar en equipo y que tienen la madurez y la generosidad suficientes para comprender que nadie va a sonar bien si no se consigue que todos los demás suenen bien y que, por ello, tú vas a sonar mejor», asegura el catalán, quien reconoce que cuando ejerce el liderazgo de sus propias bandas el trabajo es mayor que cuando se es un simple acompañante al tener que ocuparse de cuestiones que trascienden lo meramente musical. Aun así, él quiere, sea quien sea el que le ponga nombre a la banda, músicos que aporten y propongan, «que no se conformen con seguir y apoyar».

«Jazz para mí es simplemente una palabra con la que nadie se pone de acuerdo para darle un significado». A Rossy le da igual la denominación de lo que hace. Lo importante, para él, es mantener una actitud abierta hacia las posibilidades que le ofrece la música. Pop, rock, flamenco, fusión… son algunos de los ingredientes que han salpicado su trayectoria, aunque ciertamente el jazz y la música improvisada siempre han constituido su punto de partida. «Siento que el lenguaje del jazz, sobre todo el más tradicional, se está convirtiendo en mi casa. Estoy cómodo en él. No tengo la necesidad de crear algo nuevo que salga de la nada. Cuanto más hondas sean las raíces, más lejos se puede llegar».
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