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Editorial

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Silueta de la escultura La Negrilla

La Negrilla

Carta

A pie de calle

Imágenes al tuntún

BLOGGINGIR

13/09/2017 A A
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Imágenes al tuntún
Como tengo tantos temas sobre los que podría hilvanar o tejer este texto, pasquín, hoja volandera o volátil, voy a hacer un experimento y escribir, hablar, farfullar o balbucir sobre las primeras imágenes que me lleguen a la cabeza, a esa inasible pantalla interna que no cesa de emitir en onda corta, día y noche, reclamando nuestra atención. Me ahorro el esfuerzo de tener que discriminar y elegir un tema relevante, siéndolo casi todos y, por lo mismo, ninguno verdaderamente importante. Así que voy a ello.

Imágenes al tuntún, expresión que al parecer viene de ‘ad vultum tuum’, o sea, a bulto, a voleo, donde el ‘tuum’ puede resultar sutilmente obsceno. La primera imagen que me llega del fondo de la retina es la de Inés Arrimadas, a la que, después de verla en el circo del hemiciclo catalán dirigiéndose a la turbia Forcadell, juntando las manos, suplicante y mística, no puedo dejar de llamar en adelante sor Inés Arrimadas, envuelta en una aureola de inocencia que hasta puede quedar muy arrebatadora en un cuadro de la purísima concepción. Con qué elegancia junta las manos y las empuja una y otra vez hacia delante, queriendo ser incisiva, pero vista de lado resulta implorante, ella abajo, la otra monja, sor Forcadell, arriba, con el rostro ya indeleblemente agrio y avinagrado, negándole lo que suplica, no sabemos qué.

No puedo menos que trasladarme del icono al sema, del diseño a la semántica, y es aquí donde sor Inés se me diluye como azucarillo, pues últimamente es un manantial de agua clara, tan cristalina como insípida. Con el tsunami fangoso que hoy inunda Cataluña, su actitud, y la de su jefecillo Rivera, resulta tan extemporánea, ucrónica y deslocalizada, que sólo puedo interpretarla como un arrebato místico. Sigue exigiendo el diálogo, el buen rollito, el que esto no es más que una farsa y etcétera, predicadores de la tercera vía de la derecha, cada día más parecidos a la tercera vía de la izquierda, Rajoy en medio.

Pero pasemos, al menos, a otra imagen, esta casi de refilón, porque me llegó mientras tomaba un café mañanero. Es eso que llaman ‘ofrenda floral’ a Rafael Casanova, ese español que decía luchar por España defendiendo Barcelona de las tropas borbónicas, y que no murió en ningún asalto, sino 30 años después en su cama, pero al que han convertido en protomártir independentista los impulsores de la Cosa Nostra catalana. Bueno, pues lo que de las imágenes de los floristas y filibusteros y arcedianos de la ofrenda me llega, sobre todo, es la cutrez, la zafiedad estética de esos paneles que depositan los oficiantes con suma reverencia en las aceras del monumento. Todos con las siglas de su botica de ultramarinos y matasuegras, a cual más meapilas, laicos, pero todos bendecidos con agua de Montserrat, mientras suena, con sones asardañados, ese himno de los Segadores plagiado de una salmodia judía. Arcádico, pero de arcadas.

¿Más imágenes? El flequillo imposible de Puigdemont, voz de lija y espardeña, mirada de trapo turbio, el brillo ausente del cristalino, que en esas cuencas desconfiadas pierde su nombre. ¿Y de Rajoy haciendo ‘running’? Torpe voluntarismo asmático que lucha contra el apoltronamiento de su cuerpo y esquía con palos imaginarios, brazos de raqueta, rígidos, puños sin dedos, movidos por hilos invisibles como muñeco de guiñol.

¿Otras? La turbadora imagen de ese padre en estado de shock, que ha perdido a su hijo atropellado por el terrorista de las Ramblas, y va y lo llevan a Ripoll y se pone a abrazar y consolar a un imán que vaya usted a saber lo que predica, con su jubah y su takiyab a la cabeza, que llora muy compungido, y seguramente con sinceridad, pero que no, que no es ese el gesto natural y humano de un padre consciente de lo que le ha ocurrido, y no se le puede pedir en ese preciso momento que se preste a un acto de propaganda nauseabundo, tan manipulado, tan obscenamente exhibido, mientras no hemos visto, no ya una lágrima, ni siquiera el rostro de ningún otro familiar de ninguna de las otras quince víctimas. En cambio, sí, nos han incitado a que sintamos el horrendo dolor de las madres y hermanas de los asesinos, a los que generosamente se les dará una ayuda suplementaria para superar el trauma provocado por sus hijos, pobres hijos descarriados, también.

Oh, con esta imagen se me han agitado los circuitos neuronales y debo cuidarme, no despertar la ira de los nuevos curas y apóstoles y predicadores de la paz islamocatalana, o mejor, la ‘pau’, que en español hasta la paz está prohibida. Así que al tuntún acabo.
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