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Idus de febrero 1: En el peor de los mundos posibles

Idus de febrero 1: En el peor de los mundos posibles

OPINIóN IR

16/01/2022 A A
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Idus de febrero 1: En el peor de los mundos posibles
Se nos ponen por delante unas semanas de crónica política: vayamos al tajo sin demora con una serie de circunstancias cuyo título fecha el evento, para despejar dudas. Comenzamos por el Partido Socialista porque –a menudo se olvida– ganó las últimas elecciones. Ganó de mentiras, sin gobernar, que es como ser el guapo y no conquistar a la chica. Aunque la chica fuera un señor calvo y con barriguita especialista en digestivo.

El pobre candidato (palabra que, recordemos, comparte raíz con cándido) se quedó con la misma pose de circunstancias desde entonces: quizás rumie que haga lo que haga dará igual. A menudo se le nota esa melancolía a cara de Pirro, una especie de resignación política con la que no se va a ninguna parte. Hasta las mociones de censura le brotan fuera de temporada, abandonadas, mustias. Apenas recuerda nadie que érase una vez gobernaron ellos, en la prehistoria de la autonomía, cuando se dimitía por nada y luego había sido, en efecto, por nada. Desde entonces no se dimite nunca, por si acaso.

Esta región tiene un perfil sociológico, o lo que sea que tenga según los politólogos, muy poco socialdemócrata, más bien es tristondemócrata o entregado, que es una manera muy mesetaria de levantarse por las mañanas. Cierto es que hay ayuntamientos grandes del partido socialista (el leonés e incluso el de la capital regional de facto –sin perdón–, Valladolid) y hasta diputaciones hay, pero no dejan de ser menudísimos contrapesos llamados, sobre todo, a rezongar.

Luis Tudanca parece pretendiente aseado, ajeno aún al comportamiento de las baronías ruidosas, que acaban por dar en el chascarrillo tontuno de García-Page o el chulesco de Lambán. Su chapa y pintura, rozadas por los batacazos, merecían más suerte, pero nacer en Burgos exige. Al menos le ha tocado la lotería de Navidad; compensaciones del karma.

Si la unidad de medida en el arranque de esta campaña han sido las macrogranjas, el PSOE se encuentra, como suele, en tierra de nadie, atrapado entre su programa político y su vocación de captar el voto populoso, popular o como se quiera llamar; entre las verdades del barquero y su miedo a decirlas. Podrían haber optado por explicar las cosas, que es lo que hace falta en este país, un partido de gobierno que se explique más allá del tuit. Hasta podrían haberse desmarcado del barullo sin entrar al trapo. Pero no, han vuelto a tirar de chuletón al punto. Tampoco era tan difícil decir que hay quien sigue convirtiendo la España vacía en España vaciada: los cerditos amontonados, por ejemplo. Y la mierda arrojada al campo sin más.

Para saber quién votará a los socialistas hay que rebuscar entre la gente que preferiría alguna novedad, no ver las mismas caras todos los años, no tener que aguantar las mismas trolas, las mismas excusas, la misma arrogancia. Quizás, al menos, otras distintas.
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