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Imparables contra la leucemia

EL BIERZOIR

Sandra es el ejemplo de ese empuje imparable y de una sonrisa única. Ampliar imagen Sandra es el ejemplo de ese empuje imparable y de una sonrisa única.
Valentín Carrera | 11/06/2018 A A
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Imparables contra la leucemia
Arriba las Ramas
Hace un año —el 6 de junio de 2017—, recibimos toda la familia y amigos esa noticia que no esperas, que nunca habías ni siquiera sospechado que te podía tocar cerca, esa mala noticia que has oído tantas veces como algo lejano y en voz baja: “Parece ser…, dicen que…”. El diagnóstico de los médicos de urgencias rebotó en cada recoveco del cerebro y tomó carta de naturaleza: “Su hija tiene leucemia”.

Recuerdo la angustia de aquellas horas, el desconcierto y la única pregunta: “¿Se va a salvar?”. Luego vendrían todas las demás preguntas sin respuesta: ¿Por qué a Sandra?, ¿por qué a nosotros?, ¿por qué?

“Es muy grave, pero de esta sale” —añadió el médico, no sé si convencido o por empatía, sabiendo que en ese momento te agarras a la esperanza con todas tus fuerzas, como se agarraba a mis piernas y brazos, y trepaba hasta encaramarse en lo más alto, mi pequeña Koala, Sandrita niña.

Al día siguiente, en estado de shock, llamé a la Fundación Josep Carreras. Al otro lado del teléfono, un médico, pero quizás un humanista, el doctor Narciso Carreras, acompañó el desahogo de la emoción contenida. La conversación fue larga, entrañable y asertiva, y concluyó con tres consejos que he seguido al pie de la letra: “Confíe en los médicos, no se intoxique buscando cosas por Internet, y haga vida normal, siga con su vida habitual, no permita que la enfermedad invada su vida”.

El cáncer es por naturaleza invasivo. Si le dejas, no solo ocupa tu cuerpo, sino todo tu espacio vital, familiar, laboral, social. La primera terapia es mantenerlo a raya: “Para ayudar a su hija, necesita estar sano y emocionalmente fuerte”.

Lo estamos consiguiendo gracias al carácter y entereza de Sandra, que ha plantado cara a la leucemia con coraje y reparte sugus con una sonrisa. No exagero si les digo que en la planta de hematología del hospital, además de cuidarla mucho y bien, la quieren. Sandra se hace querer, gana los corazones: “Soy una guerrera luchadora y ganadora —me dice por wasap—. Nada ni nadie puede conmigo. Y quien tenga huevos, que se atreva, jejeje”, y el icono de un puño victorioso, cargado de energía positiva, rasga la pantalla del móvil.

En estos doce meses hemos tenido plena confianza en el equipo médico, que simbolizo en la doctora Natalia Alonso, teniendo muy presente a todas y cada una de las personas que han cuidado de Sandra: oncólogos, analistas, enfermeras, supervisores, auxiliares, personal de limpieza o de cocina. María José, Ana, la otra Ana, Nicolás…, o Evelyn, que le trae chupachups por su cumpleaños leucémico. Necesitaríamos toda la página para darles las gracias, uno por uno, una por una. Su profesionalidad y su calidad humana —cómo tratan y quieren a mi hija—, me conmueve y emociona. Gracias forever.

En cuanto a Internet, seguí el consejo y no he perdido un minuto en webs, salvo la información solvente de la Fundación Josep Carreras. El ensayo El emperador de todos los males me ayudó a tomar conciencia del grave problema contemporáneo —que levante la mano quien no tenga alguien cercano afectado—, al que debemos plantar cara cambiando hábitos de vida y alimentación, prohibiendo carcinógenos, ya sea en la comida, en la industria o en el aire que respiramos. E investigando, multiplicando por dos, por diez, los recursos económicos para la investigación de la leucemia y de todas las enfermedades. Maldito sea cualquier gobierno que gaste más en tanques y en misiles que en hospitales y laboratorios.

“No deje que la enfermedad invada su vida”. Para el tercer consejo ha sido determinante la actitud de Sandra y sus ganas de vivir desde el primer minuto; y el apoyo constante de su madre, Inma, y de su inseparable hermana Alicia. También el cariño de tantas personas, conocidas o no, para siempre en nuestro corazón. Tras un trasplante de médula con éxito, todo indica que las cosas van bien y la futura psicóloga —“Quiero especializarme en niños autistas”— ha retomado los estudios universitarios y hace planes para viajar este verano. La dura experiencia ya forma parte de nuestras vidas: pruebas que nos ayudan a crecer y madurar emocionalmente.

Ahora que vamos doblando el pulso a la pesadilla, quiero compartir la esperanza con los afectados por la leucemia, sumándome al trabajo de la Fundación Josep Carreras, que el próximo sábado, 16 de junio, celebra su “Día de los Imparables”. Miles de personas saldremos a la calle en toda España a repartir información y abrazos, a transmitir a la sociedad el coraje de todos los que plantan cara a la enfermedad y se convierten en “Imparables”.
El reto es ponerle fecha a la curación de la leucemia: necesitamos conciencia social, recursos económicos, investigación. El último Gobierno maltrató a la Ciencia y a los investigadores: ojalá el nuevo Ministerio de Ciencia multiplique la inversión y el esfuerzo. Una sociedad que desprecia a sus científicos, se suicida.

Sí, vamos a curar la leucemia. Somos imparables, como demuestra el ejemplo de Sandra, y de miles de chicas y chicos como ella que sonríen a la vida, y la vida les sonríe de nuevo. Ayúdanos a decidir cuándo se curará la leucemia. Nuestra respuesta es: ¡Mañana! ¡Arriba las ramas!

[La Fundación Josep Carreras celebra el 16 de junio el Día de los Imparables. Colabora enviando MAÑANA al 28027. Más información en www.ponlefecha.org].
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