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Jesús Díez: "Tenía tres años, silbó la locomotora..."

VERANOIR

Marina Díez, de Sopeña de Curueño. Las imágenes de personajes de la comarca son las únicas que no llevan pies de foto, solamente sus nombres. |JESÚS DÍEZ Ampliar imagen Marina Díez, de Sopeña de Curueño. Las imágenes de personajes de la comarca son las únicas que no llevan pies de foto, solamente sus nombres. |JESÚS DÍEZ
Fulgencio Fernández | 10/08/2018 A A
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Jesús Díez: "Tenía tres años, silbó la locomotora..."
Lecturas para el verano 'Carbonilla en los ojos' es el libro de Jesús Díez que recrea en imágenes —con poéticos pies de foto— las gentes, pueblos y paisajes vinculados al Tren Hullero, que estos días cumple 125 años de su tramo entre Boñar y Cistierna
"Estoy esperando el tren sobre el andén de la estación de La Vecilla, tendría tres o cuatro años. Mis padres, labriegos de Sopeña de Curueño, me tienen cogido de las manos. Veo llegar la locomotora atronando, silbando, resoplando vapor, elevando un tornado de humo negro hacia el cielo. Era un espectáculo increíble. Creo que en mis ojos se forman un conjunto de imágenes o tal vez de emociones nuevas que no supe archivar en su conjunto, y volví la cabeza y la envolví en el vestido de mi madre. Me subieron al vagón en volandas y, cuando abrí los ojos, vi sentados enfrente de nosotros a dos guardias civiles que custodiaban con sus fusiles a un preso. Llevaba las manos atadas con un grueso cordel y a la espalda. Todo el viaje fui mirando el rostro del preso y él me sonreía. Casi al final del viaje yo le sonreí también y le entregué, antes de bajarnos en la estación de León, un caramelo de los que le habían tocado a mi padre en la rifa del hombre de la baraja que frecuentaba el tren...".

Este relato de su primer viaje en tren lo hace el escritor leonés Jesús Díez, de Sopeña de Curueño como cuenta en su relato. En este relato está la semilla de muchas de las historias que ha contado Jesús Díez en poemas o en los relatos de libros como El niño del tren Hullero o La nieve sin derretir... y en las fotografías de su última publicación, de reciente aparición, Carbonilla en los ojos, un álbum de recuerdos en imágenes recorriendo los paisajes, pueblos y gentes que recorre ese Tren Hullero tan olvidado como literario.

- ¿Carbonilla en los ojos?

- Es el recuerdo de algo que todos recordamos en los viajes en aquel tren, que abrías la ventana para mirar y te entraba en ellos la carbonilla que iba despidiendo del carbón que alimentaba su caminar y es, a su vez, una metáfora de esa carbonilla que ha ido impregnando mis ojos desde niño.

Es un libro de fotografías, incluso sin prólogo explicativo, tan sólo unas breves lineas en la solapa para contar que es "un viaje narrado con imágenes a través del paisaje afectivo que atravesó un tren mítico, el Hullero. En él sigo subido, desde niño saqué un billete de ida y vuelta". Y Jesús Díez explica que "subirse al vagón y mirar el paisaje, las estaciones, las gentes que esperan o los relojes varados, colgados de la pared, es escuchar y aprender, pero mirar también dentro del coches es necesario para no olvidar que nunca viajas solo, te acompañan otros viajeros distintos y otras ausencias". Entre las ausencias o los olvidos o las ruinas o las penas no podían faltar muchas imágenes de la industria más ligada a este tren, la minería.

Es un libro de fotografías pero no solo. No hay textos pero sí pies de fotos que unas veces son un pequeño poema y otras un relato muy corto, en el que Jesús Díez coge el billete de vuelta a sus inicios en la poesía: "La ventanilla del tren es para el que sabe mirar"; "Viajan en mí las zarzas de la tormenta, los cráteres de asfalto y hojalata. Ese mandil de versos indómitos que dormita entre los surcos y trazan los ferrocarriles"; "Mi niñez entre vigas ahumadas y un sabor de ajenjo en las paredes. Sin puertas ni ventanas, que venzan la luz de mis juguetes y los trenes"; "Otra vez en mis manos hay líquenes, en ellas se refugia la yerba y el olvido. Las ruecas de la carbonilla abren de nuevo los ojos de mis llagas"; "Llegabas como un minero al finalizar la jornada y salir a la superficie. Traía los ojos encendidos de carbonilla, y silencio también"...

Llega este libro, que este jueves presentaba en el Museo Ferroviario de Cistierna, en el momento idóneo pues en estos días se cumplen 125 años de la entrada en funcionamiento del tramo más vinculado al relato de Jesús Díez, ya que el día 20 de julio de 1893 el llamado popularmente tren Hullero de La Robla inauguraba un tramo de 24 kilómetros por la provincia de León, los que unían Boñar con Cistierna.

La historia de Feve nos recuerda que "las estaciones que se abrieron desde el tramo nuevo proveniente de Boñar en 1893 fueron La Ercina, el apeadero de Yugueros y la de Cistierna. Esta última en los primeros años de explotación llegó a ser la segunda más rentable de toda la línea, por el transporte del carbón de la zona a las industrias siderúrgicas de Bilbao".

Hablar del olvido que hoy vive produce sensaciones casi crueles.
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